¿Gabinete de recambio o destinado al fracaso?

Columnista invitado Otra Mirada

A pocos días de cumplir un año de gestión, el presidente Martín Vizcarra decidió cambiar su gabinete ministerial, desprendiéndose de su aliado político César Villanueva, quien retornará al Congreso para -aseguran diversas voces- fortalecer un respaldo importante del Legislativo al Ejecutivo.

La novedad vino desde el primer minuto: La inclusión del abogado y actor Salvador Del Solar como presidente del Consejo de Ministros. El incremento de la presencia femenina en el gabinete ministerial, dando una imagen de paridad en el mismo, un aspecto reclamado por diversos sectores en los últimos años. La llegada de especialistas de sus respectivos sectores en varias carteras.

Sin embargo, ¿le alcanzará estos cambios al gobierno para llegar tranquilo hasta el 2021 o tomar un nuevo aire que le permita recuperarse de la caída en las encuestas? Las recientes declaraciones del flamante titular de la PCM dan algunas luces sobre lo que será su labor en las próximas semanas frente a la política social y económica del país, teniendo en esta última una labor pendiente ante el estancamiento nacional.

“No soy de izquierda ni de derecha, soy de centro” ha dicho Del Solar señalando que impulsará los grandes proyectos de infraestructura y extractivos, pero con respeto al medio ambiente y a las comunidades, a la vez que seguirá defendiendo -entre otras cosas- la equidad de género y el respeto a los derechos de las poblaciones vulnerables.

La presencia de Del Solar pone énfasis en el impulso de las reformas políticas, aún bajo la autoría de la comisión presidida por Fernando Tuesta, además del respaldo a la lucha anticorrupción que tiene aún en vilo a diversos personajes políticos. La prioridad de estos temas deja en un segundo plano cualquier intento de cambio de la política económica.

La llegada de Del Solar es una apuesta por una figura mediática, más que política, pensada para las cámaras pero no para enfrentar los grandes problemas nacionales. No es un líder político, es más bien el clásico ejemplo de alguien que gana prestigio en otra actividad y pretende traer éste a la política.

Por ello es que algunos sectores no discuten la continuidad de Carlos Oliva al frente del ministerio de Economía, que solo demuestra el nulo interés del gobierno de Vizcarra de un cambio real en este sector y más bien perfila la continuidad del sistema, apoyado ahora en una propuesta discutible de Política de Competitividad, que significa -en términos reales- el crecimiento empresarial a costa de la reducción de derechos laborales y la disminución de beneficios para los trabajadores.

En un país con 440 mil adolescentes incluidos en la categoría “Nini”, jóvenes que no estudian ni trabajan, con un crecimiento económico en el mes de enero de apenas 2%, llama la atención que se continúe con una política económica que no prioriza el desarrollo ni el crecimiento social.

Estamos en un escenario distinto al del 28 de julio de 2018, donde el presidente ganó amplio terreno aprovechando la coyuntura de los “Cuellos Blancos” y enfrentando este tema con la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura y en donde confrontó al Legislativo con la propuesta de no reelección de congresistas, que fuera aprobada en el referendo del 9 de diciembre.

El contexto hoy aparece con un panorama donde los brillos de esas medidas ya bajaron, donde la gente vuelve a sentir que el bolsillo aprieta cada día mientras que los grandes empresarios, desde sus gremios, siguen haciendo sentir su presencia tratando de dictar medidas al gobierno para evitar que se les cobre lo que es debido.

Este descontento, sumado a la falta de reacción con la reconstrucción del norte, la atención de las nuevas emergencias y la ausencia de un vocero que pueda manejar los conflictos sociales y los reclamos de las regiones -que de alguna forma estaba representado por César Villanueva- puede llevar a una prueba de fuego bastante fuerte a un presidente del Consejo de Ministros como Salvador Del Solar y a su gabinete en general, que debe equilibrar su buena relación con los medios con el oxígeno que le puede dar al gobierno al enfrentar los problemas que se avecinan en el horizonte, a fin de que este no sea un gabinete destinado al fracaso. 

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