La ingeniera y la vigía

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Un video, que se hizo viral esta semana, nos muestra la agresión física, verbal y psicológica que sufrió una trabajadora, que controlaba el paso de vehículos en las obras de la variante de Uchumayo, por parte de una conductora. Cuatro minutos y 19 segundos abarrotados de insultos denigrantes y racistas, de calificativos humillantes y amenazas que una mujer profería contra otra. El caso, que ha merecido la intervención del Ministerio Público, ha desatado repudio en todo el país; pero, además, ha disparado una ola de hipocresía, cinismo y descaro, tan indignante como la propia imagen de la ingeniera agrediendo a la vigía.

La doble moral y los falsos discursos han surgido de todos los niveles. En las redes, la solidaridad que ha recibido la vigía no se condice con una sociedad en la que las trabajadoras del hogar no gozan de derechos laborales o con el simple hecho de que casi nadie saluda al personal de limpieza en todas las instituciones o centro comerciales en que los vemos a diario. En la televisión, un comediante realiza una parodia del incidente, pretendiendo sentirse afligido por lo sucedido a la trabajadora, pese a que él lleva años utilizando la violencia contra la mujer como chiste. Mientras que, en el gobierno regional de Arequipa, una autoridad que se burla de las mujeres que lo han denunciado por violación, utiliza lo ocurrido para tomarse fotos junto a la afectada y dar “buena imagen”.

Lamentablemente, cuando la solidaridad se queda en palabras solo sirve para mantener las apariencias y empeorar el problema.

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