Vacunas contra la ignorancia

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

En la popular novela de H.G. Wells, “La guerra de los mundos”, los marcianos que invaden la Tierra son derrotados por el menos pensado de los enemigos: las bacterias, esas microscópicas especies que acompañan a la humanidad desde siempre y de las que estamos protegidos gracias a diversos procesos inmunizadores. Uno de esos procesos fue creado por la ciencia hace unos 200 años: la vacunación. Esta ha reducido el número de muertes infantiles en el mundo y hasta había logrado desaparecer algunas enfermedades en las últimas décadas. Pero, lamentablemente, no logró inmunizarnos contra la ignorancia.

El sistema de la vacunación tiene una característica que lo hace vulnerable: todos los individuos deber inmunizarse, porque de lo contrario los virus y bacterias reaparecen en los sujetos no vacunados y mutan a una nueva generación que será resistente a las vacunas existentes. Es decir, los sujetos sin vacuna ponen en riesgo a todos los demás. Eso es lo que ha sucedido en el caso de enfermedades, que habían sido consideradas erradicadas, como el sarampión y la viruela, que han vuelto a reaparecer. Ha sido así, porque una corriente desinformativa “conspiranoica” ha provocado que miles de padres, sobre todo en EE.UU. y Europa, dejen de inmunizar a sus hijos.

El discurso del miedo y de supuestos contubernios internacionales nos han expuesto a todos, nuevamente, a peligros de salud pública que ya se habían superado. Pese a la evidencia, muchos defienden su “derecho” a no vacunar a sus hijos. Sin duda,, este es un catastrófico ejemplo de que la ignorancia mata.

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