Diferencias entre disolver y disolver

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

A mi generación le ha tocado escuchar dos veces a un presidente pronunciar la palabra “disolver” en un mensaje a la Nación, y en ambas ocasiones el anuncio ha sido celebrado con la satisfacción de saber que un grupo de parásitos bien pagados iban, finalmente, a dejar de aprovechar su poder únicamente a su favor. Pero, el “disolver” del 5 de abril de 1992 no es de la misma calidad que el escuchado el pasado 30 de setiembre.

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disolver

Esta vez, a diferencia de la anterior, el presidente que disuelve el Congreso convoca, al mismo tiempo, nuevas elecciones parlamentarias; y no pretende engendrar ningún documento que le permita perpetuarse en el poder. En el 92, estaban Montesinos y Hermoza Ríos fecundando la red de corrupción más grande que se ha visto en el país; hoy, las figuras siniestras están en la cárcel y de lado de quienes están siendo expectorados del poder

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Aunque da miedo equivocarse, nuevamente, en nuestras expectativas; la esperanza está, quizás, en reconocer que la generación que sigue a este cambio es muy distinta a la generación que prosiguió al 5 abril. Aquella generación estaba golpeada por el hambre y el terrorismo, esta no. Otra gran diferencia es que esta vez, ese gran infortunio del Perú llamado fujimorismo está de salida. Esta vez, además, no hay nada en gestación que pueda llamarse “vizcarrismo”, porque el cambio, que puede comenzar ahora, no tiene nombre propio, ha sido convocado por el pueblo desde la calle. Por eso mismo, la responsabilidad es más nuestra que nunca.

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