Tía María: un mar de dudas

La columna Mabel Cáceres Calderón

En su intonso pedido de diálogo, bajo la lógica de los hechos consumados, el ministro de Energía y Minas, Francisco Ísmodes, ofrece como un mantra una mesa para sentarse a conversar. Pero el diálogo tiene una agenda única e invariable: aclarar todas las dudas que los pobladores del valle de Tambo, tengan sobre el proyecto, hasta que …, hasta que no existan más dudas. En otras palabras, «se dialogará» hasta que todos estén convencidos de las bondades del proyecto minero.

Plantear un entendimiento en esos términos constituye, no solo una torpeza política, sino una falta absoluta de respeto y empatía. Esa misma actitud y discurso trajeron los ministros consigo durante los conflictos del 2011 y 2015. Y las consecuencias del desentendimiento, entre otras, fueron ocho vidas menos, que constituyen un pasivo ineludible en la historia del proyecto, así como la fractura social que se ha generado entre los vecinos de Cocachacra.

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Y aun cuando los funcionarios capitalinos han tenido años para intentar una aproximación y entender un poco lo que pasa fuera de Lima, eso ha estado fuera de sus planes. Hoy, como si toda aquella violencia y dolor fuera vano, estamos ante la misma amenaza, otra vez. Mientras que, empresa y estado, parecen actuar en conjunto, bajo una misma consigna.

Así pues, en 2019, quien era viceministro de Minas durante el conflicto de 2015, reaparece en el escenario como Gerente General del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP) la poderosa organización que lleva a cabo la pomposa Convención Minera, patrocinada por las empresas del sector, precisamente en Arequipa. Guillermo Shinno, entonces autoridad del Estado, es hoy un ardoroso defensor de Tía María. Mientras que, a su vez, el actual ministro de Energía y Minas, Francisco Ísmodes, aquel momento era un alto funcionario de la compañía minera Milpo, por lo que resulta comprensible su inclinación empresarial actual.

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En estas intrincadas pero cercanas relaciones podría explicarse cómo, a pesar de no haber subsanado dos de las 14 observaciones a la licencia de construcción, en menos de una semana, el MINEM agilizó los trámites para otorgarla, tras una conversación de alto nivel entre ministro y representante de Southern; tal como ya había pasado en 2014, cuando aprobaron un EIA a paso de polca; y en 2009, cuando los funcionarios del ministerio no vieron ni una sola de las 138 observaciones que planteó luego la UNOPS.

Y así es como esta historia circular repite su ciclo una vez más. Acaso el conflicto cobrará nuevamente algunas vidas, que tal vez no se perciben tan valiosas, porque se trata de gente que «se opone al desarrollo».

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