Paridad y alternancia

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

A propósito de la reciente promulgación de la reforma política de paridad y alternancia en la presentación de candidaturas a cargos públicos de elección popular, muchos ya comenzaron a hacer referencia a las mujeres que han ocupado cargos políticos de importancia y que lo han hecho mal. Este tipo de recursos solo pretenden ridiculizar el legítimo derecho de las mujeres a participar en la esfera pública; pues, si se trata de poner ejemplos, la lista de varones que lo hicieron muy mal en política, ciertamente, será más abultada. Y no por exceso de torpeza o falta de moral, necesariamente; sino, debido a que son los varones quienes se han encargado del gobierno históricamente y los resultados han sido calamitosos, la mayor parte de las veces.

Hay que tener en cuenta que la paridad y la alternancia política es una estrategia para alcanzar la igualdad en la participación de hombres y mujeres en política y que, por lo tanto, no puede ser una medida aislada. Ya en la década de los 90, la ley de cuotas establecida no tuvo los resultados esperados, porque no estuvo acompañada de programas de empoderamiento político de la mujer, como tampoco de políticas que apuntasen a cambiar las estructurales sociales que conciben a la mujer como menos capaz que el hombre para gobernar.

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La ley de paridad, entonces, debe motivar un plan de acción que conduzca a una participación política de la mujer en un marco de respeto a la igualdad y equidad reales, dentro de una sociedad que se dé la oportunidad de ser gobernada por hombres y mujeres sin distinción.

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