La inteligencia democrática

Columnista invitado Eduardo Abril

Seguramente usted se ha preguntado por qué personas con un alto nivel de educación defienden y votan por candidatos corruptos, pues una persona educada e inteligente, siguiendo la lógica,  no debería apoyar partidos o candidatos corruptos. Entonces, ¿qué es lo que está pasando con los peruanos?

Cuando alguien defiende un partido corrupto solemos decir que “es un ignorante”, que “tiene un bajo coeficiente intelectual”. Pero sobran ejemplos de personas que claramente no son “ignorantes”, son bastante preparados y muchas veces ostentan títulos de estudios universitarios avanzados. ¿Y no será que tienen un alto nivel de inteligencia general pero en particular un bajo nivel de inteligencia democrática? ¿Y porque tendrían un bajo nivel de inteligencia democrática? ¿Sería tal vez porque nuestra educación no educa, y nunca ha educado valores democráticos?: Pueden tener un PhD en Ingeniería Aeroespacial, con altísimo coeficiente intelectual, pero siguen apoyando partidos corruptos.

Las inteligencias múltiples

La inteligencia se ha definido como la capacidad de usar la memoria, el conocimiento, la experiencia, la comprensión, el razonamiento, la imaginación y el juicio para resolver problemas y adaptarse a situaciones nuevas.

La teoría de las Inteligencias Múltiples desarrollada por el Dr. Howard Gardner (catedrático de educación en la Universidad de Harvard) revolucionó la manera en que entendemos la inteligencia. La teoría de las inteligencias múltiples diferencia la inteligencia en «modalidades» específicas, en lugar de ver la inteligencia como dominada por una sola capacidad general. Los siete tipos de inteligencia inicialmente definidos por Gardner son: Inteligencia lingüística, musical, lógica matemática, visual espacial, cinestesia corporal, intrapersonal, interpersonal (después aumentaron más). La idea de inteligencias múltiples es que, por ejemplo,  Albert Einstein  no poseía una mayor inteligencia que Leo Messi, sino que cada uno de ellos desarrolló un tipo de inteligencia diferente.

La inteligencia democrática

Jesús Fernández [1] propone: “¿Por qué no hablar de una inteligencia democrática? Ella estaría constituida por la capacidad de preocuparse por el bien común, buscar el bienestar de todos, favorecer el diálogo y el entendimiento de todos los ciudadanos, no ver en el otro un adversario y fomentar el odio y la venganza […]. Tener un sentido de comunidad frente a tanto egoísmo que inspira nuestra actividad pública en cualquiera de sus niveles. Eso es la inteligencia democrática que no es más que la misma inteligencia aplicada a los procesos de participación y representación de la ciudadanía”. La inteligencia necesaria para hacer que la democracia nos funcione: desarrollando el hoy inexistente sentido del bien común, de participación activa para mejorar la comunidad y el país, y a la vez convertirnos en campeones de las libertades civiles, del voto responsable, creyentes en la justicia e igualdad de oportunidades para todos; conductas que a la larga propicien una sociedad pacífica y prospera de la cual todos se beneficien.

Génesis (los orígenes)

Políticos, congresistas, jueces, fiscales, policías, ufff,… ¿de dónde salen tantos corruptos? Los corruptos están entre nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos, nuestros familiares… están por todas partes. Somos el producto lógico y masivo de una sociedad en decadencia. A nadie le debe quedar duda de que el problema es de proporciones nacionales y que atraviesa todos los estratos sociales y todos los niveles de educación.

Los peruanos no hemos sabido entender que la democracia de hoy es el invento más grande en la historia la humanidad, un complicado experimento colectivo para la convivencia pacífica puesto en práctica hace apenas unos 240 años y que surgió como respuesta a unos 100 mil años de estarnos  colonizando, esclavizando, explotando, discriminando, abusando. Tampoco hemos aprendido que  para ser viable la democracia requiere en sus ciudadanos comportamientos y convicciones fundamentales que los humanos no somos capaces de deducir o alcanzar individualmente por cuenta propia.

“Las personas nacen con un apetito personal por la libertad,  pero no nacen con el conocimiento de los acuerdos sociales y políticos que hacen posible la libertad (…) Estas cosas deben ser adquiridas. Deben ser aprendidas”. (Chester Finn)

Como país, ¿cuándo empezó todo? Quizás se lo debemos al hecho de haber tenido próceres de la independencia que fueron todos soldados, ningún pensador. Y nos dijeron que para alcanzar la libertad era necesario y suficiente expulsar al colonizador. Y les creímos.Nunca nadie nos habló de libertades personales, de igualdad de derechos, o de que el gobierno debe estar al servicio de su pueblo, o  nos previno contra las tiranías internas, o nos ilustró sobre la importancia de trabajar juntos para mejorar la comunidad.

Juramos la patria siempre libre de opresión,

y cebamos cañones contra el yugo español,

pero de combatir los demonios internos,

jamás grito sagrado alguno se oyó.

Entregarle el manejo de un país a un pueblo (democracia) sin haberlo preparado es como dejar pilotear un avión a los pasajeros sin haberles dotado con las capacidades necesarias para hacerlo. Las consecuencias son fáciles de imaginar.

Nuestro proceso de independencia le entregó un terreno fértil a la bestia de la corrupción, al despotismo interno, a la violencia, al tribalismo, a la tiranía de la mayoría, al individualismo, a la indiferencia para con los asuntos de la comunidad, y hoy estamos todos pagando el precio.

Cultivar la inteligencia democrática desde las escuelas

¿Podríamos tener ingenieros si nuestras escuelas no enseñasen matemáticas?: No.  Similarmente, si nuestras escuelas no nos capacitan para desarrollar competencias democráticas, ¿cómo es que vamos a mejorar  nuestra inteligencia democrática como individuos o colectivamente como país?

Educamos y enseñamos todos, para bien o para mal. Todos y quienes tienen contacto con menores están todo el tiempo educandolos, pues los niños asimilan todo lo que ven o escuchan. Cesar Hildebrandt dice: “la mayoría de peruanos tiene un vínculo un poco perverso con el Perú, un vínculo de usufructo; no es un vínculo de amor, de entrega, de cierta devoción. Aquí la gente vive en el Perú de casualidad, le saca el mayor provecho que pueda, y si puede, lo saquea”. Según IPSOS, el 72% de peruanos tolera la corrupción. Día a día la mayoría de peruanos transmiten a los niños que esos comportamientos son lo “normal”. Y estos chicos creen para llegar a ser congresistas, magistrados, periodistas, empresarios, fiscales, policías, presidentes, etc. Y ellos transmitirán esos comportamientos “normalizados” a la siguiente generación… ¿Cómo rompemos ese círculo?

Entran a la cancha los valores educados en las escuelas, en los sistemas de educación. La educación de valores en las escuelas tiene un gran potencial porque se puede llegar a un sector enorme de la población desde su mejor edad para el aprendizaje (desde pre kindergarten). Se presenta como un lugar excelente para empezar a cultivar la inteligencia democrática.

Que la educación de valores en las escuelas funciona no es solo una opinión. Educadores, gobernantes, sociólogos, psicólogos, filósofos, políticos, padres de familia, etc. ya le han dedicado miles de horas. Han tenido lugar cientos de conferencias, miles de libros se han escrito, universidades ha desarrollado disciplinas enteras, con PhD en Educación de Valores. Se utiliza procedimientos y métodos muchas veces probados y mejorados. Una búsqueda hoy en Amazon.com de chacater education (educación de valores en inglés) encontró más de 10 mil libros y en Youtube más de 9 millones de videos.

Muchos países están utilizando la formación de valores en sus sistemas de educación para ayudar en el establecimiento de una sociedad democrática, pacífica y prospera. En EEUU y Canadá le llaman Character Education; en Puerto Rico, Tus valores Cuentan; en Colombia, Competencias Ciudadanas o Cátedra Para la Paz; en Europa, (Concilio de Europa, con 47 países miembros) Education for Democratic Citizenship (EDC) and Human Rights Education (HRE). Educar valores en las escuelas es una decisión política bastante expandida.

¿Y cómo es que en el Perú no estamos al tanto de los avances en el extranjero en el campo de la educación de valores en las escuelas? Quizás seguimos anclados a la idea de que “se educa en casa y en la escuela se aprende”, o será tal vez que la educación de valores en la población nunca fue del interés de nuestros sucesivos gobernantes (razones obvias).

Como quiera que lo llamemos, “Competencias Ciudadanas”,  “Character Education,  “Education for Democratic Citizenship (EDC) and Human Rights Education (HRE)”, “Inteligencia Democrática”, “Competencias Democráticas”, o cualquier otro nombre, debe ser evidente para todos que la educación de valores democráticos tiene que ser una de las más altas o quizás la más alta prioridad en los sistemas de educación en el Perú, dada la situación de emergencia moral en que nos encontramos y el hecho de llevar un retraso de cinco siglos en su implementación.  

De lo aprendido por otros países deberíamos sacar provecho. Seguramente oiremos voces discordantes diciendo que “esas son iniciativas extranjeras que en el Perú no se pueden aplicar”, pero ¿acaso la democracia, el comunismo, el capitalismo, la religión, la ciencia, o el futbol no son iniciativas nacidas en otros países que hemos adoptado o estamos dispuestos a adoptar?

[1] Jesús Fernández, Inteligencia democrática:

http://nuevaalcarria.com/articulos/inteligencia-democratica

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE