Debimos cambiar y no lo hicimos

Sobre el volcán Juan Carlos Valdivia Cano

Los problemas que no se resuelven de raíz, lo único que hacen es crecer, a veces, temporalmente semi ocultos, para después volver con fuerza explosiva cada vez más extensa e incontrolable. “Ser radical es llegar a la raíz, y la raíz para el hombre es el hombre mismo”, recordaba el joven Marx, hablando de cambiar.

Todo esto para expresar que, en el actual contexto, las soluciones que el gobierno ha propuesto pueden ser acertadas y específicas, pero con serio riesgo de terminar, como siempre, a pesar del buen liderazgo del presidente. Sino se intenta por lo menos hablar (y mejor discutir) sobre el problema de fondo, el problema en su raíz, el que genera casi todos los otros problemas, el factor determinante: el de la calidad educativa de la educación peruana realmente existente y mayoritaria (dogmática, autoritaria, acrítica, irracional, memorística y tediosa) es decir, nuestra escolástica hispano andina; el modelo o visión de la educación desde que Pizarro entró a Cajamarca, con el fraile Valverde a su costado, que nunca cambió.

Degradación de las instituciones

Lleva razón Federico Salazar al sostener que “para revertir el proceso de descomposición de nuestras instituciones se debe partir de un diagnóstico”, que no ha hecho el presidente Vizcarra en este tiempo. “Ni el gobierno ni nadie ha estudiado el problema de la degradación de nuestras instituciones. No lo han hecho ni siquiera las facultades de derecho de las universidades” agrega FS.
El “ni siquiera” de Federico Salazar lleva implícita la idea que son las Facultades de Derecho las llamadas a realizar ese diagnóstico. Lo malo es que, si alguna vez cumplieron ese papel, ahora estas instituciones han reducido regionalmente la enseñanza del derecho a lo adjetivo. No se discute, ni investiga de verdad regionalmente, y menos temas jus filosóficos. Exactamente como si no existieran.
Y no hay buen diagnóstico sino llega a la raíz, al fondo del asunto, como se dijo: La calidad educativa de la educación mayoritaria. Y en primer lugar el aspecto ideológico, que es lo fundamental. Pero las facultades de derecho no están hechas para esos menesteres aunque deberían estarlo, como cuando se hacía dos años de humanidades hasta fines de los sesenta. Por eso el nivel educativo era relativamente más alto, aunque la falta de humanidades de calidad no sea el factor único de la debacle educacional. Pero si no tocamos este asunto en primer lugar, ¿cómo vamos a reformar la educación si lo prioritario es la calidad? Si la calidad educativa comienza a ser una realidad y ya se puede ver y tocar, lo demás se da por añadidura.
Empero, tratándose de un diagnóstico hay que pensar en el tipo específico de educación de la mayoría de peruanos realmente existente, la que tiene actualmente, y la que le conviene tener. El examen histórico de sus características y sus consecuencias es indispensable; los individuos y las instituciones que han pesado más en la educación peruana, que condiciona la forma de ser y de pensar de los peruanos. Algo más descriptivo que evaluativo, primero. Esa es la educación que se descompone y corroe, la herencia colonial volcada al pasado, tradicionalista, retardataria y conservadora, ahora monstruosamente representada en el fujimorismo, que en política es lo más tradicional, es decir, lo de siempre. Eso no cambió en absoluto con la Independencia. Está bien vivo y extendido socialmente: la pre modernidad.
Debimos cambiar hace tiempo y no lo hicimos. El costo ha sido demasiado alto. Por siglos criados, educados para no cambiar, salvo por inercia, mimetismo o enajenación. El énfasis debe estar, primero, en la crítica y el cambiar paradigmas, cosmovisiones, visiones, concepciones del mundo, o lo que se quiera llamar. El problema de la calidad educativa en su raíz es ideológico educativo, aunque haya otros varios factores. Si se lograra la calidad educativa, con el cambio de paradigmas, la política, el deporte, la economía, etc, que requieren buen material humano, más crítico y creativo, mejorarían significativamente. La educación moderna o es crítica o no es moderna. Y no florece en una sociedad ideológicamente premoderna donde predominan la fe y la tradición más que la reflexión y la razón.

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