“Los empedernidos” de Jhonatan Segura

Columna de letras Jorge Monteza

Jhonatan Segura se dio a conocer en nuestro medio como fotógrafo y poeta. En septiembre de este año publicó “Los Empedernidos” (Aleteya, 2019). Este es ­–hay que decirlo– un inusitado libro de relatos; porque son raros los casos de poetas cuyas producciones prosaicas son también afortunadas. Este libro revela a un narrador potente y es, sin ánimo de exagerar, la revelación del 2019.

En cada uno de sus cuentos se puede apreciar un lenguaje bien cuidado, a momentos con destellos de frases muy lúcidas. Pero sin lugar a dudas sus principales méritos narrativos son el efecto sorpresa y unidad conceptual. Lo habitual en las publicaciones locales, especialmente en las óperas primas, es presentar una colección de relatos que no guardan un concepto transversal necesariamente. “Los empedernidos” es de esas pocas excepciones.

Los hilos con los que se tejen estas historias, por decirlo de esta forma, son el dolor, el amor, la rabia, la esperanza y el deseo. Sentimientos que laten en la propia carne de los personajes y se transmiten, con estremecedora eficiencia, al lector. El cuerpo como un sensor de un mundo caótico, inexorable y deleznable es una figura recurrente. La narración a momentos es poéticamente visceral, mientras que otras veces cuidadosamente calibrada. Cada cuento es sorprendente y circular como la vida de sus personajes.

Estos relatos son, en buena cuenta, una mirada cruda y fascinante, realista y celebratoria de una condición humana ineludible: el cuerpo. Más precisamente, son un sacudón a la siempre pretensiosa vanidad del ego humano. Nos recuerda que ante todo somos un amasijo de carne y huesos que siempre pueden sufrir dolor y sentir placer.

En el cuento “La carnicera del Mustang rojo”, una mujer en un acto de terrible venganza le cercena el pene su marido y se lo lleva consigo mientras conduce su auto. Así, otra característica de estos relatos es la intervención de lo fantástico. La mujer termina conversando y luego interactuando con el miembro mutilado. Luego, se desprende de su anillo de bodas y allí comienza una nueva historia.

Un chico y una chica, púberes, amigos desde la infancia, están conversando en una estancia de la casa, un día de verano, extremadamente caluroso, por lo que se desprenden de las ropas hasta quedar solo en interiores. Entonces, sus cuerpos les revelan algo aparentemente nuevo y aparentemente siempre presente en ellos. Este es, por las descripciones y la tremenda capacidad de sugerencia que el autor logra, un excelente relato de erotismo, por la sensualidad y la tensión que van creciendo en cada línea del cuento.

 “El hombre bomba en la ciudad blanca & co.”, probablemente sea el relato más logrado. Un hombre “apestado” en la “ciudad blanca”, en una zona de lujo y confort, luego se convertirá en un hombre “bomba”. Es un relato de carácter social con ingredientes hiperbólicos y bizarros.

Así, podríamos hablar de una poética del cuerpo como piedra angular de este libro, pero eso sería reducir su campo. Hay también otro componente fundamental, de carácter filosófico, en este texto: la idea del eterno retorno, el concepto de la circularidad en la vida e incluso en los aparentes azares de esta. Ese es el concepto unitario del libro. “El silencio lacra un nuevo ciclo para abrir otro”, dice uno de sus personajes. Aunque por momentos el lenguaje de este libro, de raigambre poética, desacelera ligeramente el ritmo, logra ser un lenguaje prosaico original. Por último, “Los empedernidos” es un libro para lectores empedernidos.

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