Voltear la moneda dentro de un circo

Es un domingo cualquiera, son alrededor de las siete de la noche, y la imagen del circo “Los Canillitas” se cierne como un difuso recuerdo de infancia, en cualquier distrito arequipeño. En un camerino, una polilla blanca choca repentinamente contra el foco una y otra vez, mientras Edwin Salas “Canilla” recorre cuidadosamente el lápiz delineador por los surcos de sus ojos.

La Revista

El volumen de la televisión es considerable, aun así se escucha al público impaciente por el inicio de la  función. Marco Antonio, alias “Musuca”, es el primero en salir a escena. Se escucha a Michael presentarlo  desde dentro de la carpa – sus ojos oscuros reflejados en su pequeño espejo no parecen mostrar  nerviosismo alguno por la cercanía de salir a escena.  El fuego se enciende en su boca, una llamarada  enorme sale disparada de él. Musuca ha iniciado su número.

El frío fastidioso del invierno desaparece por un momento y el fuego, aunque pasajero, anida  momentáneamente en el público. Canilla aguarda su presentación intentando arreglar un reflector averiado. Entonces, recuerda vagamente el día que se presentó para trabajar en un circo. “Shirley”, era el  primer circo donde trabajó. Tenía apenas diecinueve años, nunca imaginó que ese trabajo se convertiría en su gran pasión. Las risas del público le recuerdan que debe salir a escena junto a su esposa Yeny y Gueison,  su hijo mayor, conocido como “Tobillo”….

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