Madres de carne y hueso

Quinta Columna Alfredo Quintanilla

Las imperativas expresiones de la congresista Tamar Arimborgo (Fuerza Popular) prescribiendo que el sexo entre hombres y mujeres sólo tiene un propósito reproductivo y no placentero, han causado revuelo. Y aunque la mayoría de los peruanos no prestemos crédito a sus dichos, debe saber que Arimborgo representa a cientos de miles (espero que no a millones) de cristianos que tienen profundo temor ante los sucesos que el cambio de época ha traído, desde la aparición de los anticonceptivos. Gente a la que la revolución de las costumbres y de la cultura global de los últimos 60 años les llena de pavor y no sabe cómo reaccionar sino sólo refugiándose en una visión religiosa dogmática y antihistórica que pretende poner fin a la educación sexual en los colegios.

Se deduce de la visión religiosa de Arimborgo que las mujeres han recibido la misión de ser madres -vírgenes, como María[1], es decir, negadas para el placer. Idea que se exalta por estas fechas, sembrando la sospecha sobre “las otras”. Pero hay que ver que la mayoría de varones, y hasta los liberales e igualitaristas, la suscriben inconscientemente y quiere fijarlas en ese modelo de mujer-amorosa-sumisa-sacrificada. El magisterio de la Iglesia descuidó completamente durante veinte siglos la reflexión teológica sobre el rol de la mujer en la Iglesia, la familia y la sociedad.

La reivindicación de María Magdalena es reciente y empezó con La última tentación de Cristo, la novela del ortodoxo Nikos Kazantzakis de 1953, aunque el Vaticano puso férrea resistencia a la divulgación de su versión fílmica a cargo de Martin Scorsese en 1988. La tentación no era escabrosa ni blasfema sino sencilla y subyugante: Cristo ya en la cruz imagina cómo hubiera sido su vida si renunciaba a la predicación, como carpintero en Nazareth, casado con María de Magdala y muchos hijos. Antes, César Vallejo en Los Dados Eternos (1915) había cuestionado directamente a Jesús por no haber tenido la experiencia del amor de pareja: “Dios mío, si tú hubieras sido hombre / hoy supieras ser Dios … ¡Tú no tienes Marías que se van!”

Muchos de los cristianos que Arimborgo representa, deben pensar que la historia da vueltas y están otra vez frente al promiscuo mundo grecorromano que enfrentó San Pablo[2] y por eso, quieren dar las mismas respuestas que él. El río revuelto de la multiplicación de tatuajes y peinados raros, pasando por modas de vestir extravagantes, música y bailes extraños, hasta la liberalización femenina, la oferta sin restricciones de pornografía en las redes sociales, la denuncia contra miles de curas pederastas de la Iglesia Católica, la eclosión de movimientos LGTBI, los matrimonios homosexuales y la reivindicación abortista, fuera de la multiplicación de la violencia urbana, el tráfico de drogas fuertes y de los suicidios, no crean, precisamente, un panorama luminoso y esperanzador para quienes fueron criados en una época menos agitada.

El racional y ateo Freud, con la autoridad que muchos le reconocemos, planteó una tesis irrefutable: la represión sexual que trajeron las religiones de oriente ha permitido el avance de la cultura. Pero a la vez, la exagerada represión sexual sólo conduce a la neurosis, la deshumanización y al atraso. No toda revolución política trajo consigo la liberalización de las costumbres, pues algunas, como las del socialismo real, terminó reprimiendo la reproducción y el placer sexual. Entre nosotros, el advenimiento de la República mantuvo a las mujeres tapadas, cocinando su rebeldía a fuego lento. Tan fuerte es nuestro machismo que tuvo que imponerse desde arriba en tiempos del fujimorismo una política de cuotas para que las mujeres participasen en política.

Por eso, el reclamo que, en la interpelación de la ministra Flor Pablo, les hizo la congresista Tania Pariona (Nuevo Perú) a los fujimoristas sobre su retroceso por aliarse con los fundamentalistas cristianos, fue muy certero. No se entiende cómo defensores del exitoso (a decir de Vergara) modelo neoliberal puedan seguir aliados con gentes que no son conservadoras, deseosas de mantener el statu quo, sino reaccionarias, que querrían hacer retroceder el carro de la historia.

Pero la señora Arimborgo dirige su discurso no sólo a los suyos sino también a los católicos de base, pues sabe que no están vacunados contra el miedo ni contra la propaganda de #ConMisHijosNoTeMetas, y que el cardenal Cipriani tuvo una orientación proclive a esa alianza. Tal vez a eso quiso referirse recientemente el nuevo arzobispo de Lima, Carlos Castillo, al recordar que el apóstol Juan decía que no debe haber temor en el amor, que el amor al prójimo debe presidir la vida del cristiano porque “el temor y el miedo mira al castigo, en cambio el amor expulsa al temor”.[3]  Pero no es suficiente, se necesita la orientación del nuevo arzobispo en un mes en que la ofensiva fundamentalista amenaza con una marcha nacional.

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[1] El invento del dogma de la inmaculada concepción de María no tiene fundamentos teológicos sólidos. No se entiende cómo, si Jesús es Dios-hombre, afectaría a su divinidad (o a la pureza de María) el que tuviera otros hermanos, como, de hecho, lo reconocen los Evangelios.

[2] Aunque su alusión a Sodoma y Gomorra nos lleva miles de años atrás, a los tiempos primordiales y míticos.

[3] https://www.arzobispadodelima.org/2019/04/28/el-senor-nos-ensena-a-perdonar-amar-y-corregir/ Homilía del Primer Domingo de Pascua

Publicada en Noticias Ser

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