ENTREVISTA. “Yo no creo que todo tiempo pasado fue mejor, la vida es cambio”

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Con la autoridad de sus conocimientos y del tiempo vivido siempre en su natal Arequipa, en esta entrevista el historiador Eusebio Quiroz Paz Soldán hace un repaso de la ciudad que se fue hace un siglo, en el cuarto centenario (año en que él nació), y de la que debería ser cuando celebre el quinto.

ENTREVISTA: Mabel Cáceres

¿Cómo era Arequipa en la celebración del cuarto centenario?

Era una ciudad, todavía, con un contexto urbano estrecho, limitado y, además, con grandes expectativas, tanto populares como gubernamentales. O sea, había interés de ver qué hacía para exaltar los 400 años de fundación de Arequipa, en una ciudad que tenía, sin duda, una fisonomía campesina. En los años 45 o 47, Teodoro Núñez Ureta pintó, en el hotel que se llama Libertador ahora, un mural sobre la ciudad donde puede verse ese paisaje de manera muy realista.

¿Cómo cree que ha cambiado Arequipa ahora que estamos más cerca del quinto centenario?

En aquella época, las costumbres eran muy provincianas, las señoritas no salían sin su mamá, muy protectores. Los niños usábamos pantalón corto hasta los 7 u 8 años, y se usaba borceguíes en lugar de los zapatos modernos, o de las sandalias que no se usaban en esa época. Era un ambiente provinciano donde todos se conocían, la Plaza de Armas era un lugar de encuentro, allí quedaba el café Roma. Porque cada época tiene su lugar: en el 50 era Le París, el 60 y 70 el Mónaco, o sea, un sitio donde podía encontrarse a los intelectuales, a los poetas, tomando café y quizá una bebida espirituosa, como el “sol y sombra”, que era un cóctel mezcla de pisco con granadilla.

¿Y socialmente, cómo era?

Era estamental, sin duda. Había una clase alta, no de gente rica, sino de gente que tenía apellido. No olvides que el año 30 hubo en Arequipa una revolución contra (Augusto) Leguía cuyo manifiesto fue redactado por Bustamante y Rivero, y otros, que eran lo que llamaríamos la élite intelectual de aquel momento. No eran personas muy ricas, o gente viciosa, o que se metía donde no debía, había una especie de modestia social, que se puede captar totalmente en el libro de Víctor Andrés Belaunde, “Arequipa en mi infancia”.

¿Los intelectuales surgen de esa clase? Mariano Melgar, por ejemplo, no era de la clase alta

Yo creo que sí, en mayoría. Había también otra gente que escribía poemas en los periódicos, había grandes periodistas que eran poetas como Eleazar Bustamante, que era del diario Noticias, periodistas de fuste, como José Medina, en la época de la guerra llevaba el control de los hechos sin tener radio, sin tener nada. Había un ambiente cultural más disperso. Fíjate que aquí teníamos más contacto con Buenos Aires que con Lima.

Los medios de comunicación, ¿cómo eran en aquel tiempo?

Jugaban un papel muy importante. El Pueblo, Noticias, El Deber, El Sur. Había un afán de difusión cultural e intelectual extraordinario. Francisco Mostajo, por ejemplo, escribía regularmente en El Pueblo. Parte de la obra de Mostajo que se ha recuperado es de su obra periodística. Él hacía polémica histórica a través del periódico. El diario Noticias también, que era dirigido por un señor que era senador.

Sin ánimos de ser despectivos, eso ¿se ha transfigurado?

No se ha transfigurado, ha habido cambio. Y la vida cultural y social es cambio. Siempre les recuerdo a mis alumnos, que somos apenas testigos o recuperadores del movimiento social, de la vida social. Lo que hay son cambios, sin duda, importantísimos. La Arequipa que yo conocí y que yo recorrí, a pie, ya no es más la de hoy. La calle San Francisco, una especie de sendero donde habían montón de abogados, le llamaban la calle de las águilas. El ingenio popular era veloz, feroz, terrible. Los apodos en Arequipa circulaban por las calles; tanto que antes, en las procesiones, una vereda era de los varones y otra de las mujeres, no sé como sería ahora con lo del tema de género.

Para algunos, todo tiempo pasado fue mejor. Y para otros hay más bien una evolución…

Yo no creo que haya un tiempo pasado mejor, todos son cambios. La vida social lo que hace es modificar las conductas. Un pequeño ejemplo: la gastronomía arequipeña es famosa, el piqueo que sirven en las picanterías, el Escribano, aún se mantiene. No se trata de volver al pasado, hay que preparar un rocoto relleno a su modo. Ahora se han modificado y hay platos clásicos y de origen andino que van cambiando, pero mantienen una esencia. Lo que sí percibo es que se va perdiendo el respeto por la identidad cultural.

En ese sentido, ¿qué opina del debate por si deben o no desfilar las danzas puneñas en el Corso?

Yo creo que todo debate sobre cuestiones que no son fundamentales, es un poco innecesario, por una razón muy sencilla: no podemos negar que el departamento de Puno tiene un folclor riquísimo. Nosotros tenemos un folclore de origen andino, también. Entonces no hay que oponerse ni decir con ese sentido un poco despectivo, en Arequipa ya no quedan arequipeños, hay más puneños. No es cierto, los hijos de los migrantes ya son arequipeños, y hay que aceptarlo tal como es porque es un hecho social y objetivamente innegable que se ha dado siempre. La vida social ha cambiado tanto en Arequipa, por ese y otros factores. Las fiestas tradicionales, el carnaval, todo eso ya no pueden ser iguales. Las fiestas religiosas, que había antiguamente eran fiestas de recogimiento, las familias almorzaban juntas, y comían y cenaban juntos.

¿Cuál ha sido históricamente la relación entre Arequipa y Puno?

Yo creo que la relación entre Arequipa y Puno, es una relación muy cercana, a través del circuito comercial. Arequipa ha vivido más vinculada con Puno, con Bolivia, un poco con Cusco, más que con Lima. Es fundamental darnos cuenta que, en el siglo 19, llegar de Lima a Arequipa era un viaje muy complicado. Cuando llega Flora Tristán, en 1835, ella relata que el viaje de Islay a Arequipa fue espantoso, a través de un desierto donde habían osamentas de animales. O sea, yo creo que la relación profunda, muy profunda, muy comercial, muy activa, fue con Puno. Durante la confederación Perú boliviana Arequipa no fue la capital, fue Cusco, y había un circuito comercial que iba hasta Potosí. En el siglo XIX se llevaba aguardiente, vino hasta Potosí en Bolivia. Y antes, hemos tenido una activa conexión con el norte de Argentina. Las mulas salteñas llegaban hasta Arequipa, los amigos chuquibambinos llegaban hasta Bolivia, o sea acá ha habido un vínculo comercial muy activo.

¿Y cómo ha influido social y culturalmente ese vínculo?

De la misma manera. Por ejemplo, la vestimenta, en Arequipa yo he podido ver damas bien vestidas con 7 polleras de terciopelo y mantón de manila, con un sombrero bombín tipo inglés. A ellas las clases media y alta arequipeña, les decía las cholas. Porque la palabra cholo es sinónimo de mestizo, una palabra valiosa. No olvidar que a partir de 1870 los puneños recibieron la influencia del ferrocarril. Osea, es un mundo cambiante, había una movilidad social y departamental muy grande. Muñoz Najar, por ejemplo, tenía un negocio en la calle Piérola, hizo tal capital inicial con el anisado o resacado, que hizo construir una casona para un banco, que está hoy en la esquina del parque Duhamel. Eso vinculaba al valle de Tambo, que también enviaba alcohol, al altiplano. Entonces ha habido un activismo comercial, y un activo intercambio cultural. Puno tiene sus costumbres, su folclore, Arequipa tiene lo suyo, que es más bien mestizo. Así, Augusto Vera Bejar hizo un valioso estudio para doctorarse sobre el vals arequipeño, siendo él de Puno.

¿Qué ha pasado con la clase intelectual, que ya no hay liderazgos?

Ese es un tema de carácter social, político y educativo. Las universidades locales no tuvieron la osadía de formar gente del mismo nivel. Los padres de arequipeños los mandaban a Europa, tomaban el vapor en Mollendo. Hubo muchos médicos que se formaron afuera y no volvieron. Ahora la gente prefiere irse a Lima, porque las empresas han creado el mito de que si es graduado en la universidad “a”, entonces está calificada para ser gerente de “b”. No es así. Arequipa tiene una tradición jurídica de gran nivel, pero no hubo quién mantenga, fomente, apoye, promueva su continuación. Esa dejadez continua hoy, con excepciones. El movimiento intelectual actual es diferente. Por ejemplo, grandes alcaldes han sido designados, no elegidos por voto popular. El alcalde del 40, Julio Ernesto Portugal, cuyo consultorio funcionaba en Palacio Viejo, donde se fundó el Frente Democrático Nacional, fue un gran alcalde. Esa gente tuvo la audacia de llevar adelante muchos proyectos. No hemos tenido un Churchill, que diga sangre sudor y lágrimas, pero hemos tenido grandes alcaldes, que se han esforzado. Villalobos, por ejemplo. Pero han sido visiones cortas no había la perspectiva para hacer grandes avenidas, pistas de cuatro carriles. No había eso porque era un desarrollo urbano muy limitado por su centro histórico.

¿Cómo debería llegar Arequipa al quinto centenario?

Esa es una pregunta delicada, porque todos quisiéramos tener un tráfico vehicular más eficaz, mas seguridad, menos problemas en el entorno, más orden en el cono norte, en el cono sur. Me han dicho que en el cono norte hay zonas que no se puede caminar, no sé, pero como todo ha crecido tanto, no lo sé, porque no soy especialista. No sé si las autoridades tendrán una visión de qué esperan en el futuro para esa zona, pero es lo que deberían estar pensando.

Y culturalmente, como personas, como sociedad, ¿a qué deberíamos aspirar?

Primero a afirmar nuestra identidad. O sea, seguir teniendo cariño, respeto por el yaraví. Y tratar de reafirmar los valores de la familia. Valores no solo católicos, sino valores humanos, de gran importancia, como la solidaridad, la fraternidad, la unión familiar, el respeto. Lo fundamental es que aspiremos a una Arequipa con más orden, donde podamos caminar por el centro y tomarnos un café en paz, sin sentir mucho ruido, tener un sistema de transporte que trabaje como un anillo por fuera de la ciudad. Pero no hay una agenda de desarrollo en Arequipa, no existe, no hay un centro cultural que eleve el debate. Hay una dispersión muy grande, además corroída, pero a nosotros nos afecta porque somos un pueblo cultural. En nuestras casas se sigue comiendo con modestia: chaque, chairo, chochoca, chuño, o sea la vida es diferente, pero lo que yo veo con esperanza y expectativa es que se mejoren sectores como salud y educación. En Lima acaban de vender 17 millones de soles en la Feria del Libro, pero eso no es nada. No tenemos un gran auge cultural como debiera ser, nos ha dominado lo que Vargas Llosa llamó, con gran erudición, la cultura del espectáculo.

 

 

 

 

 

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