Huambo: La representación viva de una cultura ancestral (FOTOS)

La semana santa en Huambo, en pleno corazón del Colca, ha representado por generaciones enteras la celebración de un llamado de paz y hermandad entre pueblos, en busca del bien común

Patrimonio El Búho

Fotos: Jorge Guerra

Difícil no conmoverse cuando se escucha un canto en quechua, idioma madre que se mantiene en las comunidades y pueblos del Colca, orgullosos de conservar sus raíces andinas. Escuchar atentamente cada palabra que sale de lo más profundo del corazón del capellán, sosteniendo una vela como si estuviese conversando directamente con su salvador a quien llaman Jesús. “Buscando a sus hijos se entregó a la muerte. Vamos madre, a sepultar a tu hijo que por culpa de los pecadores ha padecido todavía”-dice en quechua.

Llamada también la “perla escondida de Colca”, Huambo es uno de los distritos de la provincia de Caylloma con tanta riqueza material e inmaterial cultural que fue declarada como patrimonio cultural de la nación en el 2012, gracias a sus dos costumbres más importantes: La Fiesta de San Lorenzo Mártir y la Semana Santa. Ubicado a unos 3022 m.s.n.m. reúne viejas costumbres que siguen vivas en la mayor parte de sus pobladores.

Vestido por la cordillera de Chila, reúne variados ecosistemas (entre pampas, manantiales, campiñas, canales y cascadas). La población Huambo rememora muy bien las antiquísimas tradiciones andinas. Tienen un gran respeto por la agricultura y el intercambio recíproco de recursos, además de estar dividido por dos zonas o barrios que representan el mundo de arriba y el mundo de abajo: Los Anansaya y los Urinsaya. El concepto proviene de una antigua tradición dual andina expresada en la división espacial y mítica “hanan” y “hurin”.

La Semana Santa

Quien conoce Huambo en semana santa, se encuentra con una fuerte devoción por la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, que comienza desde el llamado “Viernes de dolores”, donde los mayordomos de la virgen Dolorosa se encargan de llevarla en procesión por todo el pueblo dando inicio a la semana santa huambeña. El “Domingo de Ramos” está a cargo de dos comisarios que se encargan de proveer palmas y adornar las andas del señor de Ramos. Estos adornos se hacen con frutas, legumbres y hierbas aromáticas -una de ellas que crece en abundancia en la parte más baja del valle es la albahaca-. Desde el martes se realizan las procesiones en horas de la tarde. El miércoles se produce uno de los encuentros que más desconsuelo provoca entre los lugareños. Es la despedida entre Jesús y María Dolorosa.

Con ese sabor amargo empieza el día jueves. El Jayahampi (amargo) representado por el vinagre que le dieron a Jesús en la cruz. Es una bebida cuya característica principal es el sabor amargo intenso producto de la clorofila de varias hierbas.  Esta bebida se les da a todos los fieles del pueblo.  A media noche se realiza la crucifixión de la imagen, entre cantos y plegarias. El viernes santo, en cambio, se realizan penitencias a pie descalzo, subiendo a cerros tutelares y ayunando. Ya en la tarde se hace la colación, un ritual solidario que reúne a distintas personas del pueblo para compartir diversos platos entre todos, como el célebre ají de lacayote. Sin embargo, un sonido con matracas rompe el silencio de la comunidad. Anuncia el relato de las 14 estaciones representadas con 14 velas. Cada denario representado es una vela apagada.

Sábado de gloria

Luego, una vez en tinieblas, los encargados reparten azotes entre los pobladores, familiares e incluso entre ellos mismos.  La llamada “Noche de tinieblas” representa el descenso de la imagen de Cristo de la cruz, entre cánticos, como: “Señor acuérdate para que me perdones”. Sahumando el ambiente se baja con cuidado la imagen para luego ponerla ante el altar, permitiendo que los feligreses, llenos de arrepentimiento y de amor, deseando con todo su espíritu y fe, se acerquen de rodillas y besen sus pies.

Entonces, el sábado el pueblo amanece tranquilo, sobrio, pero a las 12 del día se escuchan cohetes y repique de campanas anunciando la resurrección del divino. Retomando la alegría, el pueblo acompaña su regocijo con chicha de maíz. En la tarde se adornan las cruces de los cerros tutelares por parte de los lanlacos (personaje característico que viste máscara de cuero de cabra, orejas de burro y cola. Su función es cargar los ramos para vestir las cruces, tienen recuas que producen un sonido que representa a los animales sin domar y sus arrieros. Finalmente, el domingo de resurrección se realiza el “Chaprinacuy”, para luego proceder a la ceremonia de pase de mayordomía. Uno a uno son azotados simbólicamente por los actos que hubieran cometido.

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Visitar Huambo en estas fechas, podría ser una forma de acercarse a sensaciones perdidas: La familiaridad y la amistad. Llenarse de ese sentimiento de hermandad, identidad e integración con la gente de su pueblo, con ellos mismos. Así, en estos tiempos que la vida vale poco y que el dinero corrompe a los justos. Todo, a 6 horas de viaje. 

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