La pequeña muerte del farsante

Columnista invitado Odi Gonzales

En la espléndida entrevista de César Hildebrandt a Borges, hay un segmento en el que el maestro argentino lanza duras imprecaciones contra el expresidente Perón, llamándolo rufián y cobarde. “Pero, Borges” -le increpa el periodista peruano- “Perón está muerto”. Y, Borges, liquida: “Un rufián muerto sigue siendo un rufián. Y un cobarde muerto no es un valiente. La muerte no beneficia tanto”.

¿Y, cuánto hay de sí en la ejecución de un suicida?

El deceso de AG por mano propia, no prefija la inmolación de un héroe, digamos la del bonzo Cahuide en la sitiada Saqsaywaman; la carga de un solo hombre contra el pelotón de artilleros (hispanos). El disparo de AG en su habitación, prefigura el estallido de un tubo de escape. Fue Gustavo Gorriti, periodista cabal y eficaz, el húsar que frenó y arreó al caballo loco al confinamiento de su cuadra. Gorriti -y su equipo- acometió laboriosas pesquisas que, tal vez -hay que decirlo- no hubieran emprendido ni los propios sagaces jueces del caso Lavajato. En una sumersión en aguas residuales, ramales de cloacas, albañales y desaguaderos, los resueltos periodistas de investigación de IDL Reporteros se adentraron en un infranqueable laberinto con biombos y paramentos que ocultaban el coso del orondo minotauro. Después de ser sitiado, su arrogancia cundió en el ruedo; “demuéstrenlo, pues, imbéciles” profirió, y su labia cundió no sólo en los oídos de los periodistas, de los jueces, sino de los ciudadanos decentes del Perú.

Lo que siguió después fue una sucesión de dislates y desatinos; acorralado, cercado, AG empezó a difamar e injuriar al honesto periodista; regido por su ego colosal, subestimó la reacción, el turno del ofendido. Para la mala suerte de AG, el diestro periodista, era también un investigador nato, dotado de una singular inteligencia, reflejos y capacidad deductiva, superior a las meras astucias de un bribón. El resultado de las pesquisas, reveló la sutil trama, la urdimbre del zurcido invisible (oficio en franca extinción): chalán, Nava, Atala, y progenie. Fue como si AG escuchara en la ducha ‘quieta, sarna’, que es el conjuro con el que los llameros amainan el espíritu dañino del malviento, cuando los acecha en las cuestas. Así, los periodistas de IDL, con una precisión milimétrica, demostraron a AG y al Perú lo que poco después, el testimonio de Barata sólo confirmaría.

Un puñado de fraseos es lo que sobrevivirá al suicida; consignas que no derivan, ciertamente, de la agudeza de un estadista, de la introspección de un líder, sino de la dicción de un pandillero: Y, ¿cómo es la mía?; la plata llega sola; el que no la debe no la teme; otros se venden, yo no; tengo ego colosal, no me voy a rebajar a pedir unos centavos” alocuciones vinculadas sólo al hurto y la corrupción.

Entre sus disquisiciones, perdurará lo que perpetró en un programa de televisión, después de los incidentes del Baguazo, en el que perecieron 23 policías y 10 pobladores que defendían sus derechos territoriales. En aquella oportunidad, además de infamar a los nativos amazónicos “no son ciudadanos de primera clase”, arremetió contra los ríos y las montañas, y la propia espiritualidad ancestral andina. Sobre este arrebato manifestamos en una entrevista:  “Lo más desdichado que oí en mi vida fue el razonamiento de un ex-presidente peruano que dirime el conflicto minería/medio ambiente, desde su talante de mercader: ‘hay que derrotar a las ideologías absurdas panteístas que creen que las paredes son dioses…y el aire es dios, en fin… fórmulas primitivas de religiosidad, cuando se dice no toques ese cerro porque es un apu…deje Ud. que los que ahora viven se nutran o tengan trabajo en la inversión en esos cerros’ (Gaceta Neoyorquina, 2016).

Loado y llorado allá por sus deudos y seguidores; aquí, presagio la tenaz memoria colectiva “en vida fue un ser detestable; muerto es despreciable”. Su muerte, esa pequeña muerte [la petite mort], configurada por Georges Bataille para referir el instante supremo y efímero del orgasmo, puede devenir en epitafio.

                                                                                               Greenwich Village, New York, Abril 2019

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