Crónica de un encuentro con toros

El ceramista renacido

La Revista Avatar

Gonzalo y yo acabamos de entrar a un conocido local del centro donde la carta es bilingüe. El artista deja su gran caja de manzanas bajo una mesa y uno a uno coloca sus “grandes y ceremoniales toros Pukara” en la brillante tabla.

Los comensales no pueden evitar quedar sorprendidos con las piezas esmaltadas, coloridas y rutilantes. Pido a una mujer que está cerca de la barra que se acerque para empezar con mi caprichoso test: “buenos días,  ¿cuánto cree que cuesta este toro?” le pregunto y la mujer casi mordiéndose  la lengua dice: -no podría responder- Gonzalo Lope mira el toro que parece estar inquieto por escuchar el precio que le calculan. Tras un teatral intervalo de silencio la mujer dice: -Ay, cuatrocientos, quinientos no sé-, Gonzalo y yo nos miramos sin evitar regodearnos en nuestra complicidad.

–Ochenta soles-, digo, y el espasmo de la mujer la lleva unos pasos atrás para mirarnos mejor y en seguida el ambiente, para así cerciorarse de que no se trata de una broma para redes sociales.

UN ARTISTA MODESTO
Gonzalo llegó a Arequipa después de veinte años como expositor en una feria por el aniversario de la ciudad. Ahí vendió casi todo lo que tenía. Este hombre de cincuenta y dos años, de baja estatura y largos silencios, hizo que la gente comprara sin pedir una rebaja, pero sí una explicación por el precio. Sin caer en cáusticos o somníferos análisis críticos sobre…


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