Buscando a Nemo II

Quinta Columna Alfredo Quintanilla

Ningún analista serio se atreve a lanzar un pronóstico sobre los resultados de las elecciones de enero, habida cuenta del nuevo fracaso de las encuestas británicas –instrumento básico para los politólogos- que no previeron la profunda derrota de los laboristas la semana pasada. Las ciencias sociales tratan de entender las olas de simpatías y antipatías que generan determinadas ideas o líderes, pero los cambios bruscos de comportamiento como los estallidos de la ira popular, aún en casos de sociedades bien estructuradas como la chilena o la francesa, siguen siendo un misterio.

elecciones 2020

La indiferencia que ha seguido a la euforia del cierre del Congreso, se debe, en parte, al conocerse la relación de candidatos para las elecciones del 26 de enero.[1] Ya se sabe por qué la oferta es pobre. Pues, porque proviene de un sistema de partidos que es un remedo de clubes de opinantes y lobbystas, incapaces de hacer una elección interna para escoger a sus mejores representantes. Como son dependientes del dinero clandestino de donantes que se han agazapado en esta coyuntura, la competencia ahora se tornaría más real que ficticia, a diferencia del pasado.

En el papel, al menos, los partidos protagonistas del malogrado Congreso que fuera cerrado el 30 de setiembre, debieran cosechar si no la censura, al menos la indiferencia del respetable, pero las encuestas están demostrando que siguen manteniendo su hinchada, por encima de los partidos que estuvieron fuera del Parlamento, lo que ha hecho afirmar a algunos con pesimismo, que el nuevo puede ser muy parecido al anterior. Si eso sucediera, el empate político que nos llevó a la crisis se mantendría, hasta próximo aviso.

Una explicación para la persistencia de los partidos sancionados en la preferencia de los encuestados es que éstos prefieren a los que se han establecido como “marcas” en la memoria colectiva, ya sea por sus líderes, su discurso o su tradición. Pero, he aquí que el Estudio de Opinión del mes de diciembre del Instituto de Estudios Peruanos, nos informa que entre los ciudadanos de bajos ingresos, el 53% dice fijarse primero en un candidato y sólo el 31% en un partido y entre los de altos ingresos el 48% y el 40%, respectivamente. No ha faltado quien repare en la disonancia cognitiva de esos encuestados que se probaría en el caso del partido que encabeza las encuestas con candidatos perfectamente anónimos, donde es claro que “la marca” se impondría sobre el candidato.

Abona a la indiferencia de la gran mayoría el hecho de que la elección sea vista como un “relleno” sin importancia, por el breve plazo en que actuará el nuevo Congreso, lo que puede ocasionar una mayor cantidad de ausentes y de votos nulos o blancos.[2] Además, está prohibida la publicidad en los grandes medios, salvo la que contrate la ONPE para todas las candidaturas. Sin embargo, son las minorías que tienen claras sus simpatías las que terminarán por generar corrientes de opinión que luego crecerán, arrastrando a los indecisos.

Tal como van las cosas y visto que no estamos en la sociedad ficticia creada por José Saramago en su novela “Ensayo sobre la Lucidez”, donde los electores se cansan del elenco estable de políticos y les dan una patada en el trasero con un masivo voto en blanco; una forma de mejorar la oferta de políticos para representantes o gobernantes es efectuando una depuración a fondo que elimine a los partidos-cascarones-vientres de alquiler. De acuerdo con la Ley N° 30998 aprobada en agosto, en las elecciones primarias abiertas para elegir a los candidatos de los partidos, organizadas por la ONPE hacia octubre del 2020, un partido para no ser eliminado del Registro deberá obtener el voto de, al menos, 283,000 ciudadanos, con lo cual la depuración se haría efectiva. Pero esa fecha está muy distante y dependerá del nuevo Congreso si esa ley se mantiene o es modificada.

***

[1] Hay que recordar que, en las tres últimas elecciones, al menos una cuarta parte de los electores de Lima Metropolitana, han votado nulo o en blanco a la hora de escoger a un congresista.

[2] Otra elección considerada “de relleno” y sin importancia fue la que se hizo en noviembre del 2013 para reemplazar a los regidores de la Municipalidad de Lima Metropolitana que habían sido revocados n la consulta de marzo. En ella hubo un 19% de ausentes y, entre los votantes, el 23% optó por el voto nulo y/o blanco. Pero en las elecciones de congresistas del 2016 los votos nulos y blancos en Lima Metropolitana se elevaron al 33.34%, con un ausentismo del 18.2%.

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