Elecciones de octubre: a barrer la casa

la Silla Prestada Alfredo Herrera

Las elecciones regionales y municipales del domingo 7 de octubre son una gran oportunidad para que la población peruana de, por fin, una gran lección contra la corrupción. Sin que se trate de una consigna, sino más bien de una alternativa con muchos mensajes, la actitud de la ciudadanía debería ser la de no votar por ningún candidato que ya haya ejercido una función pública producto del voto popular.

Tampoco es una postura contra la relección, que finalmente puede ser un acto democrático positivo, sino que ahora el país tiene la gran oportunidad de decirle a todos quienes ya ejercieron de alcaldes, gobernadores regionales, regidores, consejeros o congresistas, que tuvieron su oportunidad, que ahora queremos la casa limpia para renovar no solo de autoridad, sino de espíritu, de identidad comunitaria que le dice no al continuismo y la corrupción.

Valga la comparación. Cuando limpiamos la casa no faltan los objetos que aparecen en rendijas o cajones que hace tiempo no revisamos y decimos, con un aire de nostalgia prematura, que “esos zapatos aún sirven”, o “esa cajita la necesitaré en cualquier momento”, y volvemos a guardar aquello que habíamos dado por perdido o inservible hace tiempo. Pero llega un momento en que hay que sacrificar esos objetos, aunque nos “duela”, porque es mejor tener la casa totalmente limpia y, como si iniciáramos una nueva etapa en nuestra vida, nos decidimos a renovarlo todo.

De la misma manera, hay que ver a la ciudad como nuestra casa, y las elecciones como la gran oportunidad de limpiarla, de deshacernos de todo aquello que ya no nos sirve, o que ya cumplió su función, y renovarla. Una actitud de este tipo significará que frente a los dramáticos acontecimientos de corrupción institucionalizada la población puede poner un freno a la presencia de aquellos que ven en los cargos públicos una fuente de enriquecimiento, un alto a quienes creen que el servicio público es un negocio, un fin a quienes consideran que el engaño y la traición son los nuevos valores ciudadanos.

Mucha gente cree en aquellos viejos decires que limitan nuestra actividad crítica. Quienes piensan que más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer, o qué va a hacer si no tiene experiencia, están al mismo nivel de quienes dicen no importa que robe pero que haga obra; pero cuando se trata de cortar por lo sano, antes de que la enfermedad nos ponga al límite de la vida, es mejor una buena incisión dolorosa, y a recuperarnos.

Hecha está la propuesta: limpiar la casa, barrer todos los rincones, botar a conciencia todo lo que ya cumplió con su función y objetivo, hay que baldear la entrada y desinfectar los baños. No contratemos a aquel empleado que no hizo lo que le correspondió cuando tuvo la oportunidad, nosotros pagamos a quienes deben mantener nuestra ciudad libre y limpia. Es, pues, nuestra oportunidad.

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