Buscando a Nemo I

Quinta Columna Alfredo Quintanilla

Damas y caballeros vecinos de la ciudad capital, el entusiasmo está que raya: 60% de encuestados no sabe, no opina, no le interesa, votará en blanco o nulo el próximo 26 de enero. Pero los 756 sufridos candidatos[1] sólo se fijan en la letra chica, allí donde las exiguas cifras les prometen ganarse alguito en esta gran urbe que cuenta con cerca de 7 millones de electores que van a decidir sobre la elección del 28% de los nuevos congresistas.

candidatos

La satisfacción por el cierre del Congreso no parece haberse trocado en entusiasmo para reemplazarlo por gente capaz, honesta y con deseos de aprovechar el corto plazo de su actuación para introducir los cambios urgentes que necesitan nuestra economía y nuestra política. No, qué va.

La falta de entusiasmo puede atribuirse, entre otras causas, a la decepcionante oferta de candidatos (con las excepciones de rigor, se sobreentiende) que nos ha sido presentada. No han faltado los eternos precandidatos -que gozan de cartel y prestigio entre amigos y conocidos- que, al momento de decidirse, se acobardaron con el consabido cuento de guardarse para las elecciones del 2021, como si tuvieran un carácter mágico, y ellos un carisma despampanante.

La otra causa, más bien, estructural, como dirían los sociólogos, reside en un hecho sedimentado a lo largo de varias décadas: el Latinobarómetro indica que los peruanos somos los que menos confiamos en los partidos políticos: sólo un 7.5% de los encuestados. Más aún, ya sea por la costumbre bien nacional de dejar todo para resolverlo a última hora, o por falta de interés en la cosa pública, un estudio del JNE del año 2011 reveló que una semana antes de una elección el 39% no tenía decidido su voto y, que el 22% del total se decidía el mismo día de la jornada electoral.

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Entonces, he aquí que los electores de Lima dudan entre atender a la tradición que manda “más vale lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer”; o prestan oídos al grito de combate de González Prada: “¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”

Si tomamos en cuenta la tesis del francés Maurice Duverger, una autoridad en el estudio científico de los partidos políticos, en el sentido que los electores de un país a la hora de votar prefieren los partidos-marcas, (resultado de liderazgos, tradiciones e imágenes) por encima de las cualidades o defectos de los candidatos, convendremos en que sólo unos nueve de los 24 partidos inscritos tendrían asentado el carácter de “marca” en el imaginario popular.  Por tanto, ellos parten con ventaja en la carrera electoral.

Ahora bien, como la nueva legislación electoral, en su afán de igualar la cancha entre adversarios, prohíbe que partidos y candidatos contraten publicidad en radio y televisión, la campaña se convertirá, para el elector común y silvestre, en una aventura, como buscar al pequeño y díscolo Nemo en la mar tormentosa de nuestra política criolla.

Pensando en Duverger nueve partidos tendrían probabilidades de ser beneficiados por la  ciudadanía dada su antigüedad, su marca/símbolo asentados y su presencia en la escena política: Apra, Acción Popular, PPC, Somos Perú, Solidaridad Nacional, Frepap, Fuerza Popular y el Frente Amplio.

Buscando a Nemo, he repasado lo que nos ofrecen esos partidos, en particular, la información de seis candidatos, los primeros cinco y el último (que representan el 17% de los candidatos) y que tienen mayores probabilidades de ser favorecidos por el voto preferencial de los electores, analizando algunos indicadores: experiencia parlamentaria, experiencia de gestión gubernamental, nivel de estudios, profesión u oficio, presencia femenina, empleo actual y nivel de ingresos.

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Antes que nada, un dato sorprendente que tiene que ver con la crisis de representatividad y la manera cómo tratan de salir de ella: sólo tres de los 21 partidos en carrera han tenido la lista llena de militantes en sus listas Apra (sólo un invitado), Acción Popular y Frepap, el del pescadito. Un cuarto de la lista del Partido Morado es de invitados no afiliados; un tercio lo son en las listas del PPC y de Somos. El resto de partidos tienen más de la mitad de no afiliados, incluyendo el extraño caso (casi fantasmal) de Fuerza Popular, en cuya lista sólo figura un afiliado, que no es quien la encabeza, aunque no lo crean.

Volviendo sobre los nueve beneficiados por su antigüedad y presencia en la escena nacional, habría que decir que todos, salvo Acción Popular y el Frepap, llevan al menos a un ex parlamentario entre los seis candidatos seleccionados, siendo la de Solidaridad la que lleva más: cuatro. Tratándose de una elección congresal, la experiencia en estas lides, para algunos, mejora la vitrina y el futuro desempeño.

En cuanto a si los candidatos tienen experiencia de gestión gubernamental en cualquiera de sus niveles, resulta un requisito deseable para que los nuevos congresistas tengan una idea clara de cómo se define una política pública que sea factible y eficaz, más allá de las buenas intenciones que muestren los discursos de campaña. En este terreno las ventajas las llevan el PPC y Alianza para el Progreso-APP con tres de sus seis candidatos. En cambio, el APRA, Frepap y Fuerza Popular, no tienen ninguno con experiencia de gestión pública, que no es lo mismo que gestionar una empresa privada, como ya lo demostró el fracaso del finado Julio Favre al mando del FORSUR.

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El nivel de estudios alcanzado por los candidatos constituye para algunos, garantía de capacidad, pero para otros, no tanto. Ya hemos visto demasiados doctores cometiendo latrocinio, pero irse al otro extremo tampoco parece aconsejable. De los 54 candidatos revisados, 22 son abogados y ocho son economistas, administradores o contadores. Son contados con los dedos de una mano los que no han pasado por una universidad, aunque sí por la “universidad de la vida”, como el cabeza de lista del Frente Amplio, quien estuvo en la Constituyente del 78 y luego fue senador.

La presencia de la mujer en estas lides es necesaria, no sólo porque sea políticamente correcto. De las 21 listas presentadas cinco están encabezadas por mujeres y no precisamente por feministas: Avanza País, el Frepap, las excongresistas de Solidaridad y Fuerza Popular, y la desconocida abogada de Acción Popular, cuya elección o no, pondrá a prueba la tesis de Duverger.

Finalmente, las nueve listas tienen entre sus lugares privilegiados a emprendedores o profesionales independientes, pero, a su vez, todas tienen un candidato sin empleo o fuente de ingresos conocida. ¿Acaso están buscando empleo en el Congreso? A especular se ha dicho…

[1]  Eran 72 más, pero el JEE declaró improcedente la inscripción de las dos listas que presentó el desconocido partido Todos por el Perú. El hecho se repitió en otros once distritos electorales, lo que prueba que no existió ningún tipo de elección interna. Pero hasta el momento no ha recibido ninguna sanción.

(Publicado en Noticias Ser)

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