¿Tarea de todos?

Neurona Dignidad Andrea Quevedo Vibert

El terrible incendio en Las Malvinas encendió nuevamente las alarmas de las instituciones involucradas en administración pública.  Aparecieron funcionarios de la Municipalidad de Lima y del Ministerio de Trabajo a poner el parche y sustentar que las inspecciones respectivas se habían realizado pero que fueron los propietarios, inquilinos y comerciantes los que desobedecieron las normas e incluso las clausuras.

Más allá de que todo esto sea verdad o no es el momento de mencionar ciertas acciones de las que nadie habla.

Cuando emprendes un negocio evidentemente tienes que cumplir con los requisitos para obtener la licencia de funcionamiento,  las condiciones laborales adecuadas para empleador y trabajadores y las formalidades para el pago de impuestos. En este periplo de instalación tienes contacto con funcionarios de Defensa Civil, de la Municipalidad, del Ministerio de Trabajo y de Sunat. Cada uno de ellos “haciendo su trabajo”, que en líneas generales empieza con explicar a la velocidad de la luz una lista de requerimientos que ellos conocen al dedillo pero que para ti, que recién empiezas como microempresario suenan a chino.

Luego de pasar la inspección de Defensa Civil y con la ingenuidad del novato, no te llegas a enterar hasta mucho después, que ese inspector igual que otros, está ahí para “hacer su trabajo” con una característica que no falla: las ganas de martirizar. Desde el ingreso al local va haciéndose presente la farsa de final amargo. La actitud prepotente, la pose militar, la poca amabilidad, la nula disposición para ayudar, el mensaje entre líneas que dice “hoy es tu día de mala suerte”, el lenguaje lleno de términos que sólo él conoce y la postura de superioridad. En pocas palabras el inspector entra con una consigna pintada en la frente: “Aquí, yo vengo a joder”.

Hay empresarios de todos los tipos. Sabemos que la criollada está presente en nuestra cultura. Sin embargo, existen también miles de empresarios que cumplen con todas las normas y por errores humanos u omisiones involuntarias, pecan y transgreden lo escrito.

En este punto es donde la presencia de los fiscalizadores, inspectores, veedores y demás etcéteras debería hacer un cambio en pro del cumplimiento de los reglamentos. Esas visitas podrían aportar la orientación que le falta al empresario por no tener experiencia. Las instituciones encargadas de otorgar licencias y permisos podrían incluir en sus requisitos la asistencia obligatoria a talleres de todos los tipos. Un ejemplo pequeño: dentro de los requisitos para sacar una licencia de funcionamiento se presenta un PLAN DE CONTINGENCIAS que es un documento donde el solicitante indica cuáles son las áreas y salidas de seguridad de su local y cómo actuarán cada una de las personas que laboran en su empresa en caso de incendio o sismo. Es un documento que fácilmente se puede presentar con un copy/paste. Nadie corrobora si lo que está escrito ha sido aprendido por los mencionados.

De igual forma para las mil y un situaciones que se presentan en el día a día de un negocio. Los inspectores vienen a señalar los errores y deficiencias en plan castigador pero de ninguna manera en actitud de promover la prevención y la conciencia de los ciudadanos para que no se reproduzcan situaciones que hoy más que nunca, sabemos pueden ser fatales.

Los fiscalizadores e inspectores son el contacto directo con locales comerciales que pueden convertirse en una bomba de tiempo y en la tumba de seres humanos inocentes, tal como lo hemos comprobado con el incendio en Las Malvinas. ¿A qué hora se pondrán la mano al pecho y reconocerán que estando ahí se dan perfecta cuenta de cuáles son las equivocaciones y que dejar una notificación o levantar un acta sin mayor explicación no promueve la disciplina?

Además, es urgente que las instituciones municipales y toda aquella que tenga que ver con administración pública apueste e invierta en orientación y prevención y dejen de comportarse como cucos. Hagan las cosas de forma inteligente, eficiente, efectiva, eficaz y no se escuden después en un papelucho que nunca resolvió nada porque se hizo por cumplir y no “haciendo el trabajo” realmente.

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