Religión: la supresión masiva de las facultades críticas

Columnista invitado Eduardo Abril

Reconocemos que todos tenemos derecho a profesar la religión de nuestra preferencia. ¿Pero qué si los efectos de  esas creencias no quedan restringidos a la libertad de credo y más bien trascienden negativamente a otros aspectos de nuestra vida? ¿Qué pasa si las religiones de paso entrenan a toda una población para negar la realidad? ¿Qué si además nos adoctrinan para no escuchar, no dudar, no investigar, no entender, no cambiar, no innovar? ¿Que si promueven la deshonestidad intelectual? ¿Qué si nos preparan para no poder distinguir entre el saber y el adivinar? ¿Debemos permanecer indiferentes observando como la religión continua privando a la gran mayoría de la población del desarrollo de facultades críticas que son el motor mental que hace posible el progreso de la sociedad?

En pleno siglo 21, con toda la tecnología y educación al alcance de mucha gente, si la religión no fuese real, si nadie ha podido demostrar la existencia de algún dios en religión alguna ¿Cómo puede explicarse que la mayoría de la población en el mundo continúe aceptando alguna religión? Es posible porque la formación religiosa distorsiona el pensamiento humano por medio de un largo y efectivo proceso que consigue someter cerebros haciéndolos adictos a la certeza, una condición mental que al igual que otros tipos de adicción, es inmune a la lógica y la razón.

No busco causar un mal momento a nadie, pretendo llamar la atención acerca de la gravedad del daño neurológico causado por actividades religiosas. Si, daño neurológico. Como ciudadano trato de mejorar la sociedad apoyando el adecuado desarrollo de las facultades críticas, las que desde siempre han sido suprimidas como condición vital para la formación religiosa y su prevalencia en las sociedades.

Las facultades críticas pueden ser definidas como la capacidad para emitir juicios sobre lo que es bueno o si corresponde la realidad o no. “Las facultades críticas son un producto de la educación y la formación [no se nace con facultades criticas].  Son un hábito mental y a la vez un poder. Son una condición primordial para el bienestar humano para lo que debemos ser entrenados. Son nuestra única garantía contra el engaño, las alucinaciones, la superstición y la falta de comprensión de nosotros mismos y de nuestras circunstancias terrenales” (William Graham Sumner – 1906).

¿Existe dios?

Una respuesta adecuada a esa pregunta es otra pregunta: ¿Cuál dios? ¿Zeus, Venus, Osiris, Thor, Brahma, Shiva, el dios Sol de los Incas, el dios de la Biblia… cuál de los más de cuatro mil dioses que se conozca que la humanidad ha adorado a través de la historia? No hay manera de determinar cuál o cuáles son verdaderos, y mucho menos utilizando los métodos de la fe, pues se encuentra que cada uno de ellos es “el único verdadero” o “absolutamente falso” en función de la fe profesada por quién los juzgue: “el único dios verdadero es el aquel en el que mi fe me permite creer”.

La formación religiosa priva a la población del desarrollo de facultades críticas para asegurarse  de que su víctima, el creyente, no cuente con las capacidades para darse cuenta de que está siendo engañado. Es supresión masiva porque es forzada en la gran mayoría de la población y porque impacta a todas o casi todas las capacidades críticas.

Las vías neurológicas y la fe

El reconocido deísta y  ex influyente líder evangélico estadounidense Frank Schaeffer sostiene que “la religión ocasiona daño a nivel de las vías neurológicas, es una forma de adicción, la adicción a la certeza”. Se puede considerar a la religión como una forma de adicción porque satisface ciertas conductas adictivas (Wikipedia): “implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo, disminución del reconocimiento de los problemas causados por la propia conducta, así como una respuesta emocional disfuncional cuando se les priva de ella”. Es muy difícil hacer que un fundamentalista entienda que su religión no es real  porque se trata de una condición mental con características plenamente adictivas.

¿Que son las vías neurológicas? El psicólogo Ph.D Deann Ware explica que “cuando las células cerebrales se comunican con frecuencia, la conexión entre ellas se fortalece y los mensajes que viajan por el mismo camino en el cerebro una y otra vez comienzan a transmitirse más y más rápido«. Con suficiente repetición las conexiones neurológicas se fortalecen, con lo que los comportamientos y habilidades relacionados se vuelven automáticos. Leer, conducir, hablar, usar herramientas o manejar bicicleta son ejemplos de actividades complicadas que realizamos automáticamente una vez que se han fortalecido las vías neurológicas. Y cuando se produce una pérdida de las ciertas vías neurológicas, como por un accidente o un derrame cerebral, las personas pueden perder habilidades o conductas, como usar herramientas, el caminar, o dejar de ser creyentes en una religión.

Las prácticas religiosas ocasionan una forma de daño neurológico cuando por repetición fortalecen vías neurológicas para automáticamente negar la realidad, para aceptar como ciertas representaciones del mundo basadas en superstición, para rechazar lo que es evidentemente cierto, para no buscar o aceptar cambios, para nunca dudar de lo que ya se entiende como verdadero, para estar convencidos de que no somos capaces de resolver nuestros problemas y que solo nos queda pedir que un ser superior nos tenga piedad y los resuelva por nosotros. Como una adicción, la religión crea en la gente una necesidad compulsiva de creer, es una línea de vida sin la cual no se pueden sostener, no pueden llevar su vida sin la fe. Como con los adictos a las drogas, para ellos no hay manera, no es una cuestión de elección, son adictos a su religión y a la certeza de que su religión es verdadera. El mayor impacto se alcanza iniciando la vida religiosa desde la infancia, antes de que los menores tengan razonamiento propio, y repitiendo las creencias todos los días (orando) y asistiendo a misa cada  domingo. Las creencias se acentúan conforme el creyente se hace mayor (al haber más repeticiones) y con la seguridad que le brinda la enorme comunidad religiosa.

La adicción a la certeza

La adicción a la certeza se fortifica cuando las personas no desarrollan y por tanto no utilizan las facultades críticas. Algunos ejemplos pueden servir para ilustrar casos en los que la adicción a la certeza ya le ha ganado no solo a las facultades críticas sino también a la razón:  

La palabra de dios. Los cristianos están convencidos de que la Biblia es la palabra de dios. Pero existe evidencia de que la Biblia no es de procedencia divina. No existe ningún escrito hecho por Jesús, sus discípulos o de alguien que haya conocido a Jesús. Todos los evangelios son anónimos escritos entre 40 y 200 años después de Cristo, a los que en su deshonestidad la Iglesia les dio nombres de “apóstoles” (Juan, Mateo, Lucas, Marcos) como si tratase de sus discípulos. La Biblia es una colección de escritos hechos por creyentes cristianos que nunca conocieron a Jesús, por eso no puede ser considerada como un documento histórico, sino como testimonios de fe escritos por cultos cristianos romanos. De otro lado, en los tiempos en que la biblia fue escrita no existía el concepto de utilizar métodos confiables para verificar si algún evento realmente sucedió o no, lo que significa que no se hacía verificación de hechos sobrenaturales porque estos métodos todavía no se habían creado.

Si hay evidencia de que la Biblia no es la palabra de dios, y es más bien la palabra de Roma  ¿Por qué los creyentes siguen considerándola como la palabra de dios? Por su adicción a la certeza, es daño neurológico.

La fe no es un camino a la verdad. Las religiones abrahámicas creen en la existencia de un solo dios. Pero la humanidad ha adorado a miles de dioses. Casi todas las sociedades han adorado sus propios dioses, de todas las formas y colores. Y cada una de las religiones ha utilizado la fe para determinar que su dios es verdadero y que los de otras religiones son falsos. La fe es la aceptación incuestionable de ideas que no necesitan ser justificadas por evidencia; siendo un proceso basado en “no razonar, solo aceptar”, cualquier cosa se convierte en cierta por medio de la fe. Tener fe permite a la gente “saber” cosas que en realidad no saben: Afirman “Yo sé que mi dios existe”, cuando lo cierto es que nadie ha podido probar la existencia de algún dios, de ninguna religión. La fe permite que las personas inventen su propia realidad, lo que es sinónimo de alucinación o “realidad alternativa”.

Si está demostrado que la fe no es un camino para llegar a la verdad ¿Por qué los creyentes continúan utilizando la fe para determinar su religión es verdadera? Es por su adicción a la certeza, es daño neurológico.

¿Porque los peruanos somos católicos romanos? ¿Por qué los creyentes no pueden aceptar hechos tan evidentes como que los peruanos somos “católicos romanos” porque esa religión nos fue impuesta por los españoles a fuerza de sangre, y que si nos hubiesen conquistado los ejércitos de Mahoma seriamos musulmanes, y si no nos hubiesen conquistado seguiríamos creyendo en los dioses de los Incas? Es por su adicción a la certeza, es daño neurológico.

Respeta mis creencias. Cuando los creyentes sienten que sus creencias están siendo atacadas, cuando se les menciona  que su fe se basa en la suspensión de las facultades críticas, ellos inmediatamente se defienden utilizando la frase “respeta mis creencias”. ¿Pero no es irracional que alguien exija respeto a su derecho a no razonar?  Es por su adicción a la certeza, es daño neurológico.

El poder de la oración: Los creyentes han sido adoctrinados para entender que si tienen fe, si en verdad creen, “tolo lo que pidan en oración les será concedido” gracias a una intervención divina.  Sin embargo se ha hecho muchos experimentos para tratar de demostrar el poder de la oración, y  nadie ha tenido éxito, la conclusión es que las oraciones no consiguen hacer diferencia, no se logra intervención favorable en ninguna religión. ¿Pero cómo se explica que la gente continúe orando para pedir ayuda divina? Es por su adicción a la certeza, es daño neurológico. Las oraciones han sido utilizadas para que por repetición contribuyan a crear la ilusión de que un dios o una religión son reales, de ahí su importancia en la vida religiosa.

Cuando se determina que ya se conoce la verdad sobre algún tema no hay razón para continuar investigando, no hay lugar para la duda, no hay estímulo para seguir pensando, solo hay que seguir lo que ya se ha determinado, lo que “está escrito”. Por repetición, la formación religiosa construye y fortalece vías neurológicas para que los cerebros no piensen, no duden, no quieran investigar, no innoven, no acepten evidencia, para que hagan lo que los demás hacen, para no ser intelectualmente honestos, para que acepten ideas sin debida justificación, creando distorsiones que no quedan limitadas solo a aspectos de la fe, sino que el cerebro las aplica a otras áreas del pensamiento, y que luego son muy difíciles de erradicar porque como mencioné anteriormente, son tan fuertes que alcanzan características de plena adicción.

¿Porque tanta gente es religiosa?

Hay varias razones que se complementan para producir en nosotros la ilusión de que una religión es real. A continuación una breve explicación.

El retorno a las seguridades de la niñez es una parte de las motivaciones detrás de la fe. Los humanos necesitamos una figura paternal (o superior) que nos de dirección moral, paz y amor, y si no la tenemos nos quebramos. Papá y mamá (o dios) me dicen lo que tengo que hacer, entonces todo es simple, no tengo que pensar (pensar es difícil), solo seguir sus órdenes y estaré bien.

Como animales sociales, nuestra especie ha evolucionado rasgos intensamente tribales, entre ellos una fuerte necesidad por satisfacer un sentido de comunidad que otorga la tribu (la familia, el grupo religioso, el partido político). Necesitamos sentirnos aceptados, y nos da seguridad el saber que nuestras convicciones son compartidas por los otros miembros de la tribu. No es fácil contrariar las ideas de la tribu (en este caso el grupo religioso). La gente piensa “si todos en mi tribu lo creen, entonces debe ser cierto”, lo que les sirve como un maravilloso refuerzo a sus creencias. Sucede que demasiadas veces los instintos tribales se anteponen al razonamiento.

Al igual que otros animales, los humanos hemos evolucionado una sobre tendencia para detectar agentes. Si en la oscuridad se oye  el crujir de una rama, podría ser solo el viento, pero es mejor asumir que es un animal peligroso y tomar precauciones dado que un falso negativo puede llevar a convertirnos en presa de algún depredador. Con la misma lógica, si no creo en dios y dios no existe no pasa nada, pero si dios existe y no creo, voy a recibir sus castigos y no tendré sus favores. Así es que casi todas las sociedades del mundo, por separado, crearon sus propios dioses, miles de dioses.

Existe evidencia de que las ideas religiosas son tan antiguas como la misma humanidad y de que las religiones organizadas empezaron a aparecer hace unos diez mil años. Había muchísimas fenómenos que no podían explicar, por lo que los atribuyeron a eventos supernaturales (o mágicos) como hechizos, demonios, o dioses. ¿Quién manda los rayos y truenos? el dios Thor; ¿Quién arrastra al Sol todos los días para que amanezca y anochezca? el dios Helios; ¿Quién intenta comerse al Sol cuando el Sol desaparece a plena luz del día (eclipses)? los dragones; ¿Quién creo el universo? para los Incas, el dios Viracocha…

Otra razón para seguir una religión es que la gran mayoría de la gente no entiende lo que es la ciencia, tienen alguna idea, pero no pueden siquiera definirla. Lo mismo con la teoría de la evolución. Quienes entienden los conceptos de ciencia y evolución son más propensos a aceptarlos como ciertos, pero el problema es que la gente de fe no quieren saber, no les interesa saber, simplemente las descartan porque entienden que contradicen su fe, que su fe es verdadera y que es todo lo que necesitan saber; y de nuevo, es adicción a la certeza, es daño neurológico.

Utilizando el poder de las instituciones, la religión ha construido la sociedad para culturalmente perpetuarse a sí misma, haciendo uso de una efectiva forma de discapacidad mental artificial que perjudica sociedades enteras,  generación tras generación. Esa discapacidad empieza con la supresión masiva de las facultades críticas para dejar el camino libre al dominio de la fe. La religión hace que los padres creyentes no permitan que se sus hijos sean expuestos a otras creencias. Sostienen “hay que enseñarles nuestra religión y cuando sean grandes serán libres de elegir la religión de su preferencia”. No quieren caer en cuenta que para cuando sus hijos sean mayores ya no serán libres de elegir, pues para ese entonces habrán aceptado como cierta la religión con la que fueron adoctrinados desde que nacieron; todo su círculo social y su vida estarán centrados en ese culto religioso, de donde no podrán salir, de donde no querrán salir. Y esos hijos repetirán el ciclo con sus propios hijos, convencidos de estar haciendo lo correcto, pues nadie quiere ver a sus hijos en el infierno. No se nace con una determinada religión, la sociedad en la que creces te forma la religión (cristiano, judío, musulmán, hindú, etc.). Iniciar el adoctrinamiento cristiano en edad infantil (bautizo de párvulos) fue idea del padre romano San Agustín de Hipona unos cuatrocientos años después de Cristo, el llamado “sacramento del bautizo” que luego fue generalizado en toda la población.

Los peligros de la fe

La Biblia romana define la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Dicho de otra manera, la fe es aceptar como cierto algo que no puedes probar explícitamente. La religión se fundamenta en la fe, en la aceptación de cosas para las que no se tienen debida justificación. En todas las religiones, mientras más tu fe desafié la evidencia, mientras más tu fe te permita negar la lógica y la razón, más virtuoso eres.

La fe es una idea que aplicamos como método para la interpretación de la realidad en la edad de bronce y que sorprendentemente continuamos utilizando ampliamente en la actualidad.

Uno de los problemas con la fe es que la fe produce la obediencia. La Iglesia Católica se funda “en la obediencia a Cristo y a su Vicario en la tierra, el Papa, quien con los obispos dirige la Iglesia”. Vicario significa el que hace las veces de, por eso cuando los católicos obedecen los mandatos de la Iglesia o los de la Biblia, entienden que es a dios a quien obedecen, es la obediencia de la fe.

Las siguientes son fabricaciones documentadas de la Iglesia Católica: la propia Biblia, el tormento eterno en el infierno, la posición de la Iglesia respecto al aborto (en la Biblia Jesús nunca menciona  palabra alguna sobre el aborto), la santísima trinidad, la navidad, los reyes magos. Son cosas que los creyentes aceptan como ciertas dentro de la obediencia de la fe, y nunca se les ocurre siquiera dudar, investigar, o preguntarse si lo que la Iglesia les transmite corresponde a la realidad o no (lo que sería considerado un acto de rebelión motivado por una tentación de Satanás). La obediencia tampoco les permite protestar contra los miles de abusos contra menores cometidos por el clero y contra el vergonzoso blindaje de esos depredadores por parte de la Iglesia como institución.

La fe ciega produce obediencia ciega. Los atacantes del 11 de Septiembre estaban convencidos de que seguían los mandatos de dios escritos en su libro sagrado cuando estrellaron los aviones en las torres gemelas. Y eran personas con altos niveles de educación, varios de ellos con grado de PhD, lo que debe servir para alertarnos sobre lo que la obediencia de la fe puede hacer con las mentes de las personas aun cuando hayan alcanzado altos niveles de educación.

Claramente la situación es más grave cuando quienes son víctimas de esos trastornos mentales tienen influencia sobre decisiones importantes que impactan a toda la sociedad, en áreas como salud, educación, política internacional y políticas de gobierno en general.

¿Porque Trump goza de un apoyo incondicional de los evangélicos en EEUU? ¿Por qué lo apoyan si él personifica todo lo que “un buen cristiano” no deber ser? Es un estafador, un abusador de mujeres, racista, mentiroso compulsivo, que insulta a todo el mundo, que tiene relaciones con actrices porno, que no le interesa la institucionalidad democrática, que enjaula a niños inmigrantes indocumentados… Lo que pasa es que los evangélicos han convertido a la presidencia de Trump en una cuestión teológica; ven en él a un instrumento del nacionalismo cristiano, un poderoso movimiento basado en la idea que EEUU tiene un lugar especial en el reino de dios, que estamos viviendo los últimos días antes del fin del mundo y que Trump es un enviado divino para ayudar a crear las condiciones necesarias para la segunda venida de Jesús, “purificando” al país de homosexuales, “devolviendo” Jerusalén a los judíos, nombrando magistrados que favorezcan las creencias cristianas, etc. Y Trump sabe que la lealtad de los evangélicos cristianos es inquebrantable porque está basada en la adicción a la certeza de ideas religiosas que la obediencia de la fe produce.

El Pensamiento Crítico

La mente humana no ha evolucionado muy inteligentemente, comete muchos errores y por miles de años tuvimos que desarrollar una tecnología muy avanzada como un software adicional para resolver el problema. Ese “debugger”, ese software adicional se llama pensamiento crítico, y es una tragedia para la sociedad el hecho de que no muchos lo quieran instalar. La religión florece cuando en una población las facultades críticas no son prevalentes.

Para tomar buenas decisiones es necesario enseñar y prevenir al individuo sobre los sesgos cognitivos, o sea, las formas en que nuestro cerebro está construido para fallar, y los pasos que se puede tomar para contrarrestar esas deficiencias, eso es en buena parte lo que se busca al desarrollar y utilizar el pensamiento crítico.

Entrenar a una persona en el pensamiento crítico es como enseñarle a pescar para que pueda alimentarse a sí mismo, pero esta vez en el mar de pensamiento. Es prepararla para ser intelectualmente honesta e independiente, para que sepa encontrar mejores soluciones a problemas, es entrenar la mente para dar lugar a la creatividad, la innovación. En lugar de solo depender de los maestros y el tiempo en el aula para la instrucción, los estudiantes con habilidades de pensamiento crítico se vuelven más independientes, auto disciplinados y auto dirigidos. Un buen pensador crítico sabe cómo separar los hechos de las opiniones, examinar un tema desde todos los ángulos, sabe cómo hacer inferencias racionales y cómo suprimir predisposiciones personales o culturales que puedan influir en sus conclusiones. Esta siempre dudando, está habituado a pensar “out of the box”. No acepta ideas solo porque otros las aceptan.

A los creyentes les cuesta visualizar un sistema de interpretación de la realidad que no esté basado en la fe. Les es difícil  entender que la ciencia no es un sistema de creencias, y conciben a la ciencia como un sistema de creencias más, con la diferencia que esta vez la fe está puesta en la ciencia y no en una religión. Como ilustración, los sistemas de fe son como tener encendido el televisor en una habitación con la luz apagada, con una religión en cada canal, cientos de canales. La ciencia no es un canal más, la ciencia es apagar el televisor y encender la luz para observar con claridad lo que es evidentemente real (método científico), no más TV.

Los científicos no se reúnen todos los domingos para repetirse unos a otros que las ideas escritas en su libro sagrado son “la única verdad” y que no hay nada más que investigar. No se repiten a sí mismos en oraciones por ejemplo que la “teoría de la información” utilizada en radio, TV, teléfonos celulares o la internet es cierta porque fue escrita en un libro hace dos mil años. La teoría de la información, como otras teorías científicas, es una descripción que goza del más alto nivel de conocimiento, verificación y puestas a prueba de algún fenómeno(s). Es una “teoría” porque no es absoluta, nunca va a estar finalizada, y está siendo constantemente revisada, corregida o  expandida a la luz de nueva evidencia. Las “teorías” religiosas son solo ideas que por definición son no verificables, y por tanto en su validez no pueden ni remotamente ser comparables a las teorías científicas.

No hay formación de las facultades críticas en la educación religiosa, más bien está llena de creencias cuyos seguidores no están dispuestos a discutir racionalmente (dogma), además de adoctrinamiento y de propaganda diseñados para deshabilitar el pensamiento crítico y adormecer las mentes inquisitivas.

Para terminar…

El conocimiento, la facultad para discriminar verdad de falsedad, realidad de superstición, es un gran poder, por lo que se necesita de métodos confiables y desechar los que no lo son. En la edad de bronce había muchas cosas que no alcanzábamos a entender, y las ideas religiosas fueron nuestra primera aproximación en ese intento; tenía sentido utilizar la fe como el mejor método que alcanzábamos a visualizar. Pero es inaudito que en nuestros tiempos la fe militante irracional (“no razonar, solo aceptar”), continúe dominando la manera de pensar de la mayoría de la población. Es sorprendente que en estos tiempos se tenga que resaltar la importancia de ponernos de acuerdo sobre lo que es  real en lugar de que  cada uno invente su propia realidad, que nos hace falta una población con capacidad para entender que los métodos de la fe no son confiables, que es irracional aceptar ideas mediante el uso de la fe, que negarse a aceptar lo que es evidentemente cierto (tener fe) no puede más ser considerado una virtud, y que dudar, no saber o estar en error no debe ser considerado una vergüenza, sino una motivación para aprender más.

Hoy somos privilegiados por vivir en un tiempo en que podemos entender el porqué de los terremotos, las epidemias, los rayos, las sequias… una condición de la que no gozaban quienes vivieron antes del siglo XVIII. Nos ha costado miles de años de trabajo el idear métodos confiables para acercarnos a la realidad, y para desarrollar procedimientos eficientes en la resolución de problemas complicados. Esos son los métodos basados en la verificación objetiva de hechos como el pensamiento crítico y el método científico.

Debe ser claro que mi pleito no es con dios, sino contra la sacrosanta irracionalidad y sus graves ramificaciones. La ciencia va donde la evidencia conduzca, y no niega que existan dioses, solamente está esperando a que alguien pueda demostrarlo. Y si así fuese, bienvenido. Si dios, o dioses existen, sería el mayor descubrimiento en la historia de la humanidad, pero es necesario probarlo mediante métodos confiables en lugar de solo el uso de la fe.  

Como sociedad necesitamos el mayor número de personas adiestradas en el uso de facultades críticas y de mentes con actitudes inquisitivas,  con hambre de entender el porqué de las cosas para poder mejorarlas, más personas que cuenten con la confianza y la preparación para aventurarse a buscar nuevas ideas, que tengan el coraje de expresarlas aunque el mundo piense lo contrario, que no teman los cambios, que se adapten fácilmente a los cambios, que estén acostumbrados a llegar al conocimiento con métodos confiables y eficientes, cualidades que en conjunto abren las puertas a la creatividad, la innovación y el progreso en todas las esferas del desarrollo humano. Y lamentablemente la religión y la fe continúan siendo un obstáculo en ese proyecto, perjudicándonos a todos, creyentes y no creyentes.

Síguenos en nuestras redes sociales: 

Búscanos en FacebookTwitterInstragram y YouTube

Síguenos en nuestras redes sociales:

  Búscanos en FacebookTwitterInstragram y YouTube

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE