Un 16 de julio

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Muchos analistas coinciden en señalar que el atentado terrorista en la calle Tarata de Miraflores, Lima, el 16 de julio de 1992, fue el inicio del fin del movimiento terrorista Sendero Luminoso. Lamentablemente, la explicación de este análisis puede resultar tan acertada como dolorosa.

16 de julio

Lo que se sostiene es que este ataque sí propició la preocupación y las acciones del Estado en contra del terrorismo, debido a que se produjo en una de las zonas más residenciales de la capital del país, cosa que no había sucedido antes con decenas de atentados ocurridos en poblados de la sierra.

Quizás, este tipo de análisis pueda entenderse mejor en el contexto peruano de aquellos tiempos. Recordemos que el terrorismo surgió, en 1980, en las zonas más empobrecidas de la sierra peruana y logró adeptos con el discurso de la igualdad social.

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Lamentablemente, así como el gobierno daba la espalda a los ciudadanos más pobres, el terrorismo los convirtió en sus mayores víctimas, pues el 75% de muertos que dejaron aquellos años de violencia fueron peruanos quechuablantes de las zonas más abandonadas del país, según el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

La cifra exacta de fallecimientos que dejó el terrorismo no se sabe con exactitud, pero se calcula que podrían ser más de 100 mil. Salir de aquella barbarie nos costó a todos los peruanos mucho esfuerzo y sufrimiento.

Todo ello, hace que las actuales generaciones y las venideras tengamos el deber moral de honrar siempre la memoria de nuestros compatriotas promoviendo una cultura de paz.

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(Publicado en Correo Arequipa)

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