Reforma política: No sólo se trata del Senado

Quinta Columna Alfredo Quintanilla

La buena noticia de la semana pasada es que se dio a conocer el Informe de la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política-CANRP. Como se recuerda, convocarla fue una iniciativa del presidente Vizcarra luego de conocidos los resultados del referéndum de diciembre. El cambio de Gabinete sembró la duda sobre si los propósitos de Vizcarra se mantenían.

No todos los actores políticos la habían recibido bien: fue criticada su composición y hasta sus intenciones. Se habló de intelectualismo, olvidando que entre sus miembros estaba Fernando Tuesta, que tuvo una significativa experiencia de gestión pública al mando de la ONPE y Milagros Campos, quien fue varios años asesora parlamentaria. Se criticó su falta de pluralismo, su sesgo ideológico, su feminismo y hasta se llegó a decir que sería la cámara legislativa de Vizcarra. Con profesionalismo y buen tino, la CANRP se reunió con todos los actores políticos y recogió de ellos sus diagnósticos sobre nuestro sistema político, así como sus propuestas para salir de la crisis.

El voluminoso informe es el resultado del estudio de todas las iniciativas de reforma que se han hecho en nuestro Congreso desde el 2001; de la cosecha de propuestas de partidos e instituciones; de la revisión de la experiencia internacional en este campo y, claro está, del análisis de los científicos sociales especialistas peruanos y extranjeros.

El informe analiza la crisis de nuestro sistema político, y de sus componentes, es decir, en primer lugar, la del sistema de gobierno que nos ha conducido recientemente a la renuncia del Presidente de la República y la investigación (y hasta encarcelamiento) por delitos de corrupción que pende sobre expresidentes, exministros, exgobernadores y exalcaldes. Pero, también, la crisis de representatividad y el desprestigio del Parlamento, que lo sitúa entre los últimos de Latinoamérica. Es la crisis más evidente y la que llamó la atención incluso del Papa Francisco en su visita del año pasado.

En segundo lugar, somete a examen la crisis del sistema de partidos, que incide directamente en la falta de gobernabilidad o inestabilidad que padecemos, gracias al total desprestigio que los aqueja, y a su precariedad e incapacidad para canalizar las inquietudes ciudadanas. Y esto atañe a los partidos, pero también, al sistema paralelo que conforman los movimientos regionales.

Por último, el Informe estudia la crisis electoral que es la causa y a su vez la consecuencia de la crisis general: la desconfianza y desinterés de los ciudadanos por los asuntos públicos y la política, que lleva a una mezcla de desapego e indiferencia a la espera de que el Estado arregle los problemas más urgentes de la inseguridad, el desempleo, la mala atención en salud o la educación; con la impaciencia y hartazgo que los lleva a gritar “¡que se vayan todos los políticos!”

El diagnóstico es fruto de esos diálogos con los actores, pero también con los intelectuales y con los ciudadanos preocupados por la crisis y refleja, en buena parte, afirmaciones compartidas desde diversas vertientes y tradiciones políticas, que debiera ser procesado con madurez y sin pausa en los siguientes meses. Luego de diagnosticar al enfermo, la CANRP recomienda un conjunto de reformas para alcanzar cuatro objetivos:

– Tener partidos políticos y movimientos regionales más fuertes y representativos

– Combatir la corrupción y fomentar la rendición de cuentas

– Tener una democracia más gobernable y con mejor control político

– Tener una mayor y mejor participación política de los ciudadanos

Como no se trata solamente de criticar y lamentar lo mal que estamos, la CANRP pone sobre la mesa un total de 76 medidas específicas para alcanzar esos objetivos en el mediano plazo (39 para los partidos y movimiento), que se plasman enseguida en doce proyectos de ley: cuatro para reformar 51 artículos de la Constitución y ocho para diversas reformas de la Ley Orgánica de Elecciones, la Ley de Organizaciones Políticas, así como la leyes de Elecciones Regionales y de Elecciones Municipales. Falta saber cuáles de esas propuestas hará suyas el gobierno, si las modificará y si serán bien recibidas en el Congreso.

Es totalmente cierto cuando el informe afirma que es “una propuesta ambiciosa, integral”, aunque es más discutible si es “realista y viable”, sobre todo cuando la prensa sólo se ha fijado en la creación del Senado, propuesta que apenas en diciembre la nación entera rechazó esa posibilidad en el referéndum.

La propuesta de reforma constitucional para tener un Congreso bicameral, con la que personalmente el suscrito discrepa, no debiera enturbiar ni abortar el debate, como algunos quisieran. Por el contrario, dice bien de la honestidad intelectual y moral de los proponentes, que siendo conscientes de ir contra la corriente, arriesgan su prestigio al afirmar su convicción de que será uno de los mecanismos de salida para la crisis.

Pero hay factores que se oponen a un debate ordenado y productivo: por un lado, el clima de enfrentamiento y crispación que vivimos desde hace varios años y que se expresa en un Congreso que no recibirá con entusiasmo las iniciativas que pueda presentar el gobierno –como que ya rechazó en el 2017 la propuesta de Código Electoral hecha por la Comisión del mismo Congreso, presidida por Patricia Donayre -. Por otro, las urgencias políticas y -curiosamente- el cronograma electoral que quita el sueño a muchos, pues cada vez se acerca más el mes de abril del 2021. Ambos nos pueden encajonar en un diálogo de sordos. Ojalá que Julio Guzmán, Verónica Mendoza, Kenyi Fujimori, César Acuña o Alfredo Barnechea, además de los líderes regionales, se involucraran en esta tarea. Pero, además, hay otra posibilidad: que seamos más, muchos más, que los políticos e intelectuales, los ciudadanos que participemos en el debate y lo extendamos por los cuatro suyos de la Patria. Este cronista, se compromete a ello.

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(Publicado en Noticias Ser)

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