Los misteriosos restos arqueológicos de Puno

Sillustani: memoria de la piedra o la muerte como refugio

En el principio fue la piedra. Elegidas al borde de la laguna, con una isla truncada en el centro -a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, y como si estuvieran colgadas del cielo- los cilíndricos refugios funerarios se recortan contra la lluvia y el abierto paisaje norte del altiplano puneño. Es un espacio para prolongar el tránsito de la muerte de los nobles kollas, y nada más solemne que la piedra finamente trabajada para continuar el nuevo viaje.

La Revista Avatar

La sabiduría de la técnica, como en las construcciones incas, acompañan el relato de las piedras, en curvas perfectas que encierran el monólogo de la muerte. En algunas, escurridizas lagartijas atrapadas en el relieve de la piedra miran hacia el cielo. Y parece haber un diálogo entre éstas tumbas verticales, como seguramente había en los muertos desde cuyo recinto comenzaban el viaje circular de la vida y la muerte.

Sillustani es un cementerio de tumbas que crecen hacía el cielo, en esa precisa armonía que los antepasados buscaban con los elementos del paisaje. Su intervención hace que las nubes, la lluvia, y el ligero ondulado de la línea del altiplano, conformen una sincronizada y deliberada suma de elementos; porque la muerte para los antepasados kollas, también fue una elevada forma de armonía.

Una versión sostiene que las formas fálicas de las tumbas encierran el símbolo del…

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