¿Quién tira la primera piedra?

Columnista invitado Alfredo Quintanilla

La difusión de los audios que confirman la putefraccción del sistema de justicia, ha generado una ola de indignación de las minorías conscientes y activamente interesadas en la evolución de la vida política. Que los menos informados bramen por castigo y limpieza inmediata bajo la consigna ¡que se vayan todos!, es comprensible, pero no se justifica en personajes que dicen tener un mínimo de racionalidad política.

 

Si la consigna crece en las calles puede generar un río revuelto en el que los hoy poderosos,  puedan perder porciones importantes de poder. La izquierda radical, ingenuamente cree que el río revuelto le conviene, cuando lo más probable es que lo aprovechen pequeñas mafias. Pero un río revuelto sólo lo puede generar un millón de gentes en las calles movilizadas durante semanas.

Esta indignación ha generado una resquebrajadura poco clara en la  derecha, entre los decentes y los “mejores amigos” de los grupos que pululan sacando provecho en las entidades públicas favoreciendo empresas y negocios privados. Lástima que los izquierdistas no vean que la contradicción principal en estos tiempos no es derecha versus izquierda sino políticos decentes versus políticos corruptos.

Así, las izquierdas fallan en señalar con precisión a los adversarios, entre otras cosas por la velocidad de los acontecimientos, presentados por directores, editores y jefes de redacción, según sus propios intereses políticos. Y esto es así, porque vivimos en tiempos de videocracia.

La videocracia es el gobierno de los medios y, particularmente, de la televisión. En otras palabras, más peso que una bancada congresal la tienen los que permiten que ahora se difundan los audios. Más peso sobre la conciencia de millones, quiero decir, más peso para informar y desinformar, crear corrientes de opinión y motivar a la acción o a la pasividad.

Los intelectuales izquierdistas tienen que convencer a los políticos decentes que no es un buen negocio hacer la finta de la limpieza para que después todo vuelva a ser como antes, porque si ahora no se erradica a las mafias de la política, nuestro futuro será el presente mexicano, donde las diferencias se resuelven a balazos y no por los mecanismos previstos por la ley. En buena cuenta, vendría la desaparición de la política y volvería la violencia.

Los izquierdistas, además, deben ir contra la corriente de una cultura popular nacional forjada por las relaciones del padrinazgo, que impiden el desarrollo de una ciudadanía moderna y democrática.

¿Y qué es el padrinazgo? Es eso que vivamente muestran los audios grabados a jueces y consejeros: el intercambio de favores entre padrinos y ahijados que se pasan por encima de la ley y los reglamentos que exigen premiar al mérito. Ahijados que reciben primero un favor y luego quedan obligados a devolverlo por siempre. Padrinos que apenas acceden a un puesto de poder empiezan a forjar sus propias redes o pirámides del padrinazgo en sucesivos escalones o  círculos concéntricos: parientes, amigos de la infancia o del colegio, camaradas ideológicos, amigos de la universidad, vecinos y paisanos.

Pareciera que los corruptos ahora se defienden de los fiscalizadores aprovechándose de una frase de Jesús: Que tire la primera piedra quien teniendo el poder de decidir la contratación de un servicio o la compra de un bien no haya cedido a la tentación de preferir a los amigos antes que al cumplimiento estricto de los reglamentos y al principio de la meritocracia. Y con ese recurso histriónico quieren capear el temporal.

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