Guaidó al agua

Columnista invitado Isaac Bigio

Tras su último fracaso del 11 de mayo para movilizar masas contra la captura de su número dos, Guaidó se va desgastando y hoy todos sus ataques contra Maduro y sus demandas en favor de una invasión militar de EEUU vienen trabajando para fortalecer al chavismo.

El sábado 11 fue una fecha crucial para el destino de Juan Guaidó y el de la Asamblea Nacional de Venezuela que él encabeza. Este era el primer día no laborable donde los opositores estaban obligados a hacer una gran demostración para celebrar 4 meses desde que reclaman desconocer el segundo mandato de Nicolás Maduro y de haber establecido una “presidencia encargada”; y, por sobre todo, para protestar contra la detención de Edgar Zambrano, vicepresidente de dicho parlamento, ocurrida el miércoles 8 en la noche.

La manifestación convocada por la Asamblea Nacional se dio en un buen día feriado y hora, en un lugar de clase media donde ésta tiene mucho apoyo y sin que haya habido problemas con el metro, el transporte público, la policía o los colectivos. Según medios que simpatizan con Guaidó ésta tuvo muy pocas personas. The Guardian, el principal diario británico que cubre Venezuela, reportó que solo asistieron algunos cientos de concurrentes, mientras que Fox News, el principal noticiero televisivo pro-Trump de EEUU, abiertamente mostró su decepción porque en el mejor de los casos –según ellos – hubo un millar de opositores.

La Patilla, el principal diario ligado a la presidencia de la Asamblea Nacional, mostró las fotos de la protesta en la cual no se veía mucha gente pero si se mostraba una gran bandera estadounidense junto a una venezolana.

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Sin autocriticarse

En su discurso Guaidó no propuso ninguna medida para resolver los problemas de salud, servicios, abastecimiento o de cualquier otro tipo, pues, nuevamente, solamente se concentró en responsabilizar a Maduro de todos los males del país. Esta vez no habló de hacer los paros escalonados hacia la huelga general, la cual ha sido su consigna desde que regresó a Caracas el 4 de marzo y luego del fracaso de su intentona militar del 30 de abril. Tampoco mencionó su otro slogan de que el cese de la oscuridad vendrá con el cese de la usurpación, algo que el chavismo le sacaba en cara como si fuera una confesión de parte de que Guaidó, a media semana de regresar a Venezuela, era quien estaba junto con EEUU efectuando tales mega-apagones. De igual manera no hizo mención a la ayuda humanitaria que en enero mismo él mismo había jurado que era esencial para que no murieran ya cientos de miles de compatriotas suyos.

Guaidó tampoco ha hecho la más menos autocrítica. No ha explicado por qué no se ha podido concretar los sucesivos días del “cese final de la usurpación” que ha venido prometiendo desde enero; por qué el 23 de febrero no se cumplió lo que él prometió (que la ayuda humanitaria iba a entrar “sí o sí” a Venezuela); por qué el mega-concierto hecho por Sir Richard Branson en Cúcuta no llegó ni a la quinta parte del millón de concurrentes que anunciaron (datos de la propia Univisión que apoya a Guaidó); por qué no pudieron hacer pasar sus camiones con ayuda traída en aviones militares desde Colombia a Venezuela y por qué sus activistas quemaron algunos de estos en el lado colombiano; por qué no se han dado los paros escalonados tan anunciados; por qué el 30 de abril el levantamiento armado no contó con el apoyo tan anunciado de muchos militares y masas; por qué el primero de mayo no se dio la mayor marcha popular del mundo y de la historia venezolana que Guaidó tanto prometió efectuar (ese día no laboral pocos millares acudieron a su concentración, decenas de veces menos que las multitudes de chavistas que marcharon hacia Palacio de Miraflores); y por qué pocas decenas de personas asistieron a su llamado de ir a visitar a los cuarteles a inicios de mayo.

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En vez de dar explicaciones sobre ello Guaidó ha decidido continuar ignorando ello y siguiendo presentando a la situación como cada vez más y más inmejorable. Esto, por supuesto, desmotiva a sus seguidores. Eso es algo que se puede percibir en el programa televisivo de la exiliada venezolana en Miami Patricia Poleo. Una de sus entrevistadas manifestó sentirse defraudada como opositora por la manera en la que el “Presidente Encargado” para pidiendo cientos de millones de dólares de los que no rinde cuentas y porque lo único que se logró el 30 de abril fue pasar a Leopoldo López (el jefe del partido Voluntad Popular de Guaidó) de estar rodeado en su casa para pasar a estar rodeado en una embajada que no es su domicilio.

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Guaidó sigue insistiendo que la asonada del 30 de abril fue un éxito porque permitió mostrar que hay soldados que desobedecen al alto mando. Sin embargo, el 22-23 de febrero ha habido muchos más desertores uniformados, mientras en el golpe fallido solo ha habido pocas decenas de implicados. El 30 de abril los sublevados no lograron capturar a la base militar aérea que quisieron, conseguir el apoyo de algún cuartel o comisaría, movilizar multitudes o provocar muchos muertos para justificar una “crisis humanitaria” que amerite una intervención militar de EEUU.

El 30 de abril fue una derrota que hizo que López, quien pretende transformarse en el Mandela venezolano, tuvo que asilarse a 12 horas de haber sido liberado de su prisión domiciliaria; y que ha hecho que Maduro se fortalezca y pase al contraataque. Al no querer reconocer ese paso dado en falso, muchos antiguos seguidores de Guaidó le deben estar perdiendo credibilidad, sobre todo en el exterior.

En la manifestación del 11 de abril Guaidó evidenció dos cosas.

Uno, es que ya ha perdido esa convocatoria de masas que tuvo en enero, donde sus manifestaciones inicialmente fueron mayores que las del chavismo, y que su militancia se viene reduciendo a un núcleo duro conformado por gente acomodada y de orígenes europeos.

Dos, que ya no tiene nada más que proponer a menos que sea implorar a EEUU y a sus vecinos a que invadan a Venezuela.

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*Isaac Bigio es politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde ha enseñado política venezolana y latinoamericana.

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