Populismo en el sillón regional

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Por definición, un discurso populista no es un discurso sensato, pues apela a las emociones por encima de la razón. En otras palabras, el político populista hace promesas que satisfacen a la tribuna, pero que no puede o no debe cumplir, ya sea porque no está dentro de sus competencias o porque las consecuencias serían negativas para la sociedad. Prometer, por ejemplo, regalar el dinero del municipio a los pobladores, es una noticia que muchos recibirían con entusiasmo. Pero que implica la comisión de un delito (malversación de fondos) y el efecto social negativo de la dependencia económica. Es decir, las autoridades populistas pueden ser nefastas para el pueblo, aunque logren levantar la falsa imagen de que están siendo buenos gobernantes.

Cuando el gobernador regional, Elmer Cáceres Llica, promete sanear y entregar títulos de propiedad de terrenos invadidos está siendo populista y de los grandes. En primer lugar, la invasión de terrenos es un ilícito y no corresponde a una autoridad legitimar un acto que contradice las leyes. En segundo término, este tipo de promesas termina fortaleciendo al tráfico de terrenos, el mismo que lucra con la necesidad de vivienda de los más pobres y constituye una de las más grandes redes de corrupción que existe actualmente en los gobiernos locales de todo el país. Hay que tener en cuenta que los traficantes de terrenos suelen ser los mismos dirigentes que ofrecen “mover sus influencias en el gobierno” para lograr la legalización de las invasiones. Una autoridad no debería servir para el cumplimiento satisfactorio de actividades ilegales.

(Publicado en Correo Arequipa)

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