Germán Rondón: Mirada en movimiento

Sobre el volcán Juan Carlos Valdivia Cano

Ver la paja en el ojo ajeno es típico. No verla en el propio es más típico aún. Pero ¿cómo podríamos ver la paja en el ojo ajeno si no proyectáramos la nuestra, nuestra  propia paja,  nuestra propia sombra,  nuestro propio lado obscuro que no queremos reconocer? No la podríamos ver en el otro si no la tuviéramos ya bien instalada  en nosotros mismos.  Algunos  personajes de Germán Rondón Valdivia se presentan ante nosotros mediante una imagen que oculta su sombra, su lado obscuro inseparable. La saludable salida que propone con una parte de su obra, que usted lector advertirá, es su  reconocimiento, la integración de ese lado tenebroso a la labor productiva o  creativa.  El reconocimiento de uno mismo  se hace posible por el conocimiento y la mirada de los demás.  Es por comparación con, y con la ayuda de, los demás que  uno se conoce a sí mismo, se transforma y supera a sí mismo.

esculturasOBJETOS ÚTILES

La nostalgia de la infancia, en este caso la del artista, se expresa por una irrupción de lo fantástico, que es lo que ha estado haciendo GEROVA probablemente desde siempre, trabajando en los  sótanos del pasado, como él dice. Desde el pintarrajeo de las paredes y el techo de su antiguo cuarto  de juventud, con  personajes de su, en ese entonces, tenebrosa, pero siempre  juguetona y sorprendente imaginación. Gracias a esos carismas  el artista recupera esa parte de su infancia vinculada a sus abuelos. Con los insumos de esa recuperación recrea la plancha de carbón, la máquina de cocer de la abuela, la carreta, etc, que es recuperada, recreada con el plus de belleza de sus sueños. Y si bien es cierto   que “solo es nuestro lo que hemos perdido”, que “todo paraíso es un paraíso perdido” como decía Borges,  no es menos cierto que el arte, como toda magia, mayor o menor, puede recuperar trozos importantes y decisivos de ese pasado.

¿CABEZAS?

No. Es el otro. Son los otros que te dicen de muchas formas y colores quién eres, en este caso con gesto meditabundo. Cabezas que piensan en occidental o meditan en oriental, pero todas invitan a la introspección, al valeroso reconocimiento de lo que somos con todos nuestros defectos, limitaciones, huecos negros, etc. ¿Cuánta verdad  soporta un ser humano? ¿cuánta se atreve a soportar? Ese es el criterio que, según el filósofo Nietzsche, debe aplicarse para evaluar, para estimar, para valorar a un ser humano.

Uno de los rasgos remarcables  en  la obra de German Rondón Valdivia es la apertura de su visión artística, que no nos confina al mero aspecto plástico de su arte, sino que  es indesligable e indiscernible de una posición muy consciente frente al mundo y la vida, una metafísica que se expresa físicamente como ha ocurrido con el arte moderno, desde  la cataclísmica  obra de Marcel Duchamp.  “La sensación, el tacto y el contacto con el barro elemental y fundamental, el estado anímico que  provoca el mágico vínculo  con la arcilla, señala GEROVA, ofrece la generosa opción de tocar el paraíso y producir un mundo”.

 MIRADA EN MOVIMIENTO

“Ver de lejos es una cosa; pero ir allí, es otra, decía Brancusi”  escultor matinal y solitario como Gérman Rondón Valdivia   que, en esta performance de cerámica y arcilla, ha  logrado no solo ver de lejos sino “ir allí”, como pedía su colega italiano. Ir allí  con sus personajes y su mundo. Y contagiarnos su pasión y su entusiasmo creador. Detrás queda  el largo camino de aprendizaje, creación y recreación, recorrido por GEROVA,  viendo “de lejos” y “de cerca” con la amplitud, precisión, parsimonia y discreta elegancia de siempre.

¿Será  que hay que agregar a la sensualidad intrínseca del agarrar la tierra, el lodo,  la arcilla  con las propias  manos, la sensualidad de lo prohibido?  ¿Sera el caso de GEROVA? Se diría un escultor  que hace filosofía  con los cuerpos, con los objetos, con los colores, y especialmente con la tierra  arcillosa cuya expresión son esas esculturas en cerámica que recrean la vida  olvidada, su vida y la nuestra, con ese toque simultáneo de irrealidad y de lejanía, esa infancia olvidada presta a despertar  y a expresarse arcilla mediante.

En esta performance (que no simplemente exposición escultórica)  el artista ha alcanzado algo que ya no es solo larga y paciente  búsqueda, sino  encuentro,  fluido y continuo encuentro consigo mismo, sin solución de aprendizaje, por así decirlo. Encuentro con un lenguaje, su lenguaje, a  través de la tierra arcillosa, la pintura, la cerámica, el metal  y cualquier instrumento de su sintaxis de esteta. Un estilo que empezó en los libertarios setenta…cuando erase un canillita cuyo medio cuerpo se salía de la pintura en tres dimensiones, lo que hacía ver,  desde ya, la manifestación de un  enérgico  movimiento… inmóvil.

La paradoja es que la cerámica o la escultura, aparentemente quietas, fijas, aquí parecen expresar en algunos  personajes,  como primera pretensión, el movimiento, es decir la contradicción,  la unidad y la lucha de opuestos, en una palabra,  el motor y la esencia de la vida, porque, aunque suene algo exagerado, todo se mueve y se sigue moviendo sin excepción y no para de moverse. Y desde hace mucho los artistas han tratado de expresarlo, no de imitarlo, no de reflejarlo o representarlo sino expresarlo desde lo más profundo de su naturaleza. Por eso predomina en ellos el sentimiento y la emoción. La razón tiene un papel secundario.  “Cada arte, señala Hegel,  responde a un aspecto radical de lo más íntimo e irreductible que encierra en sí el hombre. Y este aspecto   no será, por consiguiente, sino el tema ideal de cada una…”

Una expresión que se diría conceptual si no se tratara de alguien poco dado a los conceptos, que se ha dedicado al arte mucho más que a ellos, lo que no excluye una   metafísica muy suya  a través de la arcilla,  el horno adecuado, una emoción y una visión, “La arcilla se dejó descubrir por el fuego”, recuerda GEROVA. El horno que significativamente buscó durante años. Como artista de sangre, es un pensador profundo de su propio arte, cosa poco frecuente en el medio, aún si  no se ha dedicado a su  sistematización teórica, como le solicitamos  sus fans.

“Cuando trato de  recuperar  un recuerdo siento que viene con mascara y disfraz …nunca es el recuerdo mismo…. El genuino recuerdo   se escapa, se fuga. Igual me pasa  con el pensamiento. Hay miles de posibilidades  discursivas … pero la palabra  es servil y cortesana…”.  Tal vez por eso prefiere la nobleza de la arcilla y la potencia del horno para expresarse. Las palabras son abstracciones, la cerámica de GEROVA son  concreciones, idea realizada, ideal concreto. Es también en buena parte trabajo de albañil, de pesos, de porcentajes, de grosores y espesores, de cálculos, de experimentación constante. Un artista, un experimentador.

Y con ayuda de la arcilla y del  horno ha encontrado la  manera más específica y concreta de decir sencillamente lo  que  durante una larga etapa solo  insinuaba. Hay movimiento, pero también quietud, los personajes están y por momentos parecen no estar del todo, como en un cuento de Cortázar, los rostros son y no son porque parecen difuminarse, como la fragilidad fantasmática de la vida. Los personajes son tan reales como irreales, dice Germán Rondón. Y lo dice simplemente con la simplicidad del que ha logrado soportar los embates de la adultez y  mantener vivo algo del niño juguetón y creador que todos fuimos y que dejamos de ser para convertirnos en monstruosos adultos. Simplicidad que no excluye la complejidad en sí misma, como agrega Brancusi, razón por la cual, según él, “uno tiene que ser alimentado por su esencia con el fin de comprender su valor”

Gerova suele hablarle al barro: “concédeme el milagro…dame un pedazo de tu paraíso…deja que mis manos sueñen…” ¿En quién o en qué cree  Germán Rondón, si es que cree en algo? ¿como concibe el mundo? Dejemos que el mismo responda: “Solo tengo el arte para tratar de expresarme y  siento que  cada momento es como una mariposa que desaparece al topar con una vela encendida…”, la lucidez, si llega,  dura muy  poco.

Lo que Germán Rondón expresa en esta muestra, sin embargo,  no tiene que ver solamente con materia,   arcilla o polvo,  formas y  armonías  artísticas o cánones estéticos de hoy o de ayer;   no tiene que ver sólo con la escultura y con el espacio que ocupa. Tiene que ver también con el tiempo. Porque el arte no es un mero pasa-tiempo sino el tiempo mismo, reordenado, reconstituido,  la mejor arma  contra el caos, contra el laberíntico sin sentido de la vida y contra la muerte, porque el arte  es vida en el mejor  sentido, vida recreada que hace posible la única belleza posible. Y quien dice vida dice movimiento, contradicción y unidad: el yin y el yang.

Caracteriza a GEROVA, como se ve, las preocupaciones metafísicas y su olfato para detectar (desde la provincia andina y sin muchas referencias)  y dar forma material o física a algunas  hondas inquietudes  de este  tiempo. El lado obscuro del ser humano y la necesidad de su reconocimiento es una de ellas. Creo que eso tiene que ver con su afán de  búsqueda  y su gran apertura espiritual.  Escultor sin fronteras, cosmopolita y provinciano, universal sin salir de su bucólico y bello taller.

Debo aprovechar esta oportunidad  para agradecer a Germán Rondón Valdivia las múltiples enseñanzas de las que me he beneficiado personalmente durante décadas a través de su experiencia artística y su experiencia de vida, en conversaciones y convivencia y agradecer también su  capacidad y paciencia  para transmitirlas. Han influido tanto en mí, que he terminado por concebir el derecho, mi oficio, como un arte y la vida como un trabajo de escultura sobre nosotros mismos. Gracias GEROVA por agregar tanto valor  contante y sonante  a esta vida que tanto valor necesita.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE