Mujeres: trabajo invisible

La columna Mabel Cáceres Calderón

Un fino trabajo de Chequeado, el medio pionero de la verificación en América Latina, concluye que las mujeres dedican en promedio tres horas más por día que los hombres, al trabajo doméstico. O sea, a las labores de casa: ordenar, lavar, cocinar, cuidar de los niños y los ancianos.

Aunque demandan valioso tiempo, esfuerzo y la imposibilidad de ganar dinero en esos espacios de tiempo, no es reconocido como trabajo. Según especialistas consultados, esas tareas demandan, no solo capacidades, sino tiempo e incluso gastos, a quienes se hacen cargo de ellos.

Así, preparar la comida, ordenar la casa, ayudar a los chicos con las tareas, llevarlos o recogerlos del colegio, sacar citas médicas, o llevar la economía doméstica, no solo son trabajos duros, sino calificados y demandantes.

En nuestra sociedad, en su gran mayoría, esa Gerencia del Hogar, está reservada a las madres. Pero, contrariamente a la economía de mercado que pregonamos, no es remunerado ni reconocido. De hecho, en la medición del Producto Bruto Interno (PBI) no se lo considera, aunque especialistas consultados por Chequeado estiman que el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, representa cerca del 25% de una economía.

Si bien, cada vez más, los varones comparten las tareas de casa y el cuidado de los hijos, en promedio, las mujeres dedican el doble de tiempo a estas labores. Seis horas diarias, aproximadamente, contra tres que le dedican los esposos. Y si hay niños menores de 6 años en casa, el tiempo que dedica la mujer sube hasta 9 horas, contra 4,5 de los hombres. Esto, cuando se hacen cargo, claro está. Pues muchísimos no habitan en el hogar y pretenden que una pensión ridícula compense estas tareas.

Valor económico

Pero, el tiempo que las mujeres dedican a las tareas domésticas y que no pueden dedicar a su carrera profesional o al esparcimiento, tiene consecuencias. Mientras menos recursos tenga la mujer, ya sea en su educación, trabajo o clase social, la situación se desequilibra más. Y así, la brecha salarial entre los hombres y las mujeres, no se puede cerrar, en gran parte, por esta situación de injusticia.

Y en el plano del tiempo libre y la posibilidad de hacer vida social, cultivar habilidades; o, simplemente, combatir el estrés, también es evidente.

Así pues, en el Día de las Madres, en lugar de hacer algo tan irreflexivo como regalarle una plancha; mejor nos detenemos a pensar en esto.

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