Vladivideos y CNMAudios, contigo Perú

La columna Mabel Cáceres Calderón

Hace 18 años, parecía inaugurarse una nueva etapa en la historia del país. Exministros, generales, magistrados, y gente de la farándula caían en desgracia tras aparecer en los famosos “vladivideos”. Montesinos era encarcelado y Alberto Fujimori huía del país, dando paso a un gobierno de transición que prometía cambiar el rumbo.

Hace apenas un año, descubrimos que la clase política que sucedió al fujimorismo, sin distinción de ideología, no solo no había abandonado las prácticas corruptas del poder, sino que las había sofisticado. Fue la primera vez que, según se iban manifestando los jerarcas de la empresa Odebrecht, caían, uno a uno, expresidentes, empresarios y muchos políticos vigentes. Fue así como vimos a poderosos empresarios esposados rumbo a prisión, a Humala y Nadine en la cárcel, a Toledo fugándose, a García tuiteando compulsivamente y a Kuczynski abandonando palacio de gobierno en medio de la vergüenza.

¿Otro momento fundacional? No. Faltaba aún más. Los llamados CNMAudios nos han demostrado que el pozo de lodo de nuestra corrupción no tiene fondo y que las artimañas para el aprovechamiento indebido del poder, de cualquier tipo de poder, son infinitas. La justicia, esa vieja zorra disfrazada de doncella, aunque siempre dejó ver a medias sus veleidades y vicios, nos había estado engañando, otra vez. Y a través del Consejo Nacional de la Magistratura, vergonzosa representación de la podredumbre moral e intelectual que caracteriza a ese sector especializado en medrar del estado (tan bien resumido por el folklórico Dr. Rock); había estado traficando con nuestro dolor y esperanzas. Más aún, se relacionó carnalmente con la mafia de hampones y narcotraficantes del Callao y se puso al servicio de sus apetencias.

¿Qué más vendrá?, ¿existen formas de vileza mayor? ¿Hay un límite para esta degeneración?

Difícil saberlo. Lo que no puede perderse, sin embargo, a riesgo de convertirnos en un país inviable, redescubierto fallido después de 200 años, es la capacidad de indignación que debemos cultivar con la mayor dedicación y cuidado. Acaso por estos días y, a pesar del escepticismo con que muchos reciben el mensaje del presidente Vizcarra, se esté jugando buena parte del futuro nacional.

La lógica del ascenso tras haber tocado fondo, no ha operado en los últimos 18 años, porque la sociedad no ha estado empujando ese proceso suficientemente.

Otra lógica elemental dice también que, de no hacerse presente una fuerza mayor, la degradación podría continuar indefinidamente. Así pues, hace falta una reacción ciudadana más activa, que el clickeo cibernético.

Todo lo que tenemos hoy son esas marchas inesperadamente masivas contra la corrupción, el “Contigo Perú” cantado a todo pulmón en los estadios de Rusia, las islas de excelencia que el país viene cultivando en varios sectores; y el esfuerzo de miles de jóvenes superándose a sí mismos a pesar de tener todo en contra.

Nuestra historia y nuestra diversidad, el hecho de haber sobrevivido al dolor de dos décadas de violencia y 200 años de corrupción, la posibilidad de ir dejando atrás las taras del racismo, el machismo, el fanatismo religioso, la exclusión y el clasismo, nos ofrecen la única posibilidad de detener la pulsión nacional por revolcarse en el fango, repitiendo la historia, una y otra vez. Paremos ya.

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