“Hola, amigo”

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

La denuncia por acoso presentada en contra del congresista Yonhy Lescano se presta a muchas suspicacias, tanto como las respuestas que él da sobre el asunto. Como ha sucedido, en situaciones similares, este escándalo ha desatado una polémica en la que abundan las expresiones de machismo.

Muchas personas han asumido que el legislador ha caído en una trampa del fujiaprismo de quien es enemigo político. Aparece, entonces, en la imagen colectiva, una mujer “regalona” que engaña al pobre e indefenso varón. Lo interesante es que él -un hombre maduro y de larga trayectoria en política- habría caído en el engaño con un “hola, amigo”. Muchos han asumido que una frase así, por estar escrita en un chat de medianoche, equivale a una autorización para que el interlocutor haga comentarios subidos de tono, y no es así. Es muy torpe asumir que, cuando una mujer decide abordar una conversación está buscando un acercamiento de tipo sexual, cualquiera que fuera la hora que marque el reloj. Encontrar intencionalidad sexual en conversaciones comunes es característica del acosador.

Si bien, aún, no hay suficiente evidencia para entender el caso Lescano, queda claro que necesitamos establecer las diferencias entre una broma subida de tono y un coqueteo, entre seducir y acosar; así como, entre tener enemigos políticos y responsabilizarlos de nuestros errores. Conspiración o no, nada obliga a una persona casada a mantener conductas que puedan afectar su matrimonio; y mucho menos, cuando existe un compromiso mayor asumido con un país.

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