La crisis venezolana también es culpa nuestra (parte I)

Desde el Sur Global Anthony Medina Rivas Plata

Ciudad de Lima. Las autoridades migratorias peruanas vigilan la llegada masiva de extranjeros, quienes huyen de la grave crisis política y económica de su país con el objetivo de hallar un mejor futuro en una tierra de ensueño llamada Perú; cuya calidad de vida, democracia consolidada y economía sostenible y en expansión atraen a cada vez más ciudadanos de todo el mundo, ansiosos de construir su nueva vida, su ‘sueño peruano’. Si bien se reporta una cada vez mayor afluencia de migrantes que intentan ingresar al país, estos son detenidos por las autoridades migratorias, debido a los requisitos cada vez más altos que se exigen.

El escenario del que estamos hablando fue parte de un comercial elaborado por un portal de turismo en el año 2011. En este video, llamado ‘The Peruvian Dream’, y elaborado por la web www.livinginperu.com, los migrantes no son venezolanos sino estadounidenses y europeos, llegan al país por mar (a través de las costas de Chorrillos), y llegan bordean los dos millones. Finalmente, el comercial concluye con la frase: ‘Ven a Perú cuando todavía es fácil’. Está disponible para ver aquí. La ironía que se nos presenta es bastante evidente.

La ‘redención’ del segundo gobierno de Alan García

A diferencia de otros procesos de transición en América Latina, la caída del Fujimorismo no conllevó a un cambio en las bases del modelo económico del país, manteniéndose la Constitución de 1993 como candado fundamental del mismo. Asimismo, la transición no generó un nuevo movimiento alternativo que hegemonice el sistema político post-fujimorista. Por el contrario, fueron los partidos políticos tradicionales (el APRA, el PPC y Acción Popular) quienes acompañaron una transición liderada por un político que en algún momento prometió en campaña ‘construir el segundo piso’ (ver aquí) de la ‘casa’ cuyos cimientos habían sido diseñados por Fujimori. El modelo económico de libre mercado continuó a pesar de la transición en el sistema político, mientras que, en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, el sistema económico cambió a la par del sistema político. Las primeras tensiones internacionales entre el Perú y los países de este bloque, llamado del ‘socialismo del siglo XXI’ empezaron a darse como producto de la crisis del modelo de integración regional sudamericana (Comunidad Andina vs. TLC-ALCA), así como de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos. Durante los primeros años de la década pasada el Perú eligió mantenerse como un aliado político y comercial de los Estados Unidos con el objetivo de ‘profundizar’ su modelo económico a través de Tratados de Libre Comercio bilaterales; a contracorriente de buena parte del continente Sudamericano que, bajo distintas banderas, viraba a la izquierda.

Los avances diplomáticos de la Venezuela de Hugo Chávez en el escenario internacional siempre fueron vistos con recelo por la clase política peruana, la cual rechazaba de antemano todo posible acercamiento diplomático con sus vecinos ‘bolivarianos’; generando fuertes tensiones durante la campaña electoral del 2006. Luego de un debate maniqueo entre ‘el antisistema’ (supuestamente representado por Ollanta Humala, y ‘la continuidad del progreso’ (en este caso, representado por Alan luego de vencer en la primera vuelta a Lourdes Flores); el modelo económico peruano y el venezolano se enfrentaron simbólicamente por primera vez en la segunda vuelta del 2006.

Ya con Alan García presidente por segunda vez (luego de que todo el Perú se prometió en 1990 no volver a votar por él ni por el APRA); desde el gobierno se buscó por todos los medios ‘redimirse’ de los pecados cometidos por su líder entre 1985 y 1990. El segundo García, menos flaco y menos antiimperialista (como alguna vez le dijera Evo Morales), abandonó la plataforma intervencionista-moderada que lo llevó al gobierno para alabar de lleno el proceso de apertura económica que el país inició con Fujimori. Mientras que el candidato García fue crítico de las sobreganancias mineras, la renta básica en telefonía y del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el nuevo presidente García aceleró el proceso de negociación del TLC, propuso un conjunto de reformas legislativas e institucionales para elevar los flujos de inversión extranjera e impuso una política de mano dura frente a los conflictos sociales que vinculaban a industrias extractivas en regiones, la cual llegó a tener desenlaces sangrientos, como ocurrió en el año 2009 durante la masacre de Bagua, en donde murieron 33 personas (entre indígenas amazónicos y policías).

Modelos Económicos en Competencia

En su segundo gobierno, Alan García también buscó redimirse de su política exterior antiimperialista, la cual fue una de las principales causas de la mayor crisis inflacionaria que ha vivido el país en su historia. Quien en 1985 pronunció un magistral discurso latinoamericanista contra la deuda externa buscando posicionarse como líder político continental, a partir de 2006 se propuso objetivos internacionales más moderados como ‘bandwagon’ de la política exterior estadounidense. Teniendo como únicos aliados continentales a George W. Bush y al colombiano Álvaro Uribe, Alan García incorporó a su discurso temas como la lucha contra el terrorismo global (en donde el Perú era parte debido a su lucha contra los remanentes de Sendero Luminoso en el VRAE), el abandono de procesos de integración regionales como la CAN y el MERCOSUR (para reemplazarlos por Tratados de Libre Comercio bilaterales), la ‘desregulación’ económica para favorecer los flujos de inversión extranjera en industrias extractivas, y por supuesto, la oposición (geo) política al proyecto bolivariano encabezado por Hugo Chávez en Venezuela. En este último aspecto, la política exterior de García llegó a niveles absurdos, que se asemejaban más a lo que proponían algunos de los más duros halcones neoconservadores de la administración Bush, o incluso a la ‘caza de brujas’ anticomunista del senador estadounidense Joe McCarthy en los años 50. En ese sentido, los aparentes ‘exitos’ del modelo económico peruano (que al igual que en otros países, experimentaba un boom de materias primas que llevó al país a crecer a ritmos anuales entre 7 y 8%) fueron un elemento clave para posicionar al Perú como ‘la alternativa de libre mercado’ a las diversas tendencias de izquierda y centro-izquierda que en ese momento se articulaban en toda América Latina (especialmente Venezuela).

A pesar que, en ese momento, las diferencias entre los modelos económicos peruano y venezolano no eran tan grandes como parecería (durante la segunda vuelta del 2006, Alan definió a la política exterior chavista como ‘el satélite petrolero de una política imperialista mundial’, ver aquí); la dinámica política del segundo gobierno aprista convirtió la dicotomía entre ‘neoliberalismo peruano’ y ‘bolivarianismo chavista’ en dos universos semánticos alternos. A nivel externo, Alan García polarizó las relaciones internacionales de la región Andina entre “democracia/libre mercado/inversión/modernidad/reducción de la pobreza/paz continental/guerra contra el terrorismo” (Perú) y “dictadura/estatismo/retroceso de las inversiones/arcaísmo/pobreza/carrera armamentista/aliados del terror” (Venezuela). A nivel interno, García utilizó al bolivarianismo continental como chivo expiatorio para criminalizar toda protesta social, así como a los partidos y movimientos de izquierda que en ese momento existían en el Perú; viendo ‘conspiradores internacionales’, ‘enemigos de la inversión’, ‘antimineros’, ‘perros del hortelano’ y ‘Casas del ALBA’ en cada marcha, protesta o manifestación de disconformidad que apareciera contra las políticas de su gobierno. En ese sentido, Alan García y el Perú fueron los principales responsables de promover el clima de ‘guerra fría’ que se vivió en la región Andina durante la década pasada; y así era como lo afirmaba él mismo públicamente en sus discursos (ver aquí). El aparato ideológico con el que Alan quiso legitimar su visión de la política continental tuvo como herramienta clave a la campaña ‘Marca Perú’.  una ambiciosa iniciativa de la Agencia de Promoción del Turismo (PROMPERU), que buscaba presentar al país como una democracia consolidada con crecimiento económico y desarrollo sostenibles; atractivo para el ingreso de flujos masivos de inversión extranjera, turistas, y por supuesto, de migrantes. Este hecho será clave para explicar las responsabilidades de nuestro país en la crisis migratoria venezolana que hoy afronta.

(*) Politólogo y Magíster en Políticas Públicas. Investigador del Instituto de Estudios Políticos Andinos y Profesor de la Universidad Católica de Santa María (Arequipa-Perú).

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