De noche “La Mercaderes” es tierra de mercaderes (fotos)

El problema del comercio ambulatorio aún no se ha podido resolver en la ciudad

Informe

Cuando los gerentes de cuello y corbata regresan a sus casas al final de la jornada laboral, cuando los uniformados de la seguridad guardan el palo y el chaleco, cuando los ciudadanos de a pie van a la Goyeneche o al Puente Grau a tomar su colectivo o su combi y los negocios ya están cerrando; la calle Mercaderes, una de las más importantes vías de Arequipa, entra en “modo sórdido”.

Mercaderes

No hay nada más relajante que salir a caminar un fin de semana por la noche a la Plaza de Armas, tomar unas fotos, comer algo al paso y si es que el día lo amerita, irse de “Fiebre del sábado por la noche” en la descontrolada San Francisco.

Parece el plan perfecto, pero en el trayecto se puede percibir un panorama de caos que deslumbra la belleza del Centro Histórico, declarado, dicho sea de paso, Patrimonio  Cultural de la Humanidad, el 2 de diciembre del 2000.

Cae el sol y llega la noche. A las 22 horas de todos los días, se instala un “mercado de pulgas” y las autoridades no hacen nada al respecto. El problema de la informalidad y el desorden se agudiza el fin de semana, ambulantes que venden pulseras, mantas, gorros, artículos hechos a mano, peluches y un sinfín de productos, artistas callejeros y el incremento de venezolanos, es exponencial.

Es entonces que el reducido circuito de vida nocturna juvenil empieza su actividad.El centro se cambia de faz, la iluminación se hace rala, y la vigilancia de serenos y policías prácticamente se vuelve inexistente.

Mercaderes

La calle de los “mercaderes”

“La Mercaderes”, es una de las calles más concurridas y visitadas por los viajeros a lo largo de la historia y una de las más fotografiadas, su historia comercial ha simbolizado el crecimiento económico de la ciudad.

Las calles de Arequipa, a través de los años, han recibido un sinfín de nombres, habiendo llegado hasta nuestros días, solo algunos de ellos.

Luego de la fundación de Arequipa, todas las calles recibieron el nombre genérico de calle real; sin embargo, una de ellas, debido a las numerosas tiendas que tenía, fue conocida como la de Mercaderes. Y ha mantenido su nombre hasta ahora.

Hacia 1550, tuvieron sus tiendas: mercaderes, boticarios, herreros y escribanos. En su primera cuadra, estuvo el edificio de La Rinascente, dedicado a la venta de telas y otros objetos. Asimismo, se encontraban los grandes almacenes y joyerías de aquella época que hicieron de esa parte de la calle Mercaderes, la más concurrida y cara de la ciudad.

Fue en la gestión de Balbuena, en la que se tomó la decisión de peatonalizar toda la vía. Si bien es cierto la intención era convertirlo en boulevard, terminó convirtiéndose en una feria al paso, en donde cada 5 pasos, algún vendedor o ambulante ofrece algo. Caminar por el Centro Histórico de noche, es un deporte de aventura.

Sabemos que esto se controla de día; pero de noche, nadie lo hace y la situación cobra matices graves.

Las autoridades encargadas del Centro Histórico han declarado que su gerencia no se encarga de la vigilancia ni del control de ambulantes de la zona, sino que es la municipalidad la institución encargada de hacerlo. Explicó que en reiteradas ocasiones pidió que se atienda este problema, aunque no le han hecho caso.

Mercaderes

¿Por qué hay tanta informalidad?

“Ya no hay espacio”. Desde hace varios años, la Municipalidad autorizó a 2 mil comerciantes para que vendan sus productos en carretillas en la vía pública, como puestos de periódicos, golosinas, emoliente y comida rápida. Ya no hay espacio para nadie más, es el límite establecido como requisito de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Solo en la zona histórica hay unos 1500 ambulantes, siendo la Plaza de Armas, la plazoleta de San Camilo, así como las calles Mercaderes, San Francisco, Perú, Puente Bolognesi, Piérola y San Juan de Dios, las zonas donde hay mayor informalidad.

No hay un plan de concientización para educar al peatón sobre cómo usar el espacio público y que les permita entender por qué debemos proteger el patrimonio. En medio de este caos, el comercio informal tiene ahora un espacio mayor para desenvolverse.

El centro puede convertirse en un espacio vivo y de revalorización del patrimonio si se logra amalgamar las diferentes manifestaciones culturales de Arequipa con el respeto y el cuidado que requiere la ciudad, pero por cómo van las cosas, nada nos hace pensar que la medida sea exitosa.

Lo de aquí no es nuevo. Casi todos los centros históricos de América Latina y el Caribe han experimentado durante los últimos cincuenta años, primero, esta degradación y, luego, su gradual renovación. En todos los casos la voluntad política de las autoridades ha sido clave.

Hay que devolverle al peatón su principal centro de encuentro, pero esta vez sin vehículos contaminantes, sin ambulantes y sin malas costumbres en sus transeúntes, para así poder sin miedo y sin premura terminar de integrar a la Catedral y su atrio, mejorar su mobiliario, desencadenar su pileta, ampliar su espacio y disminuir su sequedad con inteligente arborización.
 
Un centro histórico pleno, en el que se pueda vivir y el cual se pueda visitar tranquilamente de noche, no es solo materia de interés turístico o comercial. Es sobre todo un asunto de identidad, una cuestión de amor propio que tenemos pendiente de abordar como comunidad. Tras ello, el brillo del pasado volverá solo.

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