Dilemas sureños

Columnista invitado Alfredo Quintanilla

El triunfo del candidato Elmer Cáceres Llica en Arequipa se explica más por su marketing que por sus propuestas políticas. Tempranamente se presentó como el representante de los discriminados en una ciudad tradicionalmente despectiva con los inmigrantes “indios”, y para ello sacó a relucir su procedencia y su apellido materno quechua. Lograda esa identificación emocional entre los pobres de la ciudad y del campo, que en la primera vuelta le valió 132,181 votos, amagó con un discurso antilimeño y antipartido y agregó una cucharadita de nacionalismo prometiendo hacer la réplica del monitor Huáscar. Por eso, cuando se removieron antiguas noticias sobre su presunta conducta de violador, sus simpatizantes no les dieron crédito alguno. Por el contrario, el candidato se victimizó. El domingo pasado sus votos aumentaron a 352,384, cien mil más que su oponente, pese a que el ausentismo creció del 16.6% al 19.3% y a que el voto nulo y el voto en blanco, pasaron de 203 mil a 270 mil.

El resultado que tenemos es una región polarizada, con un gobernador que cuenta con el respaldo de menos de un tercio del padrón electoral, sin equipo de gobierno ni plan racional y coherente de políticas y capacidad para manejar las inversiones públicas, que pronto enfrentará un dilema parecido al que tuvo Humala con Conga: aprobar la continuación del proyecto Tía María de la empresa  Southern y recibir el respaldo de Vizcarra para ver realizado el proyecto Majes-Sihuas II; o plegarse al discurso radical de sus colegas de Puno y Moquegua, tratando de mantenerse vigente en la gestión del día a día. Pero el verbo o el marketing no bastan para sostener una gestión por cuatro años. Se da por descontado el enfriamiento de parte de las compañías mineras que invierten en la región, que dejarán de solventar las obras menudas que dieron réditos políticos al gobierno regional.  Además, teniendo la oposición de esos “ccalas” pequeño burgueses discriminadores y la del movimiento feminista, si la denuncia de la presunta víctima francesa halla eco en Europa, es casi seguro que Arequipa perderá oportunidades con la cooperación técnica de esa parte del mundo. Pueden venir entonces meses de confrontación social alimentados por el pequeño ego del vencedor del 9 de diciembre. Muy mal haría su oposición política si hace seguidismo a la espontánea cultura discriminadora de mis paisanos.

El dilema que enfrentará el gobernador Zenón Cuevas en Moquegua es diferente. Formado en la práctica política izquierdista (en las filas de Patria Roja), el conductor de la lucha bautizada como el Moqueguazo del 2003, conoce y es conocido de igual a igual por todos los actores políticos de su pequeña región y tiene resuelto el problema de la gran inversión minera al haberse aprobado el proyecto Quellaveco. Pero tendrá el dilema que tienen todos los gerentes generales cuando por encima de ellos tienen un presidente ejecutivo del directorio: cómo gobernar la empresa con autonomía, cuándo informar al presidente, qué hacer cuando llama directamente a los gerentes y toma decisiones con ellos. Es decir, un típico problema de gestión que, en el fondo, es un problema político, es decir, de manejo de los resortes del poder con vistas a conseguir determinados objetivos en el corto y mediano plazo. Allí Cuevas tendrá que optar entre el estilo de los izquierdistas uruguayos o chilenos cuando fueron gobierno o la tradición calenturienta de la izquierda peruana de reducir todo a la acción callejera. Es obvio que si busca un futuro tendrá que concertar con frecuencia con Vizcarra.

Desde lejos, pese al gran respaldo ciudadano que lo sustenta, se aprecia que el gobernador Walter Aduviri tendrá mayores dificultades que sus colegas. Porque, si bien los problemas de la pobreza, el desorden y la inseguridad son críticos, ha canalizado un sentimiento anticentralista y antidiscriminatorio que ha puesto en él grandes expectativas. No queda claro cómo enfrentará el dilema entre afirmar su discurso maximalista contrario al neoliberalismo o hacer funcionar a la burocracia regional para un manejo eficaz del presupuesto que logre mejorar los servicios públicos que se brindan a la ciudadanía: promoción del empleo y de las inversiones, saneamiento básico, salud pública, infraestructura, seguridad. En otras palabras, hacer eficaz al sistema que se critica. Ya Vizcarra llegó a Puno para informar que las municipalidades provinciales tendrán un incremento del 60% en sus presupuestos de apertura y los alcaldes que siguen a Aduviri tendrán el mismo dilema. Y es que en ese manejo no es suficiente la queja antilimeña ni proponer una Asamblea Constituyente, menos ilusionarse con la cooperación del régimen de Evo Morales para pintar futuros rosados o lilas.

Así, a los políticos del sur les conviene pisar tierra y avanzar con pies de plomo concertando entre ellos y evitando la confrontación estéril. Y en esto deben poner la política al mando antes que el espectáculo de las disputas y los intereses del gran capital que pretenderá ponerles la agenda.

(Publicado en Noticias Ser)

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