Incendios forestales arrasan el pulmón verde de Sudamérica

Los árboles se encargan de proveer nubes que producen lluvias; además, como es sabido, estos seres vivos absorben dióxido de carbono, por lo que al ser destruidos se ha liberado enormes cantidades de compuesto químico y de monóxido de carbono

Medio Ambiente El Búho

Nadie sabe cómo y cuándo exactamente los incendios forestales comenzaron a devorar vastas hectáreas de los bosques amazónicos. Hace poco, el llamado “pulmón del mundo” apareció paulatinamente en todos los medios de comunicación, pero en vez de ser representado con el habitual color verde, ahora se revelaba naranja y negro, inflamado por las llamas y envuelto en densas y mortales humaredas.

Incendios forestales

Los incendios forestales han ido cobrando una preocupante importancia en las últimas décadas. Se hacen cada vez más frecuentes y devastadores, apareciendo cual brotes de virus en todos los rincones del mundo y, en ocasiones, simultáneamente. Las razones por las cuales se originan ahora distan mucho de ser “naturales”. Y así, poco a poco, se adelanta la fecha en la que nuestro planeta enfermo entre a su fase terminal.

La Amazonía en peligro

Se estima que la extensión de la selva tropical amazónica tiene 7,4 millones de kilómetros cuadrados. Solo en el mes de agosto, en el que ocurrieron los incendios, se perdieron 2,5 millones de hectáreas, según cifras del INPE (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil).

Las “quemas controladas” de árboles para convertirlos en sembríos y campos de pasteo de ganado son, para la gran mayoría, las razones por las cuales se desató el infierno en la Amazonía. El INPE, antes del siniestro, alertó que los incendios forestales, ya sea provocados naturalmente o por mano humana, habían aumentado un 83% más en el 2019 respecto a los que se dieron en el 2018. En julio se emitió un informe, también del INPE, que revelaba que, en junio de este año la deforestación se había agravado en un 88% con respecto a junio del 2018.

Poco tiempo después de estas publicaciones, más de 77 mil focos de incendio se activaron a lo largo de toda la Amazonía, desde Bolivia hasta Paraguay. Los gobiernos se comenzaron a movilizar y pronunciar, pero el de Brasil, encabezado por Jair Bolsonaro, no dio muchas señales de estar trabajando para mitigar el fuego. De hecho, el presidente brasileño desestimó los llamados a la acción, aduciendo que las organizaciones ecologistas “exageraban”.

Esta no es la primera vez que Bolsonaro rechaza las alertas de los organismos que velan por el medio ambiente. Cuando el INPE hizo públicas estas cifras, el mandatario los tildó de “exagerados” y que “buscaban llamar la atención”. Asimismo, se sabe que este año redujo el apoyo y el presupuesto en un 25% al Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), encargado de velar por los bosques protegidos y demás ecosistemas.

Incendios forestales

La vegetación peruana y arequipeña

Perú también se ha visto afectado por la pérdida de territorio forestal desde hace años. Poseemos 72 millones de hectáreas de bosque, cuya naturaleza varía de acuerdo a las zonas en las que crecen. De acuerdo a cifras de Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), del 2011 al 2016 se ha incrementado, perdiendo casi dos millones de hectáreas de zonas boscosas.

En Arequipa, parca en bosques tupidos pero rica en otros tipos de vegetación, estos siniestros se dan en abundantes puntos de nuestra geografía. El Global Forest Watch Fires, una plataforma que recoge información satelital de la NASA sobre puntos de calor e incendios en todo el globo, indica que, en lo que va del año, hubo 1 025 alertas de incendios, cuya mayor parte se produjo en Caylloma y Arequipa provincia, algunos de los cuales pudimos ver, como el que se avistó a las faldas del volcán Chachani en agosto.

Según un informe publicado el año pasado por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), la región está entre los departamentos con muy alto peligro de incendios forestales.

¿Qué perdemos por los incendios forestales?

Más allá de los evidentes peligros del fuego abierto, quemar un bosque es un perjuicio irreparable al planeta y su clima. En el caso de la Amazonía, perdemos enormes cantidades de biodiversidad, especies que viven solo en ese nicho ecológico y se ven obligadas a desplazarse o morir. Las cadenas alimenticias sufren daños y el panorama a largo plazo para los animales no es prometedor. La geografía de su hábitat ha cambiado brutalmente y las condiciones de supervivencia serán distintas y más complicadas.

Por otro lado, el equilibrio climático está seriamente amenazado por los incendios. Los árboles provocan la formación de nubes que producen lluvias; además, como es sabido, estos seres vivos absorben dióxido de carbono; por lo que al ser destruidos se ha liberado enormes cantidades de compuesto químico y de monóxido de carbono, clasificado como gas de efecto invernadero. Una alta concentración de este gas puede llegar a ser mortal para el ser humano. En otras palabras, el aire de las zonas calcinadas se ha envenenado.

Asimismo, los incendios forestales desplazan a todos los seres vivos, incluidos mosquitos portadores de enfermedades como la malaria y el zika.

Un árbol sucumbiendo a las llamas es una de las peores cosas que le puede pasar a nuestro planeta en el contexto ambiental crítico que vivimos. Pensar que la catástrofe del bosque de la Amazonía pudo haber sido provocada por el hombre es descabellado; pero todo indica que así fue. No cabe duda que nosotros escribimos nuestro propio futuro.

*Esta es una versión virtual de la publicación original impresa en la revista El Búho, edición octubre 2019

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