Ensayo sobre la pandemia

La columna Mabel Cáceres Calderón

Pese a la situación de emergencia que se vive en el mundo, en el Perú seguimos pensando en pequeño. Además de la falta de solidaridad con las personas vulnerables, un alto porcentaje de llamadas al 113 es para burlarse de las telefonistas. Los políticos que fueron expulsados del Congreso aprovechan para atacar al gobierno; y las personas van en masa a arrasar con los víveres y el papel higiénico, sin pensar en los demás.

Portada de «Ensayo sobre la ceguera», edición de Alfaguara

Por su lado, los hospitales se ven expuestos en su miserable estado. Los profesionales de Salud, en muchos casos nobles y con vocación de servicio, contrastan con la vileza de quienes se robaron insumos, traficaron con la adquisición de equipos, son negligentes con su cuidado; o aprovechan las emergencias como ésta para lucrar.

Ahora pues, se hará evidente la madera de que estamos hechos; cada uno, en su hogar, su trabajo, su ciudad. Algunos han mencionado, a propósito de lo visto en estos días, el notable «Ensayo sobre la ceguera» del laureado José Saramago. Esa obra conmovedora que explora sobre la condición humana, su miseria y nobleza en momentos de escasez, peligro y pánico. Esa prueba de fuego ha llegado para los peruanos.

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De salir airosos, estoy segura que nuestra sociedad no volverá a ser la misma. El mundo, tal como lo conocimos antes de esta crisis, no será el mismo; pero eso no significa que será necesariamente mejor. En estas circunstancias, estamos ante un parteaguas en el que la humanidad debe optar.

O actuamos de forma solidaria y responsable, o haremos de este mundo el reino del egoísmo, la angurria, la indiferencia o la ruindad. Esta es, sobretodo, una prueba moral para los humanos, ciudadanos del mundo entero.

Hablando del Perú, en esta hora crítica, podemos dar el salto hacia una sociedad civilizada; o tal vez preferiremos burlar los controles, acaparar comida, subir los precios indiscriminadamente, desoír los consejos profesionales, agredirnos e involucionar, como ya ocurrió en momentos claves de nuestra historia. Gracias a la mezquindad y pequeñez de algunos peruanos, retrasamos la independencia, retrasamos la liberación de los esclavos, perdimos la guerra con Chile en medio de disputas fratricidas y desperdiciamos las oportunidades de sacar de la pobreza a millones de peruanos.

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Que ésta no sea una nueva derrota, por nuestra propia mano.

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