Orgullo Characato: el pasaporte de la República Independiente de Arequipa

Rebelde y genuinamente confrontador. “No en vano se nace al pie de un volcán”, es la frase que describe ese espíritu insurgente

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Al parecer, en pocas ciudades del mundo existen personas tan amantes de su tierra como los arequipeños. Se dice que en el corazón de un characato aflora, desde la más tierna infancia, un espíritu anticentralista, es decir, díscolo, rebelde y genuinamente confrontador. “No en vano se nace al pie de un volcán”, es la frase que describe ese espíritu insurgente que caracteriza Arequipa.

Arequipa

Por esa razón nació el pasaporte arequipeño, un documento real que cualquier ciudadano de a pie tiene derecho a solicitarlo. Este acto lúdico y sin valor legal, además de evocar la época en que realmente existió durante la guerra contra Chile, permite imaginar hasta qué punto se reivindica la originalidad arequipeña. El pasaporte de la República Independiente de Arequipa, es uno de los souvenirs más solicitados por turistas nacionales e internacionales que, en días de fiesta, pisan suelo characato. 

El legado de “Independiente” nació hace siglos. Mientras en Lima, el general Don José de San Martín proclamaba la Independencia del Perú, Arequipa estaba sitiada por las fuerzas realistas.

Arequipa fue la última ciudad del Perú en enterarse de la proclamación de la Independencia. No fue sino hasta 1823, que el mismo Simón Bolívar le enseñó los documentos que acreditaban la capitulación de Ayacucho al Deán Valdivia. Posteriormente la documentación sería presentada para su validación a la Academia Lauretana y, con la participación de toda la ciudadanía concentrada en la Plaza de Armas, se dio por proclamada la Independencia del Perú en Arequipa.

El primer pasaporte legal

El documento que ahora tiene un valor simbólico, antes sí tuvo un valor legal.

Era el año de 1882. Estábamos en plena guerra con Chile y Lima estaba ocupada por tropas invasoras. Don Francisco García Calderón, ilustre arequipeño y presidente del Perú en aquella época, fue deportado a Chile por no querer firmar el acta de rendición de esa funesta guerra.

Es entonces cuando Lizardo Montero se convirtió en presidente provisional del Perú e instala el Gobierno en la Ciudad Blanca, mediante un Decreto Supremo de 1883 que ratifica:

“Mientras Lima, capital de la República esté tomada por el ejército chileno, Arequipa será la nueva capital del Perú y a partir de ese momento se la denomina República Independiente de Arequipa”

Por motivos de seguridad nacional, Montero creó un pasaporte. Toda persona que debía salir hacia territorio ocupado o viajar al extranjero debía contar con él. Además, tenía la función de impedir el ingreso de espías. El ostentoso documento llevaba el nombre de pasaporte de la República Independiente de Arequipa, y son los mismos arequipeños quienes han mantenido orgullosos hasta el día de hoy.

Arequipa

Batalla por la autoría

Alrededor de un siglo después, el pasaporte arequipeño obtiene una segunda faceta: como souvenir. Estos ejemplares son parodias que llevan en su interior frases divertidas e hilarantes, al igual que la información que debe llenar el dueño en su interior. Se han vuelto tan famosos y populares que ya son parte de la cultura local. Sin embargo, detrás de este símbolo existen dos versiones, estrechamente relacionadas, sobre su creación.

Fredy Castillo Neyra, laboraba en Leche Gloria S.A. de Arequipa, cuando recibió el pedido expreso del gerente general, Berner Heaberli, de crear el texto para el primer pasaporte arequipeño, empleado como souvenir de una forma parodiada y divertida. Castillo ya había ganado el Festival de Música Inédita de Arequipa, un par de años atrás, interpretando el tema “No sé si es amor”. Era bastante conocido por eso.

Se imprimieron mil ejemplares que llevaban la firma de Julio Ernesto Granda, Gran Maestro Internacional de ajedrez y Raúl Obando, capitán histórico del FBC Melgar. A partir de ahí, empezaron a repartirlo a diestra y siniestra. El primer pasaporte se le entregó al presidente Fernando Belaúnde Terry; el segundo fue para su esposa Violeta Correa; el número tres fue para Manuel Ulloa que era presidente del Consejo de Ministros. El pasaporte dio la vuelta al mundo, incluso se le obsequió uno al papa Juan Pablo II, en su visita a Arequipa. Leche Gloria tuvo los derechos reservados.

Arequipa

La otra cara de la moneda la tiene Willy Galdós Frías, más conocido como el cónsul de Arequipa. Willy empezó la historia con una peculiar anécdota. Luego de ser expulsado en 1981 de Venezuela, por estar indocumentado, se le ocurrió la creación de un pasaporte universal.

“En el país llanero laboraba como diseñador de calcomanías de forma indocumentada. En el avión de regreso le conté mi drama a un turista americano, quien me dijo que esa situación es parte de los países en subdesarrollo, pero que, en Estados Unidos, todos tenían pasaporte universal, que les permitía ingresar a cualquier nación”

Con este chispazo de idea, postuló a la empresa Gloria para que le financien el proyecto, pero no le aceptaron. “Me enteré que en CADE (Conferencia Anual de Ejecutivos) de 1982 que se realizó en Arequipa, la empresa entregó los pasaportes a los visitantes. Reclamé y no me dieron razón”, cuenta el cónsul.

Así empezó una batalla legal para tener los derechos sobre este documento. Asperezas que no duraron mucho, ya que Willy logró demostrar en Indecopi, con pruebas en mano, la autoría del pasaporte.

El souvenir más famoso de Arequipa

Willy Galdos es el “Cónsul vitalicio de la Ciudad Blanca”, el único que autoriza que se entreguen pasaportes y quien también distribuye los characatos de oro. Unas monedas hechas con alienación del metal precioso, con un valor de tres dólares y en sus propias palabras: “La única moneda en el mundo que no se devalúa”.

Así, si ya había monedas, también hacían falta los billetes characatos, que llevan los rostros de ilustres mistianos como Francisco Mostajo, Mariano Melgar y Víctor Andrés Belaúnde.

Estos famosos souvenires, le hicieron pasar por una serie de anécdotas divertidas por diferentes partes del mundo. Hoy en día, él mismo firma y sella cada pasaporte diplomático de la República Independiente de Arequipa, bajo el título de Cónsul General.

Un empresario inteligente, un legado antiquísimo y un pueblo que hace honor a su pasado, son los ingredientes principales de esta rica historia.

Arequipa siempre ha estado llena de mitos y leyendas; historias con una, dos o tres versiones, o historias que jamás han sido contadas. No importa de quién sea la autoría, el pasaporte de la República Independiente de Arequipa siempre será un símbolo del orgullo arequipeño.

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