Keiko, omnipresente

La columna Mabel Cáceres Calderón

Un segundo pedido de prisión preventiva para Keiko Fujimori está en debate y pone a prueba al sistema judicial y a la sociedad peruana. Pues, pese a lo que muchos desearían, Keiko Fujimori Higuchi ha sido la figura política de mayor gravitación en la última década en el país, aunque no tenga otro mérito que llevar el apellido del expresidente en cuyo gobierno se produjeron los mayores actos de corrupción, objetivamente.

A punto de alcanzar la presidencia en dos oportunidades, sus dotes intelectuales, más que dudosas, obligan a reconocerle una habilidad política fuera de lo común.

Por algo saboreó el poder desde adolescente y se convirtió en el destino de los flashes periodísticos desde que ejerció el cargo de primera dama, a costa de la expulsión de palacio de gobierno de su propia madre.

Quien sabe, de manera involuntaria, terminó concentrando en su figura y en el partido que preside, Fuerza Popular, lo peor del ejercicio político, de la búsqueda del poder y de su abuso en función de intereses ligados a actividades delictivas. No es la única, por supuesto, el extinto Alan García pudo haber sido su maestro y otros políticos como Alejandro Toledo, también nos avergüenzan como nación; pero el caso de FP es simbólico.

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Pese a todo, mantuvo el favor popular, expresado en las urnas, todo este tiempo. Y hoy, cuando la mayor parte de sus mentiras se han puesto en evidencia, no sería extraño que intente una nueva postulación. E incluso, tenga una considerable representación congresal en las próximas elecciones de enero.

La pregunta es entonces, ¿qué nos pasa a los peruanos?, ¿cómo es posible tanta desinformación o tanto cinismo? Han pasado 20 años desde que se develó la corrupción fujimontesinista en toda su repulsiva dimensión. Keiko Fujimori nunca deslindó de esos actos ni de su padre, calificando los hechos de “errores”. Ya se ha demostrado hasta el hartazgo la recepción de dinero del SIN para pagar su estadía y estudios en los Estados Unidos, igual que la de sus hermanos. Los tíos están fugados en el Japón desde los 90s, acusados de enriquecerse mediante las donaciones solicitadas en ese país para los pobres del Perú, mientras Keiko vivió por muchos años en la casa de una de las tías.

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Para no seguir con la extensa lista de incriminaciones, me referiré solo a las últimas comprobaciones realizadas por el equipo especial de fiscales Lava Jato, los enemigos n° 1 del fujimorismo.

«a pocos importó el fraude de la supuesta huelga de hambre de Mark Vito, cuyo proceso de engorde fue transmitido en vivo por la televisión nacional «

El tantas veces negado aporte millonario de Odebrecht fue comprobado, así como las donaciones de campaña por parte del Banco de Crédito, el grupo Gloria, la Confiep, entre otros grandes empresarios que entregaron dinero en efectivo, dentro de maletines, exactamente como en las escenas de El Padrino. También ha sido demostrado el intento de lavado de dinero a través del llamado “pitufeo” de los aportes a Fuerza Popular. Los supuestos aportantes, que no tienen donde caerse muertos, han sido amenazados y coaccionados para no declarar y todos los abogados de la ya identificada “señora K” están involucrados en actos delictivos.

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Se ha demostrado también que esta señora K estuvo detrás de la protección a Chávarry, del deslacrado de oficinas con pruebas, de la protección a Hinojosa y de sus tratos con la organización “Los cuellos blancos del puerto”. Además de la aprobación u obstrucción de normas legales que favorecen a grandes grupos económicos que estaban entre sus aportantes, para perjuicio de la clase popular de la que, paradójicamente, viene su fuerza.

A pesar que ya no hay excusas ni pretextos, ni falacias, ni fakes que se puedan inventar para defender a la señora K, es posible que aún esté lejana su expectoración de la política peruana y, menos aún, de los medios de comunicación limeños.

Desde que, a pocos importó el fraude de la supuesta huelga de hambre de Mark Vito, cuyo proceso de engorde fue transmitido en vivo por la televisión nacional, sin un ápice de crítica, estamos perdidos y en manos de la señora K.

A menos que la justicia no se deje torcer la mano, esta vez.

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