Necesitamos un voto de desconfianza

Columnista invitado

Necesitamos darle a la población más poder para elegir, necesitamos un voto de desconfianza. ¿Cómo es así que en Arequipa tendremos de alcalde a un candidato al que solo el 11.5% de electores le ha otorgado su confianza? Los votos nulos y en blanco suman 22% y el ausentismo 18.5%

Aquí no estamos eligiendo al mejor jugador FIFA donde se declara vencedor a quien obtiene más votos. Si gana Mbappé o el puma Carranza, ¿a quién le importa? Ellos no van a gobernar a nadie.

En una democracia saludable gobierna quien se ha ganado la confianza de su pueblo, y no simplemente quien haya obtenido más votos, pues se trata es de nombrar a una persona para el trabajo más importante de la ciudad, y debe ser alguien en quien el electorado pueda confiar.

Utilicemos esta ilustración para resaltar la importancia de la confianza en quienes les vamos a entregar  los cargos más importantes: Tienes necesidad de una operación al corazón, la paga para quien te opere es muy buena, por lo que se presentan muchos candidatos; entre ellos un carpintero, un ingeniero, un zapatero, un abogado. Lo someten a votación y el carpintero gana las elecciones con el 11.5% de los votos. Como están las leyes, no tienes más opción que permitir que el carpintero te opere.  Yo diría no, ninguno me opera porque ninguno es merecedor de mi confianza. Y busco nuevos candidatos.

Según la Ley Orgánica de Elecciones (26859), “El Jurado Nacional de Elecciones puede declarar la nulidad de las elecciones… cuando los votos nulos o en blanco, sumados o separadamente, superen los dos tercios del número de votos válidos”. Con esta modalidad, si la gente no está conforme con ninguno de los candidatos votaría en blanco o nulo alcanzando los dos tercios necesarios para anular las elecciones. Pero nada impide que en las nuevas elecciones participen los mismos candidatos, así que no hay más opción que elegir a uno de la lista, al menos malo, por cansancio, en sucesivas elecciones.

Las leyes no nos están protegiendo de tener como autoridades a candidatos que no deseamos. Es posible una situación en que todos los postulantes sean unos impresentables, alguno puede ganar con el 6% de los votos y con 59% de nulos y viciados. El vencedor se llenaría la boca diciendo que su triunfo es legítimo porque todo es establecido de acuerdo con la ley. Puede verse en ese 59% que la población ha manifestado su frustración, pero no hay manera de empoderar el rechazo hacia todos los candidatos.

En este caso las leyes están hechas para favorecer a los malos candidatos, no para respetar la desaprobación que los electores puedan expresar. Se hace entonces necesario “el voto de desconfianza”. Para ejercitar nuestro rechazo podríamos agregar en la cédula de sufragio una opción adicional; a esa opción se le puede llamar “ninguno es de mi confianza” o simplemente “voto de desconfianza”, y si esta alcanza, digamos el 30%, el pueblo les dice no a todos, y se llama a nuevas elecciones, pero con otros candidatos. Nadie está impedido de participar como candidato, pero tampoco debemos estar obligados a decidir entre una lista de impresentables.

Mucha gente no vota no porque considera que todos los candidatos son malos, pero quizás lo harían si se les diese la opción de canalizar su frustración marcando “ninguno es de mi confianza”.

Como nota aparte, en varios estados en EEUU es posible elegir a un alcalde sin que este figure en la cédula de sufragio. Me explico: Si el electorado juzga que ninguno de los candidatos merece su voto, puede escribir en la cédula el nombre de una persona a quien desea como alcalde, y si esta persona obtiene la mayoría de votos, es el ganador de las elecciones, sin ser siquiera candidato. Eso es darle el poder de elegir a la población, y de ello se trata la democracia.

Una respuesta a “Necesitamos un voto de desconfianza”

  1. Eduardo Abril dice:

    En 2010, Lisa Murkowski ganó las elecciones para senador del estado de Alaska contando los votos que el electorado emitió escribiendo su nombre en un espacio en blanco de la cédula de sufragio. Su partido (Partido Republicano) nominó a otro candidato, y ella se presentó a última hora sin partido y sin estar su nombre impreso en la cédula. Y ganó.

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