Empatía por decreto

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

La semana pasada, la Universidad Nacional de San Agustín aprobó una resolución que permite a los estudiantes transgénero utilizar su nombre social en el campus universitario. De esta manera, la UNSA responde a una solicitud presentada por el alumno Bruno Montenegro, quien venía siendo hostigado por un docente que se negaba a llamarlo por su nombre social en el aula e insistía, a pesar de los reiterados pedidos de Bruno, en llamarlo por el nombre que aparece en su Documento Nacional de Identificación. La resolución no implica un cambio en la documentación universitaria, pues ello depende del Reniec. Este asunto, en una sociedad conservadora como la arequipeña, ha desatado debates ciertamente lamentables.

empatía por decreto

En las redes, muchos de los comentarios agresivos en contra de Bruno y de la decisión tomada por la UNSA provienen del miedo y el desconocimiento. Y es que en verdad estamos frente a un cambio de paradigmas que llevan siglos de vigencia. Para una persona que se aferre al modelo bíblico: “hombre, mujer y punto”, no le será fácil asimilar que los conceptos de sexo biológico, identidad sexual y orientación sexual son combinables; y que esto no es ninguna “ideología” sino que consiste en una mera descripción de la realidad. El tema no es simple y para entenderlo no solo es necesario informarse y tener la mente abierta, sino también el corazón.

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Aunque la universidad, esta vez, ha respaldado los derechos trans, los jóvenes como Bruno aún tienen que luchar contra los prejuicios y la ignorancia de muchas personas. Lamentablemente, ninguna institución puede establecer la empatía por decreto.

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