¿Cómo entender Arequipa?

Columnista invitado Nicanor Domínguez Faura

La pregunta que sirve de título a esta nota ha sido motivada por un reciente artículo de Alfredo Quintanilla en Noticias SER.  Quizás un buen lugar donde comenzar a buscar la respuesta sea la reciente obra de los historiadores Mario Meza y Víctor Condori, ‘Historia mínima de Arequipa’, publicada por el IEP el año pasado.  Además de esa lectura, pueden resultar de gran utilidad dos recientes obras de profesores universitarios del sur peruano: ‘El Arequipeñismo’ (2018) del antropólogo cuzqueño Rossano Calvo, y ‘Cultura popular arequipeña’ (2019) del historiador arequipeño Santos Cesáreo Benavente.

Rossano Calvo, profesor de antropología de la UNSAAC (Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco), divide su libro en dos partes: la primera sobre “el origen y desarrollo de la ideología del arequipeñismo, el funcionamiento de esta ideología en el sistema socio cultural de la sociedad urbana arequipeña”; y la segunda donde “se explican las funciones de la ideología: representación, reificación [“evocación cosificada”] y performatividad” lo que “se complementa con el análisis de las funciones críticas (deconstructivas y de re-imaginación colectiva)” (p. 10).

Arequipa

Teófilo Altamirano, en la introducción al libro de Calvo, se pregunta: “¿Cómo entender y desagregar la historia y presente de lo que se ha venido a llamar “el arequipeñismo”?  ¿Es una gesta regionalista?  ¿Una opción de separatismo?  ¿Una expresión de memoria de larga data que se origina en la formación de la ciudad y el departamento de Arequipa?  ¿Es una acción emocional, que se basa en gestas históricas que han influenciado en la formación de nuestra nación?  ¿Todos juntos, o uno de ellos prevalece en cierta época de la historia?  Es evidente que a la noción del “arequipeñismo”, los que más han contribuido, son los no arequipeños quienes, en tono irónico y a veces burlesco, han configurado una representación colectiva subconsciente del arequipeño” (pp. 5-6).

Calvo define el concepto como: “la ideología que lleva un sentido de identificación con los valores de la ciudad, una forma de “culto” a la ciudad y sus valores que fue surgiendo entre los arequipeños y los arequipeñistas” (pp. 20-21).  La noción de “arequipeñista”, para el autor, “comprende a los nacidos en la ciudad, como a los “no nacidos”, que operativizan las referencias ponderativas ideológicas de la valoración de la ciudad”, es decir, son los portadores, promotores y difusores de “la ideología local de la ciudad de Arequipa”.  Ésta ideología, o “constructo ideológico”, originado a fines del siglo XIX, “está enmarcada en un emergente sentimiento local relacionado a las gestas patrióticas y los momentos de consolidación de la sociedad local” (p. 21).

Calvo menciona a diversos personajes convertidos en “héroes” de la ciudad (desde Mariano Melgar hasta José Luis Bustamante y Rivero), y a los intelectuales que elaboraron ese discurso de “orgullo local” a lo largo del siglo XX (desde Víctor Andrés Belaúnde, Jorge Polar y Patricio Ricketts hasta Guillermo Galdos, Alejando Málaga y Juan Guillermo Carpio).  En este punto el autor cita al historiador arequipeño Eusebio Quiroz, quien afirma que en las obras de éstos autores “se va definiendo una imagen real, dinámica, sustentable de Arequipa, que no está hecha de palabras sino de esencia histórica, de síntesis de lo que significa nuestra ciudad como singularidad” (p. 24).  Una ‘intelligentsia’ local ha elaborado un discurso identitario que enfatiza el “excepcionalismo” de su amada ciudad.

¿Cuáles son los “valores destacados” de este “imaginario arequipeñista”, de esta auto-representación positiva e idealizada?  Una encuesta a diversos pobladores le permite a Calvo identificar: “aspectos histórico culturales que caracterizan a la ciudad de Arequipa y a la época de antaño: la picantería y gastronomía; en la música y danza, los yaravíes, la benita, montonero arequipeño, marinera, pampeña, las serenatas; el hablar loncco [campesino mestizo]; igualmente, destacan los barrios tradicionales, al barrio de San Lázaro, la Plaza de Armas, los templos y el monasterio de Santa Catalina, el culto a la Virgen de Chapi y al catolicismo arequipeño; en la competencia, las peleas de toros, el equipo de Futbol Melgar; a sus héroes culturales e intelectuales.  Igualmente, hacen referencia al rótulo identitario characato” (p. 26).

Complementa en este punto del análisis antropológico de Calvo el reciente e innovador estudio sobre la cultura popular arequipeña hecho por Santos Benavente, historiador de la UNSA (Universidad Nacional de San Agustín).  Sustentada como la tesis doctoral del autor en el 2009, esta investigación sobre la conformación de una cultura urbano-rural en Arequipa a lo largo del siglo XX se enfoca en “los comportamientos individuales y colectivos organizados con las manifestaciones de los juegos, la música  y la preparación de los alimentos convertidos en elementos de tradición” (p. 42).  Estas prácticas son presentadas y analizadas en tres capítulos (pp. 45-268), contrastando los procesos paralelos y mutuamente influenciados, cambiantes a través del tiempo, de lo tradicional y lo moderno, lo popular y lo oficial, lo urbano y lo rural, lo andino y lo occidental, lo local y lo migrante en Arequipa.  Así, Benavente concluye: “La música, los juegos y la comida se manifiestan como las presentaciones y representaciones rituales en los escenarios organizados para los adultos, jóvenes, hombres y mujeres de todas las edades, cuyas fusiones, creaciones, aceptaciones, composiciones de la diversidad de potajes, músicas y juegos, tienen connotaciones especiales en los sectores populares”.  Éstos sectores sociales, habitantes de los pueblos del valle arequipeño, crearon un complejo cultural que fue apropiado por la élite urbana: “que la aceptó con resistencia, pero impuso los modelos y patrones de la urbanidad que la hizo moderna”.  Al final del proceso, la domesticación de lo popular habría producido espacios culturales comunes, o como dice Benavente, “de aceptación en ambos extremos” (p. 270).

Todos estos elementos del pasado y de la tradición locales, en conjunto, se conforman mediante una “memoria selectiva”.  Además, toman forma cotidiana y se difunden a través de la prensa escrita, las celebraciones y fiestas (cívicas y religiosas), las canciones e himnos, actividades todas que Rossano Calvo documenta etnográficamente en su libro (pp. 28-55).  Sin embargo, las realidades disruptivas de la modernización capitalista que afecta al país en el último cuarto de siglo confrontan y desafían al arequipeñismo como discurso identitario (pp. 55-76).  Las migraciones internas desde todo el Sur peruano hacia Arequipa han cambiado su composición social.  En el año 2015 la población del área metropolitana de Arequipa fue estimada en 1’005, 878 personas; solo el distrito de Arequipa tenía 131,104 habitantes, y el área más reducida del Centro Histórico albergaba 69,407 residentes (p. 19).  Surge entonces la pregunta: ¿quiénes son arequipeños hoy en día, cuando la absoluta mayoría de la población es de origen migrante?

Además, ¿cuáles son las consecuencias políticas de estos cambios demográficos?  Refiriéndose a un contexto regional surandino mayor, pues en realidad Arequipa no es “excepcional” en este aspecto, el sociólogo e historiador tacneño Ernesto Yepes ha escrito recientemente: “La población de raíz andina ya es mayoría en los centros urbanos de la región.  Esos nuevos sectores ya no votan por los interlocutores tradicionales de la política criolla local.  Cada vez más ejercen su derecho como mayoría a votar por ellos mismos.  Así, han tomado el poder político, o están por hacerlo, en Tacna, Moquegua, Puno y Arequipa”.

Quizás el discurso criollo-mestizo del “arequipeñismo” haya llegado a su fin en la segunda década del siglo XXI.  A menos que los grupos sociales de origen migrante se apropien de algunos de sus elementos y los reutilicen para darse una nueva identidad en la “blanca ciudad” a la que, con su esfuerzo y trabajo, contribuyen todos los días.

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Referencias:

Alfredo Quintanilla, “¿Acaso Arequipa es una aldea?”, en Noticias SER, 10 de agosto de 2019. <http://www.noticiasser.pe/opinion/acaso-arequipa-es-una-aldea>

Mario Meza y Víctor Condori; Rolando Rojas, editor, Historia mínima de Arequipa: Desde los primeros pobladores hasta el presente (Lima: IEP, 2018).

Rossano Calvo Calvo, El Arequipeñismo: Aproximación a un caso de estudio de identidad e imaginario urbano (Cusco: Alpha Servicios Gráficos, 2018).

Santos Cesario Benavente Veliz, Cultura popular arequipeña: Alimentación, música y juegos(Arequipa: Quimera editores, 2019).

Ernesto Yepes, “La reconstrucción del sur andino”, en: Hildebrandt en sus trece (Lima), Año 9, no. 439, viernes 5 de abril de 2019, p. 17.

(publicado en Noticias Ser)

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