Un artículo inconstitucional

Sobre el volcán Juan Carlos Valdivia Cano

El artículo 50° de la Constitución peruana, señala que “dentro de un régimen de independencia y autonomía el Estado reconoce a la Iglesia como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú; y le presta su colaboración”. Agrega además que “el Estado respeta otras confesiones y puede establecer otras formas de colaboración con ellas”. Este último agregado se debe a que en Constituciones anteriores se declaraba expresamente al estado peruano como católico (es decir, confesional) con exclusión de todas las demás organizaciones religiosas.
Sin embargo, en la medida en que el gobierno peruano designaba a las autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica, ésta no tenía la autonomía de la que, literalmente, goza hoy de hecho, más confesional que nunca, a pesar de que el artículo 50, con una redacción menos brutalmente confesional, más sibilina, pero manteniendo en la práctica el mismo régimen confesional. El Estado resulta en igualdad política en relación a la iglesia católica, como un poder paralelo. El soberano no es el pueblo sino la asociación confesional entre el Estado y la Iglesia. “Dentro de un régimen de independencia y autonomía…”

artículo 50

Antes de empezar el comentario al artículo 50°, que desde ya consideramos inconstitucional y anti republicano en nuestra hipótesis, tenemos que recordar que en su texto la Constitución considera al Estado peruano como una República y eso significa que no es cualquier tipo de Estado sino un Estado que reviste características específicas, por el mismo hecho de llamarse República. En primer lugar, etimológicamente República quiere decir literalmente cosa de todos, lo cual no significa de la mayoría (ningún tipo de mayoría) sino todos. Y “todos” significa todos los peruanos y no solamente la mayoría de peruanos.

Por lo demás, como señala Ydalid Rojas, en su lúcido trabajo (“La posición jurídica del Estado peruano frente al ámbito religioso”, UNSA), “Es cierto que en un Estado democrático la mayoría decide, pero exclusivamente respecto al manejo y la forma de administrar el poder político concentrado en la figura política del Estado. Si recurrimos al sistema de la mayoría, lo hacemos para escoger a los ciudadanos que nos representarán (…) Sin embargo, cuando de atribución de derechos se trata, no es posible otorgar más o menos derechos en función al criterio de la mayoría” (…) La atribución de derechos no se puede dar en atención a criterios porcentuales…”

Otra característica del estado republicano es que se trata de un estado laico, democrático y social. Dejemos por un momento lo “democrático y social” y detengámonos en lo de “Estado laico”. A partir del principio de laicidad, componente fundamental de dicho Estado, el Estado es o debe ser neutral frente a cualquier iglesia, religión o ideología no religiosa. Esto provienen de la separación republicana de los asuntos eclesiástico y los asuntos jurídico estatales; al Cesar lo que es del Cesar… La neutralidad implica que el estado no favorece, ni privilegia, ni colabora, ni persigue, combate, reprime o molesta a ninguna institución religiosa o ideológica.
Lo único que puede y debe hacer un estado laico, como es teórica o formalmente el nuestro, es garantizar que las diferentes instituciones religiosas o ideológicas, puedan ejercer su derecho a practicar su religión, sus diversos cultos, mitos o ceremonias, sin que haya impedimento, oposición o violencia contra ellas. Es el Estado el que debe garantizar que cada iglesia y cada religión puedan expresar libremente sus creencias y organizarse de la forma más conveniente según sus finalidades o intereses, pero sin tocar los derechos fundamentales.

Sin embargo, a pesar de que el Perú es una República es decir un estado laico, el artículo 50° de la Constitución, privilegia una de ellas al disponer la colaboración con la iglesia católica y al favorecerla de diversas maneras (1). Al hacerlo está violando también, además del principio republicano de laicidad, el principio de igualdad ante el derecho; ya que al privilegiar o favorecer exclusivamente a dicha institución, está discriminando a todas las demás iglesias organizadas y todas a las instituciones ideológicas, lo cual hace doblemente inconstitucional este artículo de la Constitución. “Asignaciones económicas para el personal eclesiástico y civil al servicio de la Iglesia Católica, el financiamiento de la construcción de parroquias y colegios católicos, estable-cimiento de un régimen de exoneraciones y beneficios tributarios, el derecho de enseñar el curso de religión católica, como materia ordinaria en los centros educativos estatales”.

En la práctica, aunque los términos sean ambiguos en el artículo 50°, podemos constatar que esta colaboración se hace efectiva de manera muy nítida a través de exoneraciones de impuestos para la iglesia católica sueldos a los miembros, empezando por el Cardenal que tiene sueldo de ministro, representantes y trabajadores de la iglesia católica; la entrega de la educación primaria, secundaria a organizaciones católicas, sin ninguna razón, sin ningún fundamento jurídico que justifique estos privilegios, que se supone se han superado en el paso de la edad media a la organización republicana del Estado a partir de la Revolución Francesa o de la Revolución Política Moderna en general.

La seudo justificación para la violación del principio republicano y del principio de igualdad, mediante el artículo 50°, es que la iglesia católica es un “elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú”. Frente a esto planteamos dos objeciones puntuales: si de reconocimientos se trata tendría que hacerse exactamente lo mismo, por las mismas razones o por equidad, con toda institución o toda persona que se pueda considerar igualmente “un elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú”, como por ejemplo la cultura andina, o Cesar Vallejo, José Carlos Mariátegui, Jorge Basadre, etc. que también son innegables “elementos importantes en la formación histórica, cultural y moral del Perú”. Y “contribuyeron mejor quizá que la Iglesia Católica a la democratización y modernización del país (…) La carta magna que contiene el pacto de la organización y el reconocimiento y tutela de los derechos humanos nada tiene que ver con espaldarazos históricos”. (Id) No es un documento de reconocimientos y no debe serlo, aun cuando fueran verdaderos o bien fundados. Y a todo esto habría que preguntar si de verdad la Iglesia ha contribuido con la democratización del Perú, o ha impedido más bien que se implanten los valores democráticos, liberales y republicanos.

Pero, además, sabemos que sobre la Iglesia pesan serios cuestionamientos que hacen muy discutible ese aporte cultural y moral que se alude; mientras que con respecto a los personajes que hemos citado y otros más no hay la menor duda que son “elementos importantes en la formación histórica, cultural y moral del Perú”. Sin embargo, no se mencionan ni reconocen sus nombres en la Constitución, lo que demuestra la intención de favorecer exclusivamente a la iglesia católica por razones de poder, como se puede demostrar por la forma como fue aprobado ese artículo 50 Morales Bermúdez.

Si se considera que la iglesia católica “es un elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú” y examinamos la trayectoria de la iglesia y el papel que ha jugado en la educación peruana y, en consecuencia, sus resultados hasta el día de hoy, ¿se puede considerar que ese aporte haya sido positivo? Lo que queremos decir es que estamos de acuerdo con que la iglesia católica es, de lejos, el elemento de más peso en la formación histórica, cultural y moral del Perú, es decir, en la educación de todas las capas sociales peruanas. No hay ninguna otra institución que haya influido tanto a este respecto, se trata de una influencia verdaderamente abrumadora en la educación peruana, solo que, desde nuestro punto de vista, esta influencia ha sido más bien negativa, como se puede ver por los resultados de dicha educación en los ciudadanos peruanos el día de hoy, que son verdaderamente calamitosos. Y no hablamos solo de educación oficial o académica.

Si la educación peruana es mala, si el Perú está en los últimos lugares, en educación en América Latina, tenemos que preguntarnos quien, quiénes o qué instituciones han sido las decisivas para explicar la situación educativa por la que pasa nuestra educación en este momento, una educación dogmatizante, acrítica, autoritaria, tediosa que no enseña a pensar sino a repetir. Creemos que la respuesta a esa pregunta es obvia, no hay nadie que haya influido más en la educación peruana, individuo, grupo o institución que la Iglesia católica.

Además, como ya insinuamos, tenemos que tener en cuenta la situación en la que se encuentra la institución católica en este momento, empezando por los abundantes casos de pedófilos y abusadores sexuales de jóvenes y adolescentes, que se prolonga retroactivamente por muchos años y probablemente siglos. En lugar de ser sancionados por su misma institución, han sido protegidos de manera evidente, clara y decidida por ella, como ha ocurrido con los representantes o directivos más importantes de la organización Sodálite, que ha causado alarma en algunos peruanos y un silencio cómplice en la mayoría, y ha provocado la publicación del libro “Monjes y Soldados” de Pedro Salinas y Paola Ugaz, donde se dan abundantes pruebas y testimonios de esos graves abusos que se dan en el mundo católico y que están lejos de ser recientes, aunque si lo sean sus denuncias. ¿Se puede pensar que ese elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú es positivo? Importante, decisivo, determinante sí, pero ¿positivo?

¿Cómo se puede decir, como lo hace el artículo 50 de la Constitución peruana, que la iglesia católica ha sido un elemento positivo en la formación histórica, cultural y moral del Perú, cuando a la luz de la realidad y de los hechos vemos que es exactamente lo contrario? La corrupción, la podredumbre, la mediocridad, la trafa y la mentira hace rato que se han socializado en el Perú y han penetrado todos los rincones de esta anómica república bamba. Esta es la situación educativa realmente existente ¿Cuál es la causa determinante de este estado de cosas educativo? El adjetivo “histórico” además tiene una connotación claramente apologética y si seguimos en el problema de la mala calidad de la educación, que es el problema más importante de la sociedad peruana, tenemos que recordar que, si tenemos problemas, es porque la visión educativa no ha cambiado en absoluto para la mayoría de peruanos en el paso de la colonia a la República porque la sociedad misma nunca cambió.

Sigue el mismo modelo, la misma visión educativa, la misma concepción de la educación que nosotros llamamos escolástica, que es la expresión educativa del catolicismo, pre republicano cien por ciento, que educa en la sumisión, la repetición, el memorismo, la mentalidad acrítica y dogmática; que no educa para pensar o reflexionar sino para obedecer y nada más que obedecer.

En la segunda parte del artículo que dice que “el Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ellas”. Se hace el intento de hacer creer que hay un igual trato a la iglesia católica, con respecto a las demás iglesias. Sin embargo, el primer párrafo del artículo en comento demuestra que no. Si bien este artículo comienza declarando que “dentro de un régimen de independencia y autonomía…”, en la práctica la autonomía e independencia solo favorece a la iglesia católica, que interviene en asuntos jurídicos y estatales cuando se le antoja, con la anuencia de la mayoría, a través de sus representantes y autoridades. Se le ha hecho un enorme favor, se ha elaborado este artículo pensando en el Estado y el derecho peruano y mucho menos en los peruanos… sino en dicha institución y sólo en ella y sus poderosos intereses.

Insistimos en que reconocer a una institución constitucionalmente no solamente no se estila, sino que no es necesario ni propio del papel de la Constitución, ni en su función orgánica ni en su reconocimiento de los derechos fundamentales, máxime cuando este tipo de reconocimientos culturales cae en la discriminación anti republicana y en la inconstitucionalidad. Y no dice una verdad sino una tremenda mentira.

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