La importancia de las PASO

Columnista invitado Nicolás Lynch

Entre las cuestiones en debate sobre la reforma política, una fundamental son las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), porque definen tanto la democratización de los partidos, al permitir el voto ciudadano en la elección de sus candidatos, como el paso de los mismos a competir en elecciones generales si es que consiguen un mínimo de asistencia a sus primarias. 

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En ambos casos el mecanismo tiene que ver con la legalización de los partidos para que puedan hacer política y con darle voz a los ciudadanos para que expresen su voluntad en la selección de los candidatos dentro de la agrupación de su simpatía. 
Ambas cuestiones, están en el corazón de lo que la ciudadanía ha venido reclamando en los últimos años y que el sistema vigente le ha negado de forma reiterada. Asimismo, son la clave para considerar esta reforma como una oportunidad para la izquierda y las fuerzas progresistas que permita la democratización efectiva de este régimen político.

En los últimos días se ha pretendido desprestigiar la propuesta de las PASO con el argumento pueril de que sería una intromisión de personas ajenas y, peor todavía, de la autoridad electoral, en la vida interna de los partidos. Nada más falso. No se trata de una varita mágica, pero las PASO, que ya se han implementado en varios países de la región y muchos en el mundo, constituyen un primer escalón en la democratización de los partidos y de la política en general. La razón es que le quitan poder a las élites para dárselo a la ciudadanía en la definición de quiénes tendrán las candidaturas para tentar la representación popular. No son una intromisión entonces sino un fortalecimiento de la soberanía popular. En lo que respecta a la organización y vigilancia de la autoridad electoral de las PASO, se trata de una cuestión central que permitirá darle legalidad y legitimidad a los resultados más allá de los conflictos internos de cada organización política.

Este es, además, un mecanismo en el que sus varios elementos están articulados. El nivel de la elección primario, va de la mano con que las elecciones sean abiertas a todos aquellos con derecho a voto, promoviendo así la participación; el que sean también simultáneas para todos los partidos el mismo día, trata de evitar el acarreo de votos y el que, por último, sean obligatorias permite juntar los votantes necesarios para pasar a la siguiente ronda. 

En este punto, los liberales de última hora se han rasgado las vestiduras señalando que el voto debería ser voluntario y más todavía en elecciones primarias. Lo que olviden estos críticos es que un electorado desacostumbrado a la participación tomaría la no obligatoriedad como una invitación a la ausencia no a la libertad.

Las PASO son  indudablemente un terremoto para una cultura partidaria basada en el secretismo de las cúpulas y la negociación a espalda de las bases. No por gusto son férreamente resistidas por la mayoría congresal, que ha construido sus partidos en las antípodas de lo que pueden significar estas primarias. Por ello, difícilmente serán aprobadas por una mayoría contraria. Será fundamental la movilización popular que obligue, en este como en otros puntos, a un Congreso reacio a acatar la voluntad ciudadana que en sus diversas manifestaciones se muestra abrumadoramente a favor de la reforma.

(Publicado en Otra Mirada)

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