¿Por quién votarás en enero?

La columna Mabel Cáceres Calderón

Volteada la página, hay que mirar hacia enero cuando, aunque no lo crean, hay una oportunidad.

El nuevo Congreso estará solo un año en funciones, tiempo suficiente para completar las reformas que el Perú necesita para comenzar el proceso de dejar atrás los lastres que como país sufrimos, pero concretamente, la corrupción de los últimos 30 años. Esa brevedad, precisamente, tiene una ventaja incomparable: pueden ir al Congreso ciudadanos que no son políticos profesionales. Es decir, podemos escoger entre lo mejor de la sociedad y no entre el menú “mal menor” al que los partidos nos tienen acostumbrados.

Pero, ¡en un año apenas aprenderán el teje y maneje del Legislativo y se acabará el tiempo! Cierto. Otra ventaja. ¿Para qué van a aprender los protocolos y formalidades, si no necesitamos técnicos en procedimiento parlamentario? Para eso hay un ejército de especialistas administrativos, hoy desempleados. Lo que necesitamos son personas de honor, con criterio, representativas de los ciudadanos y con la consigna de desterrar la corrupción y mediocridad del país. Solo hace falta la voluntad de votar leyes que apunten a eso. Los “teje y maneje” son mecanismos para hacer lobbys y business desde el Congreso, mejor que ni los aprendan. Sí hace falta un equipo de especialistas de primera, entre antiguos y nuevos, bien vigilados.

¿Y qué pasa si no se ponen de acuerdo, como es costumbre, y se pasa el tiempo sin que produzcan nada importante? Es un riesgo, pero de baja probabilidad si los que llegan son elegidos realmente por los ciudadanos y no provienen de la imposición de los partidos. Los entrampamientos siempre tienen detrás un interés subalterno para favorecer grupos, intereses, negociados o burlas al sistema judicial. Por eso, los elegidos deben tener una hoja de vida intachable. Eso descalifica automáticamente a la mayoría de partidos actuales; sin embargo, ya que ellos son los que pueden presentar candidatos, hay que presionar desde la calle para que conformen sus listas con personas honorables.

En general, las personas honorables no desean participar en política por obvias razones; sin embargo, prestar un servicio a la nación, por el plazo de un año, no es descabellado. En momentos como éste, el patriotismo puede florecer. El estado de ánimo colectivo es propicio para algo extraordinario. Venimos viviendo cosas extraordinarias, buenas y malas, todo este tiempo. Debe llevarnos a construir algo, por fin una República, antes del bicentenario.

¿Y en Arequipa? Tal vez sea una de las regiones más pobres en cuanto a liderazgos y representación, dada la emigración de sus élites y la fractura social que se refleja, por ejemplo, en el conflicto por Tía María. No obstante, hay otros factores positivos como la tradición cívica, el nivel educativo y cultural preponderante y los recursos naturales y turísticos que pueden hacernos avanzar hacia un desarrollo sustancial, no el fatuo que propugna la publicidad minera.

¿Acaso no podemos elaborar una lista de 20 nombres de personas confiables, de pensamiento diverso, comprometidas con la región y capaces de aportar al país? Lancemos nuestros candidatos y no dejemos esa tarea a los partidos políticos y movimientos que ya nos han demostrado su incapacidad. Se puede.

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