En agosto no hay milagros

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Sabiéndose mortal y común, el ser humano ha generado todo tipo de mecanismos mentales y sociales que lo hagan sentir imperecedero y único. Las religiones son el ejemplo más claro, pero no el único. Las creaciones artísticas y científicas han sido inspiradas, muchas de las veces, en el deseo de una persona de perpetuar su nombre y distinguirlo de los demás. Pero, este deseo también ha conducido, en múltiples ocasiones, a resultados destructivos. El ejemplo más común en estos días es la llamada “supremacía”, que no es más que una ideología que sostiene la superioridad de un grupo sobre los demás. La supremacía blanca norteamericana es el principal referente, pero tiene absurdos imitadores en todo el mundo, como es el caso de ciertos grupos en redes sociales de nuestra ciudad que sostienen pertenecer al “último reducto blanco de Arequipa”.

Estas ínfulas de superioridad regionales llevan décadas alimentando resentimientos y desintegración. Curiosamente, los efectos se hacen más visibles en agosto; pues, los festejos de aniversario dan pie a discusiones entre los que se autodenominan “verdaderos arequipeños” y a quienes llaman “invasores”. Este año, el paro indefinido en contra del proyecto Tía María fue el marco para los ataques verbales y físicos, en Internet y en las calles. Dos bandos formados se enfrentan con discursos histéricos y ciegos, capaces de lanzar piedras (virtuales o reales) a todo lo que se mueva.

Estas rencillas, lejos de superarse, se están ahondando y han convirtiendo al famoso orgullo arequipeño en una atroz combinación de amor al terruño y desprecio al prójimo.

(En agosto no hay milagros, publicado en Correo Arequipa)

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