El desempeño electoral de las izquierdas

Quinta Columna Alfredo Quintanilla

Los 2.5 millones de votos que recibieron las cuatro listas parlamentarias de las izquierdas, que equivalen al 18.2% del total de votos válidos[1], tienen un significado ambiguo. Por un lado, premian la ejecutoria anticorrupción de los parlamentarios del Frente Amplio en el Congreso cerrado y confirma el potencial de su discurso contra el modelo neoliberal, pero por otro lado, significa el respaldo de sólo una décima parte del electorado y reafirma, para muchos, la idea de que el principal problema por el que la gente no escoge a las izquierdas es por la escasa voluntad unitaria que observa en sus dirigentes.

Foto: El Comercio

Sin embargo, si se analiza los resultados en cada uno de los distritos electorales, el archipiélago izquierdista se muestra como la primera fuerza electoral en cinco: Amazonas (con el 20.4% de votos válidos del FA), Apurímac (18.3% del FA), Cusco (12.6% con DD), Junín (11.3% de PL) y Lambayeque (11.5% de JP). En el 2016 en esos mismos distritos el FA obtuvo el 12.5%; el 39.2%; el 32.1%; el 15.8% y el 8.8%, respectivamente, y ganó en siete distritos: Apurímac, Cajamarca (con DD), Cusco, Huancavelica, Puno y Tacna. Esta vez es segunda fuerza en el Callao (8.6% de PL); en Huancavelica (12.5% con DD); y en Puno (con 14.1% de FA). La dispersión demuestra que los liderazgos nacionales izquierdistas han sufrido mella, y en particular, el de Verónika Mendoza, cuya participación no parece haber ayudado a los candidatos de Juntos por el Perú en las zonas que visitó.

Si bien el cambio de nombre y logo puede haber afectado a los candidatos de Nuevo Perú, como la falta de recursos para una campaña a gran escala; puede ser que el problema principal haya estado en la mente de los voluntarios de esa y las otras listas que sostuvieron la campaña. ¿Acaso han sentido que se traiciona el ideal revolucionario cada vez que se participa en una elección, como pensaban los militantes de Izquierda Unida hace una generación? Educados en la denuncia de la falsedad de la democracia burguesa, de la inutilidad del “establo parlamentario”;  y en la importancia de la lucha callejera, los izquierdistas de base vacilaban tremendamente a la hora de afrontar la lucha política y, en particular, la competencia electoral con liberales, populistas y fascistas. ¿Cuánto de eso se ha transmitido a la nueva generación?

El simpatizante que se entrega en la lucha huelguística o en las tomas de carreteras, trabaja a media máquina en las campañas, para no ser tildado de “electorero”; o, más grave aún, de “caviar”.[2] Ese adjetivo infame impuesto por el nieto del Amauta, ha desecho en pocos años el puente necesario entre intelectuales y obreros y campesinos; que tanto esfuerzo y décadas les tomó a González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre para sacar adelante al Perú. ¿Cuántos jóvenes izquierdistas, han caído en el antiintelectualismo, atrapados en su celular, y no dedican el tiempo a la lectura que dedicó la generación anterior? ¿O les basta con leer el semanario del liberal Hildebrandt como orientación política?

La relación entre reforma y revolución, así como la llamada “cuestión democrática”, siguen siendo temas cruciales para la definición de la acción política de quienes se reclaman socialistas. Parece que no se ha estudiado a profundidad la compleja formulación de Piero Gobetti que el Amauta Mariátegui asume con “amorosa asonancia” en uno de sus Siete Ensayos: “El realista  sabe que la historia es un reformismo; pero también que el proceso reformístico, en vez de reducirse a una diplomacia de iniciados, es producto de los individuos en cuanto operen como revolucionarios…”[3]

Pero no hay que desahuciar al paciente izquierdista antes de tiempo. Desde la transición democrática, los simpatizantes y votantes de las izquierdas han mostrado su realismo político (a veces sin la venia de la dirigencia), al apoyar a Toledo contra Alan García; a Humala contra García, salvo en los casos del apoyo a Humala contra Keiko y, finalmente; a PPK contra Keiko, en los que un sector importante de dirigentes tomaron decisiones sensatas aunque arriesgadas. Los observadores dicen que se trata de un realismo más cercano a la praxis de Pepe Mujica y los extupamaros, que al ejercicio de la supuesta dictadura proletaria de los Maduros y Ortegas, masacradores de sus pueblos.

Ese mismo mito revolucionario puede generar un problema político adicional al ver que sus candidatos han sido sobrepasados por la votación de Unión por el Perú-Frente Patriótico; que ha conseguido trece escaños.  El respaldo a la estridencia del discurso incendiario de Antauro Humala expresa la protesta, la impaciencia y hasta la rabia de sectores populares, particularmente del centro-sur andino; contra el elenco estable de políticos que han visto desfilar por el gobierno y Congreso, demagogos que rápidamente traicionaron los programas de cambio prometidos. Pero, como toda reacción emocional, lo más probable es que sea pasajera. El realismo (o la eficacia) en política empieza por las propuestas económicas y, tal como ha demostrado Pedro Francke, para espantar a las simpatías ultras, el antaurismo no tiene ninguna.

Más allá de lo que prefieran la razón y los intelectuales, este año político probablemente no sea el de las reformas; sino más bien el del acomodo para la carrera presidencial que empezará en octubre. En esa las derechas tienen más problemas que las izquierdas. Si bien en la bancada del Frente Amplio puede haber la tentación de acercarse al antaurismo[4]; Javier Mujica advierte otra: la de regalar prematuramente a la derecha los puentes hacia el FREPAP. Ojalá persistan en buscar un camino propio que le viene cuesta arriba, sin la rabia contra la que nos advirtió Arguedas en su “Último Diario”. Hay que persuadir a los electores de la importancia vital de la lucha contra la corrupción para el futuro del Perú.

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[1] Como Juntos por el Perú, Democracia Directa y Perú Libre no lograron superar la valla del 5% de votos válidos; sólo habrá nueve congresistas del Frente Amplio, menos de la mitad de los que obtuvo en el 2016. Su líder, Fernández Chacón ha tenido 115 mil votos preferenciales, más que los candidatos mejor votados de Acción Popular; de Alianza para el Progreso; del FREPAP; de la UPP; y de Somos Perú.

[2] Sorprende comprobar que cuajados dirigentes de izquierda desconocen cómo funciona el procedimiento matemático de la cifra repartidora. Defecto que no tiene, por supuesto, la cantante-candidata, a la que hace unos años le gustaba el sabor de la pólvora y la dinamita.

[3] Mariátegui, JC Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Ed. Amauta, Lima 1992, p. 229

[4] Ya Fernández Chacón ha calificado a su líder de “preso político”, sin que le cause resquemor que éste haya calificado al cuestionado excontralor Alarcón; hoy flamante congresista UPP por Arequipa, como “un verdadero patriota”.

(Publicado en Noticias Ser)

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