Nuevos ladrones y voto informado

Gárgola sin pedestal Alejandro Lira Landa

En nuestro  continente, la cosa esa que le llaman democracia, no sería lo que es si no fuera por el ritual de las elecciones: esa fanfarria de gentes vocingleras, autos y camionetas marcando un ritmo intermitente de bocinazos, activistas con  megáfonos, y el despliegue de banderolas, banderitas, globos, papel picado, banners que cruzan de una acera a la otra las principales avenidas; y, lo peor, la multiplicación obscena de los retratos de candidatos y candidatas, todos optimistas y risueños, pegados en todas partes, en los postes de alumbrado público, en las paredes de las esquinas de mayor afluencia de gente. Gigantografías señeras en las azoteas de las casas. En suma, un jolgorio, una fiesta que anuncia la llegada de un evento de gran fuste que sacará a la sociedad de su marasmo y miseria.

Los medios escritos y los radioperiódicos anuncian un advenimiento que caerá como maná del cielo: “El día tantos, ejerceremos el poder de elegir”. Como si elegir a un ladrón u otro fuera alguna manifestación de poder. La fanfarria electoral, llega a su paroxismo, el día de la inscripción ante el Jurado Electoral. Las gentes, incapaces de hacer historia, se entregan al teatro: Los señoritos se acholan y se inscriben después de haber bailado un alegre huaynito; los acholados se inscriben de sport elegante, y firman con el rolex en la mano derecha; el gringo se inscribe luego de que una paisana le dé un apretón a los testículos y confirme: “¡Tiene huevos!”. Y como la democracia es para todos, incluso se inscribe el propio Dios. En las últimas elecciones para gobiernos locales, en Colombia se inscribió Jesucristo, calato y con corona de espinas. Radio Caracol mal informó a su audiencia, señalando que un candidato se había presentado disfrazado de Jesucristo, aunque éste afirmara ser el auténtico Mesías.

Pero como todo en esta vida, el teatro electoral termina acabándose y sus actores empiezan a sufrir la erosión del tiempo, la polución y el olvido. Primero empiezan a perder los dientes por la irreverencia de los grafiteros, luego se quedan tuertos; a las candidatas les crecen bigotes: a los varones cuernos satánicos; y a medida que transcurre indetenible el tiempo, la lepra de los desgarrones los deja sin frente, cachete o quijada.

Algunos años después, los mismos participantes bullangueros de las caravanas de esperanza y bienestar, asisten silenciosos a un desfile interminable por los pasillos del Poder Judicial acusados de haberse apropiado, de una manera y otra, del erario público.

De este desfile por el foro penal, los demócratas creen que en el país el que la hace, la paga; los escépticos aseguran lo contrario; lo que pagan son solamente coimas para seguir libres haciendo lo que saben. La estadística judicial latinoamericana es más imparcial: De cada 100 políticos acusados judicialmente por corrupción, 86 de ellos  terminan con sus casos beneficiados por la prescripción; y de los 14 restantes sólo 6 acaban con prisión efectiva.

Este medio El Búho, junto con otros portales digitales se ha embarcado en una campaña de “Voto Informado”, promoviendo la exposición de programas y debates entre los distintos candidatos.  Esta campaña se basa en la ingenua  pretensión de que un electorado, debidamente informado estará en condiciones de elegir al “mejor candidato”; lo cual repercutirá en la salud democrática del país.

Revisando el contenido de tales programas y los discursos de los candidatos, a un servidor no le quedan dudas, de que a pesar de que el fundador de Perú Posible, Alejandro Toledo, se encuentre en condición de prófugo de la justicia peruana, en el Perú soñado por él, todo sigue siendo posible: Es posible luchar exitosamente contra la corrupción; es posible alcanzar la soñada seguridad ciudadana y mejorar todos los servicios públicos habidos y por haber. Entonces surge la pregunta: ¿si candidatos y programas son todos posibles, impolutos y a cual mejor, por qué luego de un tiempo, terminan judicialmente imputados? Da vértigo aplicar el principio del beneficio de la duda, pues esto nos lleva a trasladar la carga de la culpa a la propia institución que los cobija; o sea el mismo sistema democrático.

Más allá de la intención de los medios de alcanzar una información útil y veraz a los electores, lo que hay en el país es una confusa inundación de piezas de información que esconden el contexto de la crisis política, a saber: a pesar de las cifras multimillonarias de la economía; en el país no hay plata para los paisanos; lo que ha habido es chorreo y éste solo ha alcanzado para las autoridades, (el mejor ejemplo es Toledo, que se ha escapado con su chorro de millones de dólares a los Estados Unidos. En resumen, no hay tal pleito entre el congreso y el ejecutivo ni de estos contra la judicatura y el ministerio público, ni los grandes medios de comunicación tomando partido por los bandos de su interés; lo que hay es una típica guerra de todos contra todos por el chorreo, que visto está cada vez es más escaso e insuficiente para tanto pillo.

En cualquier caso, los resultados de los próximos comicios electorales serán un invalorable indicador, no del nuevo mapa político sino para evaluar el estado de la salud mental colectiva del país. Si la suma de todos los candidatos votados supera el número de electores que vician o blanquean su voto, tendremos la dimensión del grave daño emocional que sufre la población, comparable en tragedia y desesperanza al caso de la mujer  abusada, vejada, violada y encima golpeada, que luego de este martirio perdona a su victimario y sigue viviendo con el, porque le han dicho que “hombre que no te pega, es que no te ama, querida.”.     O lo que es lo mismo, político que no te roba, es que no  es político pe, cariño.

www.alejandroliralanda.com

Una respuesta a “Nuevos ladrones y voto informado”

  1. renato amaro dice:

    MI estimado Don Alejandro, en una sociedad tan maleada, desajustada, CORRUPTA, psicoseada como la nuestra….ser una persona ‘normal’ ….no es un buen criterio o medida de salud mental. :)
    Cuantas verdades en su artículo. Realmente, con un elecTARADO carente de cultura cívica y mucho menos general donde sinverguenzas compran votos con kilitos de arroz y azucar…no nos augura nada bueno para el futuro.
    Como decia Sócrates….pueden los ignorantes conducir el barco en una tempestad?…dando a entender que gente sin noción o cultura pueden elegir con algún tipo de criterio a las personas idóneas que van a gobernar un país??
    Sócrates en toda su sabiduria….odiaba la mal entendida democracia.
    Saludos.

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