Perú: ¿pueden los liberales vencer al fascismo?

Desde el Sur Global Anthony Medina Rivas Plata

La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil representa un desafío para la política exterior de toda Sudamérica. Vivimos un contexto crítico en que, al retroceso de los gobiernos de izquierda de la década pasada, se ha sumado un nuevo sector que defiende ideas que ya parecían haber sido dejadas atrás. El ascenso del movimiento evangélico y el resentimiento de las élites contra los avances sociales generados durante ‘la década ganada’ han generado la aparición de ideas fascistas o fascistoides dentro de diversos sectores de la opinión pública de nuestros países, las cuales, si bien aún no tienen efectos políticos concretos fuera de Brasil, algunos de sus rasgos ya son claramente visibles. Para hablar del caso peruano, podemos mencionar el lamentable rol que cumplió el discurso xenofóbico contra migrantes venezolanos por parte de uno de los candidatos durante la reciente campaña a la Alcaldía de Lima. Por otro lado, el ex militar ultranacionalista Antauro Humala amenaza con participar de las elecciones presidenciales del año 2021, en pleno Bicentenario de la República. Como los factores políticos que han favorecido el crecimiento de las ideas fascistas en el país podemos señalar la actual irrelevancia electoral de los sectores de izquierda democrática existentes y la mayor capacidad política del fujimorismo para disputar el campo popular. Como factores económicos tenemos al modelo actual de ‘crecimiento sin desarrollo’ en el que la gente común y corriente sigue sin sentir que los grandes flujos de inversión extranjera que llegan al país tenga algún efecto concreto en sus vidas cotidianas. Si a esto se le suma la extrema corrupción de nuestra clase política y su incapacidad para lidiar con problemas regionales como el de la crisis migratoria venezolana; podemos decir que el Perú es tierra fértil para el surgimiento de un nuevo ‘outsider’ fascista hacia el 2021.

El sector de derecha ‘liberal’ o ‘democrática’ del país, coaligada en torno a ciertos partidos políticos tradicionales, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y Universidades, aún no tiene clara la magnitud del problema y mira al proceso electoral del 2021 como ‘uno más’ dentro de los que se han venido dando sin interrupción desde la caída del gobierno de Alberto Fujimori en el año 2000. Creemos que esto es un error, generado principalmente por su incapacidad de entender la raíz económica del problema, así como de proponer alternativas más allá del ‘statu quo’ económico del país, que desde 1990 ha venido cuajando en una mezcla de hegemonía corporativa transnacional con un elevado nivel de empoderamiento de sectores informales e ilegales (narcotráfico, minería y tala ilegal, etc.).

¿Puede surgir desde la derecha moderada/liberal algún tipo de respuesta contra la popularidad cada vez mayor de las ideas fascistas entre amplios sectores de la población peruana? Nosotros creemos que no, debido a la incapacidad de este sector político para abordar las causas económicas de la crisis. Lamentablemente nuestros liberales son demasiado cobardes para deslindar con sus primos de extrema derecha debido a su necesidad de mantenerse ubicados dentro de la ortodoxia económica que impone el consenso ideológico vigente.

Pongamos tres ejemplos:

1). Si un liberal dice: “necesitamos reformar las instituciones, limitar la corrupción y adaptarnos a los estándares internacionales impuestos por la OCDE para modernizar el país”, un neoliberal (‘libertariano’ o ‘liberal clásico’ como le gusta autodenominarse) le responderá: “sí, pero no toquen mis impuestos y dejen funcionar al mercado tal y como está”; olvidando que incluso para alcanzar lo dispuesto por la OCDE requerimos elevar los impuestos y aumentar el gasto social (en el Perú, ambas cifras son de las más bajas de América Latina). Por lo general, los liberales se quedan desencajados y murmuran por lo bajo: “sí pues, hay que preservar el libre mercado”.

2). Si un liberal dice: “necesitamos un Estado Laico que respete la separación entre Estado e Iglesia”, el neoliberal (que por lo general es ultraconservador en lo moral) saldrá a decir: “Eso del Estado Laico es un caballo de Troya de la ideología de género y de ese Planned Parenthood financiado por Soros. ¿Por qué tendría que financiar con mis impuestos a esas locas desesperadas por abortar?”. El liberal cae en la trampa, ya que, si bien su única manera de captar seguidores desde la izquierda es a través de las políticas ‘de género’, tampoco es capaz de generar una respuesta a este rancio conservadurismo debido a su incapacidad de poder decir de manera fuerte y clara: “Sí, necesitamos expandir el rol del Estado. Vamos a requerir captar más impuestos, renegociar contratos con ciertas empresas e intervenir en aquellas mafias que mantienen elevadísimo el sector informal”. Finalmente, que nuestros liberales crean que al conservadurismo se lo combate con performances y talleres, o posteando una foto en tutu para respaldar a los bailarines de ballet, como hizo cierto congresista ‘pro-LGTB’, es penoso y lamentable.

3). Más de 25 años desde la implementación del Consenso de Washington en el Perú han generado la idea inamovible de que el sistema político sólo puede ser democrático si es de derecha. O como dicen nuestros ideólogos neoliberales: “sólo puede haber libertad política en tanto y en cuanto haya libertad económica”, usando el concepto de ‘libertad económica’ como trampa discursiva para referirse simplemente al ‘statu quo’. Esto ha ocurrido debido a la incapacidad de nuestra izquierda política para generar alternativas que vayan más allá de las dicotomías políticas generadas por la derecha durante la época de la ‘ola bolivariana’ (‘el sistema vs. el antisistema’, ‘chavistas vs. demócratas’, ‘estatistas vs. liberales’, ‘pobreza vs. inversión’). En esto, los liberales de izquierda (también llamados ‘caviares’ en jerga local) cumplieron un rol nefasto; de un lado vendiéndonos la idea de una ‘izquierda moderna reconciliada con el mercado, similar a la del PT en Brasil’, mientras que del otro lado entraban al juego político de Odebrecht al igual que sus supuestos rivales en los partidos políticos que gobernaron durante esa época.

En conclusión, el liberalismo político es una doctrina útil para tiempos de expansión y bonanza, pero no ofrece ningún tipo de respuesta a la crisis actual que viene generando el resurgimiento de las ideas fascistas alrededor del mundo. En nuestro país, es necesario buscar nuevas alternativas que permitan preservar el sistema de gobierno democrático-representativo actual; en tanto nuestra opinión pública siga considerando que éste merezca ser preservado.


Anthony Medina es politólogo y Master en Políticas Públicas. Investigador Asociado en el Instituto de Estudios Políticos Andinos y Profesor de Ciencia Política en la Universidad Católica de Santa María (Arequipa, Perú).

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