¿Qué es el orden americano?

Desde el Sur Global Anthony Medina Rivas Plata

El fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) estuvo marcado por la victoria incuestionable de los Estados Unidos en los asuntos políticos, económicos y militares en el mundo. Nunca ningún país en el mundo recibió un escenario internacional tan favorable como el que recibió el país americano para reconstruir el orden internacional a su imagen y semejanza en dicha época. Con Europa en ruinas y las otras dos principales potencias industriales (Alemania y Japón) derrotadas en la guerra; los Estados Unidos tuvieron carta libre para cuestionar las raíces mismas del sistema que la generó. Incluso la Unión Soviética, quien fue la principal competidora de los Estados Unidos hasta 1992, terminó devastada luego de la guerra con Alemania; por lo que si bien representaba una amenaza militar para dicho país (debido a su poder militar y nuclear), nunca tuvo el poder económico suficiente para exportar el modelo comunista al resto del mundo.

Hacia 1945, Estados Unidos dispuso de todos los medios materiales disponibles para promover su idea de orden mundial. Neutralizados Canadá y México en el siglo XIX, Estados Unidos quedó sin enemigos continentales que pudieran disputar su hegemonía en el hemisferio occidental; a la vez que su posición de ‘isla continental’ la mantuvo siempre alejada de los conflictos que desangraron a Europa por siglos. Todo esto le permitió a los Estados Unidos el intervenir selectivamente en conflictos al interior y fuera del continente americano cuando sus intereses así lo exigieran. De igual manera, al representar el 60% del PBI mundial en 1945, los Estados Unidos movilizaron toda su fuerza económica para construir un complejo político-diplomático, económico-comercial y militar-industrial inspirado en sus propios valores y prioridades de política exterior. El sistema de la Organización de las Naciones Unidas, la promoción de modelos económicos de libre mercado a cambio de ayuda económica (dentro de los cuales el Plan Marshall tuvo un rol clave) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fueron parte de una estrategia integral en donde Estados Unidos buscaba asegurar su hegemonía mundial, mantener a raya a futuras potencias revisionistas como la URSS y China, y sobre todo, generar un sistema de resolución pacífica de conflictos en donde la diplomacia y el Derecho Internacional primaran por encima de los fríos intereses nacionales de los Estados (es decir, exactamente lo opuesto a la política del ‘balance del poder’ realizada por los Estados Europeos durante los últimos 500 años). Es este sistema global aquel al que llamamos ‘el Orden Americano’; y es en ese sentido que debemos tener cuidado al distinguir entre ese nuevo orden político y los períodos históricos existentes dentro de él.

Si bien el período al que llamamos de ‘Guerra Fría’ fue la confrontación política, ideológica, militar, económica y cultural entre los Estados Unidos/OTAN y la Unión Soviética/Pacto de Varsovia por la imposición de sus respectivos modelos, dicho período se dio dentro del Orden Americano. Efectivamente, la Unión Soviética representó un modelo económico alternativo al capitalismo de libre empresa propuesto por los Estados Unidos, pero hay que recordar que ésta siempre operó dentro de sus parámetros: Políticamente, la URSS fue desde el principio uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; mientras que económicamente el modelo económico soviético operaba bajo mayores niveles de autonomía frente a la emergente globalización propuesta por los estadounidenses, pero sin generar un modelo ‘globalista’ alternativo (efectivamente, la URSS lo intentó a través de la COMECON, aunque irónicamente fue esta organización una de las causantes del agotamiento económico soviético que condujo a su posterior disolución). Habría que recordar también que la Unión Soviética recibió ayuda económica y tecnológica de los Estados Unidos por casi 30 años para contener el surgimiento de Alemania (en ese sentido, Lenin nunca ocultó su admiración por el desarrollo tecnológico estadounidense cuando afirmaba que el comunismo equivalía a ‘el régimen de los soviets, pero con electricidad’). Posteriormente a la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, las bases sobre las cuales se fundó el Orden Americano siguieron firmes: Estados Unidos propagó la expansión de las Naciones Unidas con los nuevos estados post-comunistas emergentes, fomentó transiciones a economías de mercado con ayuda del Banco Mundial y el FMI, a la vez que mantuvo intacta a la OTAN, promoviendo su expansión hacia el este y acogiendo a Estados que fueron parte del Pacto de Varsovia.

Casi treinta años después, todo este orden está empezando a ser cuestionado. La elección de Donald Trump en los Estados Unidos, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el llamado ‘Brexit’), el ascenso del movimiento antieuropeísta de extema derecha (Le Pen/Francia, Wilders/Holanda, AfD/Alemania, Aurora Dorada/Grecia) y el endurecimiento de los regímenes de acumulación capitalista bajo modelos políticos autoritarios en Rusia, China y la India, son algunos de los fenómenos que empiezan a generar espacios reales de disputa dentro del orden internacional como no se habían visto durante la década de 1930 (justamente cuando la Liga de las Naciones propuesta por Estados Unidos falló en su cometido de evitar una segunda guerra mundial). Ya no hablamos de la existencia de un actor contencioso disputando el liderazgo norteamericano dentro de un orden internacional ya dado (el período que llamamos de ‘Guerra Fría’); sino que es la cada vez mayor dificultad de los Estados para resolver conflictos derivados de la crisis global del capitalismo (dentro de los parámetros del actual orden internacional), aquello que está empezando a generar quiebres y rupturas dentro de las mismas raíces de dicho orden. 

Medina es politólogo y profesor de Ciencia Política de la UCSM

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