Abuso en la Iglesia: Y por casa, ¿cómo andamos?

Columnista invitado Paola Ugaz

Por vez primera, se celebró la cumbre contra la pederastia clerical en el Vaticano, dirigida por el Papa Francisco quien reunió a 190 jefes de la iglesia católica de todo el mundo para hablar de tres temas: la responsabilidad de los obispos, la rendición de cuentas y la transparencia.

Han tenido que pasar más de dos mil años después de fundada la iglesia católica para reconocer las violaciones de los sacerdotes contra menores de edad como un problema capital. 

El Vaticano ha reconocido ante la Organización de las Naciones Unidas que han sancionado a 3.420 sacerdotes acusados de abusar sexualmente contra menores, en los últimos diez años. De ese universo, solo 848 fueron destituidos, es decir quitarles el título de sacerdote, el castigo más alto según el derecho canónico.

Detrás de la cumbre contra la pederastia realizada en el Vaticano hay que resaltar el papel clave de tres actores: el arzobispo y actual secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Charles Scicluna; Jordi Bertomeu, y las víctimas del caso Karadima: Juan Carlos Cruz, James Hamilton y Juan Carlos Murillo.

Scicluna y Bertomeu dirigen la pesquisa contra la pederastia en Chile, luego de la visita del Papa Francisco a Chile donde tuvo unas frases desafortunadas contra las víctimas del caso Karadima. Luego el Papa Francisco y su equipo, resarcieron el error e invitaron a Cruz, Murillo y Hamilton al Vaticano, donde en persona, les prometió cambiar las cosas y limpiar al clero chileno que encubrió la pederastia.

Desde ese entonces, Chile se ha convertido en el laboratorio para implementar cambios que garanticen a la grey católica que no se volverán a cometer las graves faltas de las que se les acusa en el mundo entero: abuso sexual, físico y psicológico de los religiosos junto a una maquinaria de encubrimiento y de amedrentamiento a los denunciantes.

Escuchando a las víctimas 

En el Vaticano, ciento noventa líderes religiosos (Por Perú, asistió Monseñor Miguel Cabrejos) escucharon a las víctimas de abuso clerical y por vez primera, no recibieron insultos sino al revés, se les aplaudió por la valentía de contar su historia.

La voz del chileno Juan Carlos Cruz, víctima del sacerdote Fernando Karadima, resonó en la sede clerical al decir: «ustedes son los doctores de las almas y, sin embargo, con excepciones, se han convertido en algunos casos, en los asesinos de las almas, en los asesinos de la fe». 

«Como católico, lo primero que pensé es: voy a ir a la Santa Madre Iglesia, donde me van a oír y me van a respetar. Lo primero que hicieron fue tratarme de mentiroso, darme la espalda y decir que yo y otros éramos enemigos de la Iglesia», dijo Cruz en un vídeo grabado que se les presentó a los obispos en el aula nueva del sínodo del Vaticano.

«Yo sé que están hablando sobre cómo terminar y cómo empezar de nuevo y cómo reparar todo este daño. Primero, perdones falsos, perdones obligados ya no funcionan. A las víctimas hay que creerles, respetarlas, cuidarlas y repararlos. Hay que reparar a las víctimas, hay que estar con ellos, hay que creerles, hay que acompañarlos», concluyó Cruz.

El testimonio de Cruz fue presentado en un vídeo de cinco víctimas de los cinco continentes donde se explica la tragedia que significa que es ir en busca de un Dios que te cure el alma y encontrar un depredador sexual que te malogre la existencia.

En el documento final de la cumbre contra la pederastia, el Papa Francisco señaló que será una obligación “acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano”.

Si bien las conclusiones de la cumbre que duró tres días no emocionaron a la mayoría de las víctimas que esperaban que se implemente la “tolerancia cero” al abuso contra los menores de edad, hay que resaltar que se ha abierto un espacio de escucha a las víctimas que pueda servir a implementar por fin los cambios necesarios que acaben con la pedofilia en la iglesia católica.

Perú: el caso Sodalicio

En una de las reuniones con las víctimas dirigidas por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, participo el periodista y víctima del Sodalicio (organización peruana fundada por Luis Fernando Figari en 1971); Pedro Salinas.

En su exposición, Salinas señaló: “Cuando tenía 16 años fui captado por el Sodalicio de Vida Cristiana. No soy una víctima sexual, pero cuando viví en las comunidades de Sodalicio padecí maltratos físicos y psicológicos, cuyas secuelas se mantienen hasta el día de hoy”.

“Una vez Figari me quemó el brazo, dejándome inutilizado algunas semanas. Y de forma sistemática, desde que ingresé a los denominados “centros de formación”, intervinieron durante los años 1985 y 1986 las cartas que mi padre me enviaba desde Caracas, Venezuela, donde él vivía. Bajo la orden de Figari me hicieron creer que mi padre se había olvidado de mí y que me había abandonado, y en consecuencia, debía odiarlo, dinamitando y destruyendo la relación con él durante muchos años. Me enteré de ello por mi propio padre, en 1993, cuando fui a buscarlo a Venezuela al enterarme de que tenía un cáncer terminal”, añadió Salinas.  

“Lamentablemente, el rol de la iglesia católica en esta historia ha sido patético. Las autoridades eclesiásticas declararon frases huecas y demagógicas; y todo lo que hicieron desde Lima hasta el Vaticano fue perdonar la vida a Figari y a su movimiento. Los encubridores fueron protegidos y la institución, en lugar de ser disuelta, sigue existiendo con cambios cosméticos. ¿Por qué sigue existiendo una organización que protege a los encubridores de abuso y con el aval de la iglesia?”, concluyó Salinas.

Así como en Chile y México, se denunció a los sacerdotes Fernando Karadima y Marcial Maciel, acusados de pederastia, en Perú, se denunció al Sodalicio en octubre del 2015 en el libro “Mitad monjes, mitad soldados”*. Hasta el momento, dicha organización sigue sin responder a la altura de la gravedad de las acusaciones ante sus víctimas y la sociedad peruana.

En la comisión investigadora de casos de abuso sexual contra menores en instituciones públicas y privadas que incluye al Sodalicio, que preside en el Congreso, Alberto de Belaunde, han acudido ex miembros del Sodalicio como José Enrique Escardó (el primer denunciante del sodalicio en el año 2000), José Rey de Castro y Oscar Osterling, quienes han denunciado los horrores de la organización y cómo hasta ahora ni el Estado, ni la justicia, reparan como debe ser a sus víctimas.

Hasta el momento, hay decenas de víctimas del Sodalicio esperando algún tipo de resarcimiento y con sus vidas en pausa, mientras ven a los miembros de la cúpula sonreír felices ante los flashes de las cámaras al presentar al nuevo secretario general de la organización, el colombiano, José David Correa.

En el caso peruano, el Sodalicio optó por cambios en la forma para su sobrevivencia, pero dejando el fondo intacto para que los miembros de la cúpula sigan teniendo el poder de siempre en lo político y en lo social, para evitar cualquier sanción por el daño causado desde que se fundo la organización en 1971.

“San Bartolo”

Es por eso que es digno de aplauso, la puesta en escena del teatro “La plaza” quienes pusieron en escena la obra “San Bartolo”** donde se resume de modo artístico lo qué es ser una víctima sexual del caso Sodalicio, al contar la historia de Álvaro Urbina.

Tal y como señala, Augusto Álvarez Rodrich: “el arte y el periodismo han demostrado ser canales notables para hacer visible el problema que la jerarquía católica quería ocultar, y para presionar por el cambio”.

La obra escrita por Alejandro Clavier y Claudia Tangoa es llevada de forma excepcional por ocho actores: Juan Carlos Pastor, Nicolás Valdés, Gabriel González, Stefano Tosso, Ítalo Maldonado, Claret Quea, Sergio Gjurinovic y Diego Carlos Seyfarth.

“San Bartolo confirmó mi interés por un teatro que no sea ajeno a su comunidad. En el mundo contemporáneo, donde todo es mediado por una pantalla, el teatro cobra una relevancia política. Es un espacio de reunión donde venimos lidiar con temas que, nos guste o no, forman parte de nuestra realidad. Apela al espectador y de alguna manera lo cuestiona: ¿qué piensas de esto que está pasándonos ahora?”, señaló Clavier a “Otra mirada” sobre porqué llevar a las tablas una obra sobre pedofilia.

En tanto, Claudia Tangoa dijo a “Otra mirada” que la obra se basa en dos aristas: el Sodalicio como un sistema de abusos que genera círculos viciosos donde las víctimas pueden convertirse en victimarios; y la opresión sexual que el Sodalicio ejerce sobre el cuerpo. A partir de allí trabajamos con Alejandro, los actores y Franklin Dávalos, un producto que funcione y nos satisfaga a todos”.

La obra “San Bartolo” es una muestra de la importancia de las reparaciones simbólicas a las víctimas del Sodalicio, quienes desde ya esperan ser escuchadas, atendidas y reparadas siguiendo los vientos de cambio que se observan en el Vaticano. 

Esperemos que Carlos Castilla, quien reemplazará al inefable Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, cumpla su promesa y se reúna con ellos, porque su dolor no puede esperar un minuto más.

*Paola Ugaz es co-autora del libro “Mitad monjes, mitad soldados” (Planeta, 2015) con Pedro Salinas.
**La obra “San Bartolo” se presenta en el Teatro Cultural Peruano Japonés hasta el 2 de marzo
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(Publicado en Otra Mirada)

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