El despertar del fascismo

Columnista invitado

            Cual zombi que resucita después de muerto, el fascismo vuelve amenazante con su hálito hediondo a encumbrarse nuevamente en el poder. Cuando creíamos que ya era historia antigua, que la humanidad se había sacudido para siempre de una repugnante enfermedad que contaminó el mundo en los años 30 del siglo pasado, que por su causa murieron más de 50 millones de seres humanos, ahora regresa sigilosamente, estaba reptando en la oscuridad, esperando el momento de ver a las democracias flaquear. No, no estaba derrotada, ni siquiera olvidada, estaba anquilosada solamente cual larva ponzoñosa para volver a envenenar el mundo. Todo empezó cuando surgió en la Italia de Mussolini, luego contagió la Alemania de Hitler, la España de Franco, y el Portugal de Oliveira Salazar. Pero no acabó allí, cruzó los mares y atacó a Latinoamérica, enquistándose en Argentina, Brasil, Chile, México, y también en el Perú. Es necesario volver a recordar que el dictador y golpista Sánchez Cerro fundó el Partido Unión Revolucionaria de tendencia desembozadamente fascista. Cuando murió asesinado en 1933, la jefatura del Partido la heredó el infame Luis Alberto Flores Medina que combatió ferozmente al aprismo, al comunismo, y a los inmigrantes chinos y japoneses a falta de judíos que no eran muy numerosos.

Luis A. Flores en traje y saludo fascista

Oscar R. Benavides, el gobernante que reemplazó al asesinado Sánchez Cerro, también fue de índole fascista, contrató una Misión Policial Italiana para que asesorara a la Policía del Perú. Como sucede siempre en los Partidos autoritarios, las lucha internas y el hambre de poder hace que sus jerarcas se odien y se dividan. Después de las elecciones de 1936 en las que Luis A. Flores consiguiera en Lima 80 mil votos de un total de 200 mil, Benavides anuló las elecciones y lo deportó a Chile. ¿Por qué recordar esa triste época que estaba ya casi olvidada en los libros de historia? Si bien en Europa siempre estuvo latente la ultra derecha fascista, el continente americano parecía curado de esa enfermedad hasta que apareció Trump, que tiene todos los síntomas de estar contaminado por el fascismo, pero ¿Latinoamérica? Parecía impensable, pero acaba de suceder en Brasil con el triunfo de Bolsonaro, el ultra derechista, misógino, xenófobo, racista que añora las dictaduras militares de su país, que dice abiertamente que las mujeres deben ganar menos que los hombres, que dará paso a la libre tenencia de armas del que quiera tenerlas, que es partidario de la tortura, y que entre otras medidas, se saldrá del Acuerdo del Medio Ambiente de Paris. Sí, ese ha ganado las elecciones en Brasil por más de 10 puntos sobre Haddad, el candidato del PT de Lula. ¿Qué le pasó al simpático pueblo brasileño? ¿Ignorancia? ¿Desconocimiento de la historia de su propio país? ¿Tanto puede la corrupción desesperar a un pueblo que ve cómo se roban su plata y malogran su vida? Sí, si puede, y ese es el peligro que lleva a un pueblo hambriento de justicia buscar un salvador a cualquier precio, aun de su libertad. Ha sucedido antes y está sucediendo ahora. Sólo hay que esperar que llegue alguien que los salve de su salvador. Buena suerte querido Brasil.

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